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[Crónica] Pixies en Barcelona (Sant Jordi Club, 23 de octubre de 2019)

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Pixies jamás decepcionan, sobre todo si eres muy fan —culpable— y su directo te hace sentir como si fuera la primera vez, solo que algo mayor y con unos cuantos concis a la espalda, motivo por el cual no te dejas impresionar fácilmente —nuevamente culpable—. No obstante, está crónica podría titularse «Pixies a través de un teléfono móvil»; otra de las lecciones que podríamos extraer de la noche de ayer es que, al igual que se establece una edad mínima para acceder al recito, también debería quedar fijada una edad máxima de acceso, de este modo nos ahorraríamos unos cuantos disgustos quienes pretendemos disfrutar del concierto. Porque se nos hincha la boca a la hora de hablar de los jóvenes, de sus distintas actitudes a la hora de disfrutar de la música, pero poco se habla de esos cincuentones y cincuentonas anacrónicos que te plantan el móvil ante el hocico y se tiran grabando temas completos —al menos las Instagram stories son cortas: minipunto para la Generación Z.

Ahora, tras este breve bla bla bla crítico, habiendo dejado claro que lo peor de la velada de anoche fue el público, ya podemos hablar de los 39 temas que la legendaria banda se marcó ante un público que venía calentito de Blood Red Shoes, quienes ofrecieron una breve pero intensa introducción.

Si bien el sonido no suele acompañar a la Sant Jordi Club, en esta ocasión podría justificarse por la tremenda descarga del primer cuarto de hora de concierto, donde se sucedieron clásicos de trinchera tales como ‘Crackity Jones’, ‘Isla de Encanta’ o un frenético ‘St Nazaire’, temazo del nuevo disco que nada tiene que envidiar a los anteriores. La apertura con ‘Cecilia Ann’ no solo levantó al público —jodidos móviles incluidos—, sino que consiguió  que estos clásicos, aderezados con la intensidad de lo nuevo de la banda, quedasen perfectamente encuadrados dentro de un frágil equilibrio donde hits como ‘Caribou’ o ‘Gouge Away’ dejaron entrever que los de Boston venían con ganas de guerra.

Si bien apenas se quedaron temas en el tintero, ‘Hey’ fue la gran ausencia de la noche; es sabido que una vez ha sonado ‘Where Is My Mind?’ que toquen su balada predilecta es cuestión de suerte/lotería. No obstante, haber podido disfrutar de ‘Havalina’ cuando todo parecía llegar a su fin, y que el cierre, tres temas más tarde, corriera a cargo de ‘Velouria’ y ‘Debaser’, habiendo pasado por el maravilloso ‘Wave of Mutilation’, no tiene precio. Además para entonces ya me había ido una docena de filas atrás, donde, además de sonar mucho mejor que en las primeras filas, se ofrecía un horizonte libre de pantallas táctiles, algo que, dadas las circunstancias, es de agradecer: sí, a servidor le apetecía ver el concierto, no un streaming del mismo.

De tener que escoger un solo tema de los 39 que sonaron en el bolo de ayer, sin duda me quedaría con ‘Vamos’, pero eso no es nada nuevo, casi siempre ocurre cuando mi querido ‘Hey’ ha sido la gran ausencia de la noche. Ver volar a un público que se queda como anestesiado con temas como ‘Here Comes Your Man’ sigue pareciéndome algo maravilloso, aunque lo cierto es que ‘Break My Body’ y ‘Bone Machine’ nada tuvieron que envidiar a lo más cañero del repertorio que Pixies lucieron cual bandera ante un Sant Jordi Club abarrotado y ansioso por corear, y que por supuesto al llegar el turno de ‘Debaser’ se vino arriba. Es una atmósfera extraña la que consiguen al entonar dicho himno, como si de algún modo tu banda favorita del otro lado del charco te ayudase a conectar con el lado más místico y exuberante de tu cultura; si Dalí y Buñuel levantaran la cabeza, sin duda se pondrían a bailar, solo espero que sin alzar el móvil en alto —lo sé, soy muy pesado: me puede la indignación.

Como dato curioso, decir que ‘In the Arms of Mrs. Mark of Cain’, primer corte de «Beneath the Eyrie«, está a la altura de cualquiera de los clásicos en lo referido al directo, algo que deben saber muy bien los Pixies, pues no dudaron en dejar este corte para el tramo final de la velada, aderezándolo, como ya he mencionado en párrafos anteriores, con los clásicos de toda la vida. Asimismo, me veo en la obligación moral —como hater reconocido— de remarcar que los momentos en que sonaron los temas del nuevo disco fueron debidamente aprovechados por los cabezahuecas que tenía delante para echar un vistazo a Mundo Deportivo. Lo que yo diga: pasión por la música.

Entrevista con Dave Lovering de Pixies, aquí.

Fotografías: Rosario López (Binaural.es)
Texto: Gerardo Collazo

7 comentarios

  • Completamente de acuerdo con el abuso del móvil del móvil en los conciertos. Pero, ojo que no son sólo los cincuentones…en la tercera fila estaba lleno de treintañ[email protected] con sus celulares. Buena crítica musical, por cierto.

    • Vaya manera de comenzar una crítica pidiendo le prohibición de acceso a un colectivo de personas por su edad…..yo también estoy de acuerdo en el exceso del uso del móvil, pero no creo que sea la solución. Lo que si deberían prohibir es la realización de conciertos en lugares como este que no dan la talla a nivel acústico, el sonido es lamentable y la entrada cuesta una pasta más el precio abusivo de las cervezas, se te va un pico cómo para luego tener un sonido tan malo……una pena.

  • coñazo de moviles si…
    por cierto tocaron 2 veces Wave of Mutilation, o es que ya me hago mayor…¿?¿?
    comentar que en las gradas vi a una niña de unos 9-10 años que se sabía todas las antiguas!!! ahí hay futuro!!
    eso sí en las nuevas, se dormía…

  • Tengo 16 años, los Pixies son mi segunda banda favorita, después de Nirvana. Como todos saben no tengo ni tendré el privilegio de ver a Nirvana en vivo, pero si puedo con los Pixies. Hasta la fecha, es sin ninguna duda el mejor concierto al que he asistido, me encantó, de hecho, se me derramaron unas pocas lágrimas en «Velouria».
    Pero he de decir que lo que más me molesto fue el público, lleno de cincuentones.
    No puedo quejarme, se que me encuentro en una generación en la que el rock está pasado de moda y que las grandes leyendas del rock noventero tienen la edad de mis padres, y de verdad que desearía encontrarme en los 90’s y disfrutar de un buen moshpit. Aún así, no pude evitar fijarme en que había un grupito de jóvenes de veintipocos bailando en las primeras filas, pero no pude acceder a ellas. La única pega del concierto, es que no lo pude disfrutar saltando y dándome codazos con la gente, sino prácticamente quieto como un poste…
    Sobre tu comentario sobre una edad máxima de acceso, ojalá la hubiese, de verdad que me encantaría.
    Me ha encantado tu crónica, gracias por publicarla.

  • Una buena crónica totalmente estropeada por un comentario inicial completamente CAZURRO. Definir como «anacrónicos cincuentones » los de la generación de los Pixies en un concierto de los Pixies es una completa ridiculez. Como si además los veinteñeros y treintañeros no utilizaran sus smartphones durante los conciertos. Firnado: un cincuentón que ha grabado un video de 10 segundos en un concierto (magnífico) de 2 horas.

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