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[Crónica] PJ Harvey en Barcelona (agosto de 2017)

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El Poble Espanyol, sin duda un espacio ideal para llevar a cabo conciertos de verano al aire libre en Barcelona, acogía una cantidad remarcable de gente para recibir a PJ Harvey, antaño diva del rock alternativo más punk que en sus últimos proyectos se ha dado a ornamentaciones más cercanas al blues, jazz y folk de tintes políticos. Sin llegar al lleno, suponemos, por la presencia de la artista en el Primavera Sound de 2016, la parroquia acudió a la cita de horario británico -20:30-, e insistió con ánimo hasta que Polly Jean y su banda subieron al escenario con un muy español retraso de 15 minutos. Finalizado este simpático intercambio de tópicos, la banda, con PJ en la retaguardia, desfiló (literalmente) como una sui generis charanga solemne, instrumentos de percusión ya en marcha, y tomó posiciones mientras arrancaba ‘Chain of Keys’. Pero antes de glosar el magnífico concierto que estaba por tener lugar, consideremos a los músicos que acompañaban a la cantante británica.

Porque no eran músicos cualesquiera. Cuando asistimos al directo de artistas que van por su nombre en solitario, tendemos a ignorar o relegar a un segundo plano a quienes les acompañan, cuando, en muchos casos, nos encontramos ante verdaderas bestias de la interpretación. En este caso, los encargados de dar cuerpo a la propuesta musical de PJ Harvey han colaborado con Queens of the Stone Age, The Bad Seeds, Chris Cornell, Spiritualized, The Jesus and Mary Chain, y un largo etcétera. Casi nada. Mick Harvey, John Parish, Alain Johannes, Kenrick Rowe, James Johnston, Jean-Marc Butty, Terry Edwards, Alessandro Stefana y Enrico Gabrielli. Alineación imbatible de multiinstrumentistas que no solo cumplieron con intensificar el sonido rico y colorido de este último ‘The Hope Six Demolition Project’, uno de los protagonistas de la velada, sino que engrandecieron piezas pretéritas y dotaron al setlist de una unidad y una solidez que demuestra, aún más que profesionalidad, compenetración -intuición que confirmaría más tarde el propio Johannes explicando a Binaural las rutinas de juego y camaradería que el grupo lleva a cabo antes de dar comienzo a sus conciertos-.

Coros a cinco voces retumbaban entre percusiones reminiscentes de marcha militar; vientos, teclados y violín certificaban el potencial del conjunto, y Harvey cantaba con gravedad sobre llaves cuyas puertas ya no llevan a ningún sitio. De ahí nos fuimos a ‘The Ministry of Defence’ y sus acordes obstinados a cinco golpes, aquí llevados a cabo por tres guitarras simultáneas que transmitían una sensación de puro sublime e ilustraban a la perfección el presente apocalíptico que se narraba, cuya catarsis (“This is how the world will end”) con Terry Edwards tocando dos saxos a la vez nos dejó rendidos. La llegada del segundo single ‘Community of Hope’ relajó un poco la solemnidad del ambiente y el público empezó a corear con menos timidez. Que PJ eligiera estos tres temas para abrir el concierto no es casual, dado que representan las tres coordenadas de su último trabajo: Kosovo, Afganistán, Washington D.C.
Con ‘The Hope Six Demolition Project’ bien enmarcado, la cantante dio un primer guiño al pasado con ‘Shame’, en la que demostró una capacidad vocal de versatilidad envidiable, cambiando de octava aquí y allá sin esfuerzo mientras se movía con carisma por encima del escenario. En el preciso instante en que caía la noche, encaramos un bloque dedicado a ‘Let England Shake’, pieza imprescindible de la discografía de la británica, con ‘All And Everyone’, el tema homónimo del álbum, ‘The Words That Maketh Murder’ y ‘The Glorious Land’. Entre toques de corneta y segundas voces contundentes, la crítica mordaz de Harvey encontraba su perfecta explicitud en ese “Why don’t I take my problem to the United Nations?” entonado con sorna exquisita. Todo sonaba con una grandeza monumental, y solamente lograron romper la magia por unos instantes las miradas de miedo entre los asistentes ante la cada vez más real amenaza de lluvia.

Pero la lluvia no se atrevió. ¿Cómo iba a hacerlo? Su sombra se esfumó en cuanto empezó a sonar ‘The Devil’, en la que una Harvey íntima, arropada por violín y teclado, cantaba esta historia de desespero que se hacía grande por momentos. ‘Dear Darkness’, tema que también la prosigue en el álbum, dejó a Polly sola en el spotlight mientras la banda la acompañaba a oscuras. Muchos no tocaban en ese momento, pero, sin duda, la acompañaban. ‘White Chalk’ cerró el trío dedicado a éste mismo disco, y el escenario volvió a recuperar la luz a medida que el tema subía y la banda se iba reincorporando. Recuperaron un poco el ritmo -la intensidad y la energía no se habían ido en ningún momento- con una ‘In the Dark Places’ especialmente vivida por el público. A la que nos quisimos dar cuenta, el tema había terminado, y se producía un momento de puro silencio, en el que los músicos aguantaron de pie, quietos, sobre el escenario, durante unos segundos. ‘The Wheel’ pasó como una auténtica fuerza de la naturaleza. Y, tal como pasó, volvieron a quedar de pie, quietos, mientran recibían aplausos cada vez más entusiastas.

Un blues rock del bueno dio entrada a ‘The Ministry of Social Affairs’, que se desarrolló en un crescendo glorioso hasta que, con un sutil movimiento de mano, la cantante inclinó su micro hacia abajo para que Edwards, saxo de color blanco en mano, tuviera su segundo momento de lucimiento absoluto. La única referencia del siglo XX, de sabor casi amargo para aquellos que amamos a la PJ Harvey atronadora de principio de los 90, se siguió cual apisonadora con una ’50 Ft Queenie’ que sació, ni que fuera anecdóticamente, las ansias de ruido de los que hubiéramos deseado un setlist el doble de largo -por inclusivo-. Un violín inquieto a doble cuerda, cortesía de James Johnston, introdujo ‘Down by the Water’, recibida con un estallido de júbilo y clausurada brillantemente con la atmósfera jadeante que generaron los coros. En ‘To Bring You My Love’, John Parrish hizo caminar la melodía puntuada de su guitarra al lado del vozarrón de una Harvey, que, tras hacer una vez más alarde de un talento sobrecogedor, dio la espalda completamente al público para observar la harmonía de saxo a dos voces que dio cierre a la canción con suavidad y elegancia.

Un muy reconocible canturreo nos devolvió a ‘The Hope Six Demolition Project’, en concreto a ‘River Anacostia’, cuyo incesante “Wade in the water/ God’s gonna trouble the water” reunió a todo el conjunto en primera línea del escenario. El tema se extinguió entre palmas, tuvo lugar el entonces previsible saludo de despedida, y, entre gritos de “¡Poooolly, Poooolly!”, los 10 volvieron para cantar en conjunto ‘Near the Memorials to Vietnam and Lincoln’ y clausurar el concierto con ‘The Last Living Rose’ en una nota más bien relajada pero extremadamente satisfactoria. En poco más de hora y media, y sin mediar palabra con el público fuera de un escueto gracias, PJ Harvey y su banda justificaron su inclusión incondicional en el olimpo de la música.

Fotografías | Rosario López
Texto | Pau Ortiz

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