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[Crónica] Incubus en Barcelona (Razzmatazz, 26 de agosto de 2018)

incubus barcelona

Al menos hasta ahora, Incubus era un ser anfibio. Una suerte de anaconda verde del Amazonas, capaz de moverse raudamente en las cuencas del Alto Paraná brasileiro. Pese a su gran envergadura, las condiciones anatómicas del Eunectes Murinus permitían al espécimen librar (y ganar) múltiples batallas tanto dentro como fuera del líquido vital. No importaba cuán duro era el combate; la boa constrictor no perecía en su intento de hincar el diente. Para ella apenas importaban las formas; únicamente valía el fin, el objetivo. Ya saben: el noble gesto de clavar banderas. Victoria por noqueo como jugo con el que alimentar su espíritu adrenalítico.

Ahora mismo estarán pensando que dicha comparación sea burda a más no poder. No se lo voy a negar: probablemente tengan razón. Aún y así en mi cabeza resulta inevitable realizar dicho símil. Incubus es uno de aquellos grupos que hasta ahora se habían sabido amoldar a un amplio abanico de formatos de directo. Los hemos visto ofrecer acústicos, semi acústicos y directos eléctricos en salas íntimas, teatros, pabellones y festivales, entre otros múltiples recintos. Y siempre, o prácticamente siempre, han cumplido de forma más o menos airosa con las expectativas depositadas por los fans. Con fallos mil y con zancadas realizadas en falso, cierto, pero con el ejercicio rutinario de llegar firmemente a la línea de meta.

El show orquestado este pasado fin de semana en Barcelona fue en la dirección de lo comentado en las últimas líneas. Incubus regresaron el pasado domingo a la ciudad condal con motivo de la promoción de “8”, disco editado por los californianos en 2017. Y pese a toparse de frente con varios obstáculos en el camino, Brandon Boyd y cía supieron llegar a tocar las teclas necesarias para reconquistar a la audiencia catalana.

Los músicos de Calabasas aprovecharon su paso por tierras catalanas para ejecutar un equilibrado setlist integrado, en gran medida, por buena parte de sus mayores hits, y aliñado, a su vez, por varias de las piezas más adictivas de su repertorio más reciente (‘State Of The Art’, ‘No Fun’). Parecía lógica era la no inclusión de ni un solo corte de “If Not Now, When?”; Incubus habían optado por aumentar la intensidad de su directo, por lo que incluso el tema más reposado del set (‘Love Hurts’) parecía estar lejos del cariz lánguido de canciones como el tema de apertura del LP o ‘Friends And Lovers’. Minimalismo al margen, los estadounidenses fueron a por todas incendiando puntualmente su show con GOMA-2 del calibre de ‘Megalomaniac’, ‘Circles’, ‘Anna Molly’, ‘Nice To Know You’ o ‘Pardon Me’, indiscutiblemente una de las interpretaciones de la velada.

Aunque, como ya he comentado anteriormente, no todo fue un camino de rosas para Incubus en la sala del Poble Nou. La sinergia entre los integrantes del conjunto fue, al menos en parte, un tanto inexistente, quedando lastrada por la pasividad mostrada por Mike Einziger. A diferencia de Kenney o Boyd, el guitarrista se mostró cero pasional en su labor escénica, llegando a ofrecer meros chispazos melódicos en las apenas dos horas que duró la actuación. Casualmente o no, otro de los conflictos del show pasó directamente por la sonoridad de su instrumento. En los momentos de convergencia rítmica entre el bajo y la guitarra, era esta última la que quedaba totalmente eclipsada por el sonido del otro artefacto. Este contratiempo, tan doloroso en un concierto como el de Razzmatazz, afectó sobremanera en la materialización de singles como ‘State Of The Art’ de “8” o  ‘Calgone’, entre otros.

Afortunadamente Incubus cuentan con un químico realmente único a la hora de desatascar cualquier tipo de situación conflictiva. Uno llamado Brandon, y apellidado Boyd. Porque resulta digno de elogio observar cómo el cantante del grupo continúa conservando aquella voz y aquel carisma que tanto nos encandiló en los noventa. El polifacético artista de Van Nuys se echó el grupo a la espalda en buena parte de la actuación, hilvanando gloriosos momentos al empastar vocalmente cortes como ‘A Kiss To Send Us Off’, ‘Privilege’ (con snippet incluido de la ya mítica ‘A Mundian To Bach Ke’ de Panjabi MC), ‘Echo’ o ‘Absolution Calling’. Sin olvidarnos tampoco de cómo el tipo rayó a la altura en covers de ardua factura, como son ‘Need You Tonight’ (INXS) o ‘Wicked Game’ de Chris Isaak.

Ni los continuos problemas de sonido, ni tampoco el efecto “kitsch” producido por las visuales proyectadas en pantalla (terribles, todo sea dicho) consiguieron enturbiar una comunión forjada a fuego entre el público y Boyd. Ese lazo, sólido donde los haya, fue el que nos invitó a gritar, al menos puntualmente y a pleno pulmón, himnos como ‘Pardon Me’ o ‘Love Hurts’. Ya sólo por eso: mission accomplished, Incubus. Nuestra más sincera enhorabuena, una vez más nos habéis vuelto a dar caza.

Fotografías: Montse Galeano
Texto: Pablo Porcar

 

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. Llevo ocho años escribiendo sobre música alternativa para esta web, y también colaboro puntualmente en la revista nacional Rockzone . Amante del folk, rock alternativo y el indie en general. Twitter | @pabloporcar

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