Crónica

[Crónica] Lana Del Rey en Barcelona (Palau Sant Jordi, 19 de abril de 2018)

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No imagino un lugar mejor para terminar este tour. Me encanta esta ciudad”, Lana del Rey se declaraba fan de Barcelona anoche en el Palau Sant Jordi. La ninfa americana nos trajo un pedazo de cielo californiano llenando el escenario de palmeras, tumbonas, rocas y hasta imágenes proyectadas de un mar transparente, que emulaban un paraíso de la costa Oeste.

Antes de que la estrella de pop melódico saliera a escena, Chan Marshall o más bien conocida como Cat Power aparecía impoluta y con su voz rasgada nos regalaba un repertorio un tanto inusual. Incluía tan sólo un tema de su último largo ‘Sun’ (publicado allá por el 2012), del tema ‘Manhattan’ hizo una versión alternativa incorporando unos aullidos que retumbaron en toda la sala. Dos micrófonos recogían toda la potencia de la princesa indie que a pesar de tener un sonido envolvente, su actuación no resultó tan atractiva como podía haber sido. Es curioso ver como lo que fue una gran promesa del folk alternativo se desvanece con el tiempo. La estadounidense alcanzó la fama con ‘The Greatest’, quizás su mejor trabajo publicado, pero su música ha ido perdiendo fuelle y por lo que pudimos apreciar, no es más que la sombra de lo que llegó a ser. Mientras, el espacio se iba llenando y Cat Power dejaba paso las nuevas generaciones.

Lana del Rey aparecía entre aplausos y gritos de sus fans devotos, una audiencia sedienta de pop y versos delicados. La estrella internacional mueve masas con una facilidad asombrosa, su popularidad no ha hecho más que crecer, sobre todo con sus últimos tres álbumes que la han colocado en el podio de las artistas más queridas aunque también más odiadas por igual. Con un vestuario nada favorecedor, todo sea dicho, abría su espectáculo con ‘13 Beaches’ y unos movimientos sensuales acompañaban a sus dos inseparables bailarinas. Una pantalla gigante reflejaba el show con un filtro en blanco y negro como si de una película de época se tratara, aunque para el gran tamaño del lugar si que se echaba en falta una mejor iluminación o al menos otra pantalla extra que reflejara todo lo que ocurría en el escenario.

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Si no eres muy fan de Elizabeth Grant (su nombre real) seguramente su música te puede sonar algo monótona en la primera escucha, pero en cuanto indagas en su universo melancólico descubres los matices que componen su propio estilo. Pese a tener un sonido casi homogéneo, es cierto que en su último largo ‘Lust for Life’ ha introducido algún toque más fresco con bases de R&B y hasta algo de hip hop donde se la escucha rapeando.

En casi dos horas de concierto la neoyorkina dio un repaso a toda su discografía, el amor y la cultura popular forman gran parte de su trabajo y como si de un confesionario se tratara, relataba sus experiencias y sus miedos con la tierna voz que la caracteriza. Es cierto que sus nuevos temas no terminan de cuajar, ‘Lust for life’ fue la más laureada donde Lana admitió “he sido muy afortunada de pasar tiempo con mis amigos grabando este disco, el vídeo de este tema es uno de mis favoritos”. Entre las canciones más coreados ‘Born to Die’, ‘Summertime Sadness’, ‘Videogames’, la ya mítica ‘Blue Jeans’ y ‘Ride’ que cantó balanceándose desde un columpio. La dulzura de ‘Honeymoon’ se traspasó a la realidad cuando las dos bellas bailarinas se dispusieron a regalar rosas entre el público.

Se entiende el fervor que sienten sus fans, Lana del Rey les mima y les tiene presentes en todo momento, incluso se permite el lujo de improvisar su setlist con las peticiones del público, en este caso fue la canción ‘Carmen’ de su álbum ‘Born to die’ la elegida. El Palau Sant Jordi se cubrió de pequeñas luces que iluminaban al ritmo de ‘Black beauty’ y con ‘Yayo’ su canción más antigua, pudimos ver a una Lana que desnudaba su pasado rasgando la guitarra. Parecía como si nos estuviera mostrando lo que ella fue antes de crear su nuevo personaje, donde su espectacular voz y una guitarra eran su todo.

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Lana del Rey seduce sin querer, la elegancia que desprende es palpable en todos sus movimientos. Ha sabido armar su propio universo artístico y eso se ve reflejado en la puesta en escena, quizás un tanto escueta en esta ocasión. El público enloquecía con cada movimiento suyo: de pie, de rodillas, bailando tumbada…y más aún con ‘National Anthem’, un tema que desgrana los valores americanos, donde las voces al unísono flotaban en el aire. Aunque no se le puede perdonar el playback evidente en algún tema, además de la base de fondo con las voces ya grabadas, nadie duda de la potencia de su delicada, dulce y frágil voz.

Antes de despedirse emuló a la gran Marilyn Monroe con su famoso “Happy birthday Mr. President”, destapando su admiración por la actriz y por América. “Gracias por la energía de esta noche, el concierto de hoy me ha hecho pensar en mis propósitos personales y en las cosas que quiero hacer cuado vuelva a casa”, la intensidad con la que vive sus actuaciones se hacía evidente, y más aún después de cuatro largos meses de gira.

Con un “gracias por todo” en perfecto español se despedía de una audiencia que la acompañó en todos los temas desde el primer verso, generando una singular energía en el ambiente. Barcelona ha sido testigo de que esta muchacha de ojos tristes forma parte de una nueva generación con mucho talento, y que, sin ninguna duda, sabe demostrarlo. Anoche nos fuimos con un trocito de California en el bolsillo.

Fotografías: Carlota Figueras
Texto: Fátima Conde

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