Crónica

[Crónica] Morrissey en Barcelona (octubre de 2014)

Hola. Me llamo Morrissey. Mozz para los amigos. Y los fans acérrimos (¿no lo son todos?). Celebro un concierto de 90 minutos justos. Hago un solo bis, de una sola canción. Un himno, sí, pero solo una. Tocaré solo cuatro canciones de The Smiths, una de las bandas más icónicas del pop británico y que lideré unos cuantos años. Me olvidaré de prácticamente todos mis clásicos como solista, que no son pocos. Os endosaré gran parte de mi último disco -«World peace is none of your business«, Harvest (2014)- y que muy pocos han entendido aún. Y, sí, os cobraré 50€ por la entrada. Sobre todo ello os diré que mis segregaciones sudorosas irán desde el perineo hasta la bolsitas del te. Porqué hago lo que quiero. Porqué lo mejor de todo es que puedo hacerlo. Y no podéis rebatirme.

Así imagino al bueno de Mozz explicando su concierto del pasado viernes en Barcelona. Aquella fue la sensación que me dejó la primera vez que veía en directo a uno de los más grandes que nos ha brindado el pop. Dicha sensación era bastante general entre los presentes. Por lo que pude hablar con la parroquia, y por lo que pude oler a posteriori medios sociales mediante. El cantante de Davyhulme es un tótem. Puede hacer estas cosas y no te ves capaz de criticarle. Su carrera le avala. Es lo mismo que cuando Messi engancha media temporada mala. ¿Qué vas a decirle? Podría masajearse la bolsa escrotal los próximos diez años y no podrías rajar, por todo lo que ha hecho. Mozz va sobrado de crédito y se ha ganado este derecho que muy pocos pueden ostentar.

No fue un mal concierto, de hecho. Para nada. Mozz está en muy buena forma, a pesar de su recién anunciada enfermedad. Su voz sonó pulcra y vibrante. Y su puesta en escena fue limpia y profesional como sus camisas bien planchadas. El público catalán, con mayoría de treintañeros y cuarentones dentro de un Sant Jordi Club casi lleno, esperaba con muchas ganas este concierto y disfrutó de él, con especial ahínco en el inicio y al final del mismo. El arranque fue prometedor rememorando el ‘The Queen is dead’ de The Smiths, mientras se proyectaba una fotografía de la Reina Isabell II levantando amigablemente su dedo corazón. El público enloquecía a la primera de cambio. Le siguió ‘The Bullfighter Dies’, una de las nuevas. Macabra canción de fruncir el ceño por sus extrañas letras y sus complejos arreglos. Algo que predomina en todo el disco, y que deja al oyente con una extraña sensación. La velada siguió hasta uno de los puntos álgidos: ‘How Soon Is Now’. Temarraco de The Smiths donde los haya, con uno de los mejores riffs de guitarra que ha parido madre. Pero a partir de ahí el desconcierto. Primero con el sencillo homónimo de su último trabajo, ‘World Peace Is None Of Your Business’, y con más cancionero nuevo como la costosa de digerir ‘Istanbul’. Un pasaje del concierto que sumió en el desconcierto. El propio Morrissey dijo que estábamos siendo de parte de un experimento. El de ir a un concierto y no poder cantar nada si no eres fan acérrimo, imagino.

Y así hasta el último tramo del directo, en el que la cosa recuperó algo de brío. Con la vegetalista ‘Meat Is Murder’ o la reseñable ‘I’m Not A Man’, cantada con una sensibilidad y profundidad que erizaba cualquier pelo habitable en tu piel. Ahí es donde Mozz te desarma. Pura clase británica, alma pop y buenas maneras. ¿Qué le vas a decir si llevas una hora sin cantar nada? Si luego sabe llenar el escenario de esa manera tan especial. Ahí le perdonas la obsesión vegetariana, la muerte de toreros, los arreglos latinos y los setlists de rata de biblioteca. Luego se despidió por unos instantes. Para volver con camisa nueva y cantar una última pieza. Ahí sí. ‘Everyday Is Like Sunday’, puños en alto, pulmones recargados de aire y caras de alegría. Hooliganismo emocional y cada uno rememorando los recuerdos autóctonos de su mente que canciones tan monumentales pueden hacerle resurgir. Entonces se abrió y rompió la camisa. Levantó las manos y dijo adiós. No sabemos cuándo volveremos a verle. No fue lo que esperábamos la mayoría. Pero nos sedujo una vez más. Hasta pronto, Mozz.

Fotos | Rosario López
Texto | Oscar Villalibre

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Oscar Villalibre
Redactor en Binaural desde hace más de 3 años. El pop y el soul son el motor. Las guitarras afiladas, las trompetas y los violines el mejor impulso. Twitter: @oscarvillalibre

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