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[Crónica] Primavera Sound 2018

cronica primavera sound 2018

Durante estos días hemos compartido con vosotros una selección de fotos de esta última edición del Primavera Sound, y aquí os dejamos nuestra particular experiencia en el festival. Diseccionamos a continuación lo acontecido a lo largo de cuatro jornadas en las que hemos visto desde los grandes reclamos del cartel a bandas realmente prometedoras a las que no les perderemos la pista.

MIÉRCOLES

SPIRITUALIZED

La larguísima cola que serpenteaba ante la caseta de información un buen rato antes de las 3 del mediodía de un miércoles certificaba que Spiritualized con orquesta y coro era el concierto sagrado del día, mal les pesara a Belle and Sebastian o al zagal ese de la jaula a quien por estos lares solo nombramos en 28 de diciembre. Llenazo absoluto en el Auditori, y sensación de estar a punto de vivir AQUEL bolo de Spiritualized en el Primavera del que se hablará cada vez que se mencionen a la banda británica y al festival del Fòrum en la misma frase.

Tres guitarras, teclados, bajo, batería, percusión, una treintena de personas entre coro, vientos y cuerdas, y lásers como para una boda se amontonaban en el escenario, y la primera sensación fue que todo era quizá un pelín demasiado apabullante. Por suerte, no costó ni un tema que cada elemento en juego empezara a sonar de forma distinguible, y con el exquisitamente arropado slide de Jason Pierce en ‘About Today’ (auténtica miel, si se me permite el tecnicismo) no había nadie que no se meciera absolutamente encantado de estar ahí. Tuvimos disfrute para rato, y, aunque la hora y media programada se probó insuficiente (no hubo tiempo para bises y nos quedamos sin ‘Come Together’), cupieron los hits más distinguidos y también más disfrutables en este formato de lujo de los creadores del mítico “Ladies and Gentlemen We Are Floating in Space”. [Pau Ortiz]

JUEVES

WARPAINT

El jueves a las ocho de la tarde, con el sol ya cediendo, gran parte de los asistentes al festival peregrinamos al escenario Seat en una de las puntas más alejadas del recinto para encontrarnos con Warpaint. Arrancaron más bien frías, y además a los 15 minutos de concierto hubo un gran fallo de sonido que dejó sin escuchar la voz de Theresa Wayman durante la mitad de ‘Drive’, pero tras esto las de Los Angeles continuaron su actuación con normalidad, fueron subiendo el ritmo y contagiando al público de ello. Once temas les bastaron para repasar todos sus discos -incluyendo por primera vez en uno de sus directos ‘Billie Holiday’- y sumergirnos de lleno en su atmósfera dream pop. [Cristina Roa Garrido]

ANNA VON HAUSSWOLF

Había caído el sol hacía poco, y, previa ingesta de bollo con steak tartar (el auténtico cabeza de cartel de esta edición) o lo que se terciara, un selecto grupo de asistentes que considerábamos que, dentro del epígrafe “Movidas Raras de Nórdicas”, Björk era demasiado mainstream, nos dirigimos al Adidas Original para disfrutar del primer directo de Anna von Hausswolf en España. ‘The Truth, The Glow, The Fall’, primer corte de ‘Dead Magic’, espantó a los que no quisieron lidiar con la vertiente más meditativa de la sueca, pero todos sabemos que las guitarras si se sacan es para usarlas, y von Hausswolf, su órgano y su banda reordenaron buena parte de su último LP para llevarnos, en un crescendo atronador y progresivo, al Valhalla del ruido. [Pau Ortiz]

