Crónica

[Crónica] Muse en Madrid (Wanda Metropolitano, 26 de julio de 2019)

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En una entrevista concedida el pasado marzo para el Miami New Times, Matt Bellamy, guitarrista y cantante de Muse, admitía que “habían acabado por ir demasiado lejos” con la gira que habían preparado para “Simulation Theory”. No exageraba. Y cualquiera de los asistentes al Wanda Metropolitano pudo confirmarlo con creces: un escenario gigantesco con amplio despliegue de luces; láseres de colores; realidad virtual; bailarines vestidos con LEDs que desfilaron, lanzaron humo y hasta volaron; robots; un monstruo alienígena gigante que apareció del suelo… Pero empecemos desde el principio.

La de ayer, además de ser otra clásica tarde de calor y bochorno estival madrileño, era especial: marcaba en el calendario el fin de la gira europea de Muse y, la de la capital, era la única parada de la banda en nuestro país. Un par de días antes Live Nation, promotora del concierto, había desvelado el nombre de los que serían los teloneros y facilitado un mapa con horarios e instrucciones para acceder al recinto. La apertura de puertas estaba prevista a las 18:30h.

De camino (en metro) al Wanda, fue fácil distinguir a quienes tenían el mismo destino que yo. El vagón iba plagado con una horda de desconocidos, de edades la mar de variadas, que compartían, a modo de uniforme, la mítica camiseta negra con el logo blanco en el pecho; charlaban emocionados sobre el grupo y sobre las penurias y dificultades que habrían sufrido para conseguir buenas entradas. Al final, más de 50.000 parroquianos nos reuniríamos esa noche en el nuevo estadio del Atlético.

Los encargados de dar el pistoletazo de salida fueron Mini Mansions, el trío estadounidense que cuenta entre sus filas con el bajista de Queen Of The Stone Age, poca broma, y que hace bien poco ofrecía su primer concierto en Barcelona de la mano de nuestro ciclo Binaural10, a escasos días de lanzar “Guy Walks Into A Bar…”, su flamante nuevo disco. Tras este aperitivo, llegaba el turno del entrante de la noche: Nic Cester. Tocar justo antes de una banda como Muse y en un escenario como aquel (gigante, aún escondido, a plena luz del día y sin luces fluorescentes para darle algo de “chicha” al asunto) no debe ser tarea fácil. Las gradas permanecieron vacías durante su actuación y el foso a medio llenar con gente llegando a cuenta gotas, pero el que fuera vocalista de Jet (Sí, era él), calentó bien al público con las cartas que le había tocado jugar: temas propios de su carrera en solitario y as bajo la manga al recordar el mítico “Are You Gonna Be My Girl”, que consiguió despertar a los presentes.

Era el momento del plato principal. Instantes previos, y mientras daban los últimos retoques al escenario, comenzaría a sonar la canción de apertura de “Stranger Things”. ¿Casualidad? Para nada. La relación con la serie de los hermanos Duffer viene de lejos. Basta recordar que la primera temporada de la serie se basa en en el experimento de control mental de la CIA, “MK Ultra”, al que Muse también hace referencia (y le dedica una canción con el mismo título) en su disco “The Resistance”. Además, Bellamy y compañía quisieron contar con el encargado del diseño gráfico de la serie, Kyle Lambert, para hacer todo el visual de su nuevo disco, aprovechando ese sonido de sintetizadores ochentero tan reconocible que campa a sus anchas en “Simulation Theory”.

A las 21:52, con el sol ya casi desaparecido, empezaba el despliegue de láseres, luces de colores y un ejército de bailarines retrofuturistas. ‘Algorithm’, que abre el último disco, sirvió también para dar la bienvenida al espectáculo. Apareció entonces sobre el escenario Dominic Howard, batería, desde una plataforma subterránea en el extremo izquierdo, para luego hacer lo propio Christopher Wolstenholme (bajo) y Bellamy, desde el extremo derecho y el final de la pasarela, respectivamente.

Al celebrado ‘Pressure’ le siguió ‘Psycho’ (“Drones”, 2015), advirtiendo de lo que estaba por llegar: una intercalación perfecta de temas nuevos con algunos de sus ya clásicos: ‘Break It To Me’, ‘Uprising’, ‘Propaganda’, ‘Plug In Baby’, ‘Supermassive Black Hole’… Todo ello iba acompañado de unos visuales que recordaban a la ya mencionada “Stranger Things”, pero también a la realidad distópica reflejada en “Blade Runner”, y que contaban la historia de robots, virus, monstruos alienígenas y ejércitos de zombies ochenteros que ya han dejado ver en sus últimos videoclips.

El ecuador lo marcaba Wolstenholme y el homenaje a AC/DC con la línea de ‘Hysteria’ y ‘Back in Black’, que precedió a otro de los momentazos de la noche: Matt Bellamy al final de la pasarela, sentado y tocando al piano ‘Dig Down’, iluminado por las luces de los móviles de todo el público, al tiempo que varios de los bailarines ubicados al fondo del escenario -y ataviados con lo que parecían trajes de gospel futuristas- volaban delante de las pantallas.

Arrancaba entonces otra retahíla de míticos pildorazos: ‘Madness’, ‘Mercy’ y ‘Time Is Running Out’. ‘Houston Jam’ daba el toque shakesperiano al concierto, con un vocalista entregado cantándole a la calavera del robot que sostenía en la mano cual Hamlet en el monólogo “¿Ser o no ser?”. Después de ‘Take a Bow’, y su correspondiente instrumental de enlace, todo se quedaba a oscuras. Se acercaba el final. Alguien en la zona de prensa suelta un “¡Alright!”, a lo Ignatius Farray, y yo no encuentro expresión más acertada para resumir lo que allí estaba pasando.

Las luces fluorescentes del escenario y la pasarela volvieron a encenderse para ‘Starlight’. Dos robots de un par de metros de alto aparecen en los extremos del escenario y no dejan de moverse; también reaparecen los bailarines. Al final del tema, Bellamy se acerca a una máquina de arcade -que nadie sabe de dónde ha salido- y simula jugar al videojuego. “Todo ha sido una “simulación”, un juego”, parecía decir.

Pero aquello no era el final. Quedaba el particular “bis”, que arrancaba con la aparición en escena del gigantesco monstruo alienígena del que hablaba al principio, y que protagoniza el videoclip de ‘The Dark Side’. ‘Stockholm Syndrome’, ‘Assassin’, ‘Reapers’, ‘The Handler’ y ‘New Born’ derivaron en la interpretación a la armónica, por parte de Wolstenholme, de la intro de ‘Man With a Harmonica” de Ennio Morricone, que precedió al broche final de ‘Knights of Cydonia’.

Y así, tras dos horas de disparos musicales, nos ganaron la partida. “Game Over”.

Texto: Sara Peláez
Fotografías: Sergio Morales (Binaural.es)

2 comentarios

  • Estuve en el concierto y he de decir, una pena porque la acústica del Wanda es Horrible.
    Supongo que en pista el sonido es diferente, pero en las gradas, el eco y la manera en que retumbaba el sonido, hacía imposible a veces distinguir la voz de Bellamy. Gran espectáculo pero el sonido una pena.

  • Una crítica fiel a lo que allí se vivió. Gracias por describirlo tal cual, porque alguno de los juntaletras a sueldo de grandes diarios nacionales escribieron su crónica desde el sofá de su casa para no separarse del aire acondicionado.
    Coincido con el anterior comentario: el Wanda no sirve para este tipo de macroconcierto. Tiene una acústica pésima.

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