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[Crónica] King Gizzard & The Lizard Wizard en Barcelona (Razzmatazz, 19 de octubre de 2019)

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Visto desde la perspectiva de un mero espectador, el fenómeno “King Gizzard & The Lizard Wizard” se ha presentado, y aún se presenta, como un caso digno de ser estudiado en las mejores universidades del mundo. Originariamente su irrupción en escena nos llamó la atención por la prolífica tenacidad atesorada en pleno estallido mediático. Época “Nonagon Infinity”, “Flying Microtonal Banana”, etc… ¿Recuerdan? Ahora, ya pasada aquella racha de extasiante fulgor productivo, el conjunto australiano consigue encontrar otras formas con las que sorprender a su siempre acérrima fanbase. Una de ellas, quizás la más sonada, es la relativa a su implacable directo.

Lo de ayer en Barcelona (Razzmatazz) fue una prueba palpable de que estos chicos, en términos escénicos, son indomables hasta el extremo. Pasión, pasión y más pasión se desprende en una engoriladora actuación que, sorpresa, juega con una asimetría estructural de lo más atractiva. Quizás fuese por el rollo de “estamos de fin de gira”, o quizás no (se había repetido un experimento similar en el actual tour europeo), pero lo cierto es que King Gizzard & The Lizard Wizard aprovecharon su paso por la ciudad condal para 1) hilar una hora inicial de show basada en bloques-actos delimitados por álbumes y 2) echar abajo cualquier tipo de percepción de puro equilibrio con un catártico macro medley colaborativo de más de 30 minutos de duración.

Se nota que, en gran medida, a McKenzie, Kenny-Smith, Walker, Craig, Skinner, Cavanagh y Moore les encanta aquello de conseguir reventar cerebros, y no solo ya en lo relativo a la forma en la que se ha diseñado el croquis del asunto, sino también en lo circunscrito a su seductor envoltorio. Secundado por unas visuales calidad VHS reventadísimas a nivel cromático, este fascinante septeto arrancó el show arrollando con todo a su paso al hilar tres cortes de thrash metal extraídos del “Infest The Rats’ Nest” (‘Venusian 2’, ‘Mars For The Rich’, ‘Planet B’).

Justo después, sin perderse en terreno abrupto, empezamos a entender el juego contextual que iba a imperar en la velada al abordar, al menos en su acto 1 de 2, segmentos del set delimitados al “Polygondwanaland”, “Nonagon Infinity” y a “Fishing For Fishies”, todo bien especiado con brotes de “Flying Microtonal Banana” e “I’m In Your Mind Fuzz”.

Fue allí, entre volantazo y volantazo, que nos dimos cuenta de lo mucho que han crecido King Gizzard & The Lizard Wizard desde que los vimos en el Primavera Sound. Real: donde en aquella época existía cierta sensación unidireccional, ahora irradiaba cierto “feeling” de variedad que, sin dejarse sentir como algo abrumador, sí se consigue llegar a interiorizar de forma manifiesta. ‘Planet B’, ‘Crumbling Castle’, ‘Plastic Boogie’ y ‘This Thing’ ejercieron como estilísticas puntas de lanza en un “act one” en el que brillaron con luz propia tanto esta última, con una dúctil base de armónica que desprendía aroma a madera de nogal, como un dúo de ases (‘Robot Stop’, ‘Gamma Knife’) cuyo fulgor psicodélico nos dejó tumbados sobre la lona. ‘Big Fig Wasp’, con serpenteantes versos como ‘my body’s overworked / it’s just the same I know’ pellizcándonos los hombros, tampoco se quedó atrás. Era evidente: el “equipo Nonagon” quedó como el gran ganador del primer “round” de la contienda organizada en territorio barcelonés. El del “Polygondwanaland”, como el más débil del pugilato.

Fue a partir de ‘Head On / Pill’ que todo se fue de madre. Rompiendo el tablero del juego, a los dos baterías, tres guitarristas, un bajista y un teclista de King Gizzard & The Lizard Wizard ahora se habían sumado los integrantes de las dos bandas teloneras (ORB, Stonefield). Como si de la orquesta Akokán se tratase, este King Gizz v.2.0 se abalanzó a la idea de ejecutar un titánico medley integrado por piezas tan imprevisibles como ‘Am I In Heaven’, ‘Cellophane’, ‘Alter Me I’, ‘Rattlesnake’ (sí, hubo algo de ‘Rattlesnake ayer) e, incluso, ápices de unas ‘Venussian 2’ y ‘Robot Stop’ que ya habían sonado en el concierto. Fue entonces cuando ellos, embriagados por la emoción del momento, no dudaron en desgañitarse, hacer “crowdsurfing” de forma reiterada (Stu y Ambrose cruzaron la sala con la idea de dar una Estrella Damm a su técnico de sonido), y bañar con birra al gentío. Sudados, fatigados y casi en pelotas, King Gizzard & The Lizard Wizard se lo dejaron todo en Barcelona para celebrar el fin de gira, y a su vez, (re)conquistar al público catalán. Bien que lo consiguieron.

Fotografías: Kevin Zammit (Binaural.es)
Texto: Pablo Porcar

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

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