THE WAR ON DRUGS

Con el concierto de The War on Drugs, divinamente programado con la caída del sol, las sorpresas fueron pocas. Sobre el escenario vimos replicar ese impoluto repertorio del que goza la banda, con unas guitarras exquisitas que planearon airosas, libres, acompañando la voz de un melenudo Adam Granduciel muy concentrado en el directo. Fue un concierto plano de pe a pa, con el foco puesto en varios de los temas de su glorioso “A Deeper Understanding” (abrieron con ‘In Chains’ y siguieron con ‘Pain’,), pero que no perdió de vista hitos anteriores, como esa ‘Red Eyes’ que hurgó en los recuerdos de tantos y que de alguna manera marcaría el momento álgido de la actuación. La propia inercia del directo nos llevó hasta donde ellos quisieron, sin prisa pero sin pausa, y dejando la inevitable sensación de que una hora es muy poco tiempo para ver un grupo como The War on Drugs. [Màrius Riba]

FEVER RAY

Al borde de la media noche en el escenario Primavera aparecía Karin Dreijer, aka Fever Ray, escoltada por cinco chicas vestidas todas ellas como en su videoclip para ‘IDK About You’ y con ganas de revolucionar al personal valiéndose de la mayor parte de “Plunge”, su segundo álbum. Con una escenografía sencilla bañada en luces neón compensada con sus bailes y energía sobre las tablas, Fever Ray invitó al público a unirse a particular fiesta y pocos fueron los que se quedaron al margen. Como una especie de rave queer envuelta en ritmos tribales y con protesta política y feminista incluida, fue uno de los conciertos más locos y divertidos de esta edición. [Cristina Roa Garrido]

CHVRCHES

El chute de euforia de Chvrches corrió por la venas igual de bien tanto a aquellos que venían de derramar lágrimas con Nick Cave como para los que ya estaban de subidón. Daba igual. La energía de Lauren Mayberry y su banda fue contagiosa, impulsiva y sentida (en menor o mayor grado) por todos los que estábamos en el escenario Heineken. Arrancaron con ‘Get Out’, ese hit del nuevo “Love is Dead”, y la gente respondió con efectos de contoneo. La voz y la piel de Mayberry no fueron las únicas en brillar: en ‘Under the Tide’, Martyn Doherty sacó la bestia que tenía dentro para dejarnos con un número vital. En general, su directo dejó sensación de complicidad y compenetración entre ellos, algo que seguramente explique la redondez con la que interpretaron viejas perlas como ‘Recover’ o ‘The Mother We Share’. [Màrius Riba]

NICK CAVE & AND THE BAD SEEDS

Nick Cave and The Bad Seeds no suelen fallan en directo, pero esta vez ni arrollaron como hace cinco años, ni estremecieron como hace cuatro en el Auditori. No han cambiado su puesta en escena, la voz, el carisma y las habilidades musicales de los australianos continúan intactas pero ya no sorprenden. A pesar de ello, era la actuación más esperada por el público de mediana edad del Primavera.

Teatral y carismático como es habitual, Cave recuperó durante el primer tramo de concierto temas difíciles de escuchar en sus giras como Loverman y Come Into My Sleep, y no tuvo miramientos a la hora de enlazar The Mercy Seat con Red Right Hand. Fue en ese preciso momento, cuando el show alcanzaba el clímax, que Cave decidió darle aire a los temas del último disco. Desafortunadamente, Skeleton Tree es un trabajo introspectivo con el que cuesta conectar en directo cuando te rodean más de veinte mil personas que te empujan para salir, entrar, que hablan a gritos o te tiran cerveza por los pies. Bienaventurados sean los que tengan la ocasión de disfrutar de ellos en sala.

La banda remontó el vuelo con Deanna y esa versión más acelerada y punk de Jubilee Street,  que supura odio y rabia, muy lejos de su preciosa contención en disco, y que va camino de convertirse en otro clásico de la banda. Y entonces, llegó el momento de la vergüenza ajena. Durante Stagger Lee, el escenario comenzó a inundarse de público. Cave les invitó a subir, a adorar al mesías, o sea, a él. Mientras el australiano narraba el asesinato de Billy Lyons, se sucedían las caras de estupefacción entre el público por estar viviendo tal privilegiado momento y sus intentos de cantar una letra que no se conocen. Adiós, magia del momento. Adiós, momento de comunión. La despedida fue con Push The Sky Away, como viene siendo habitual en los últimos años, y con la presencia de un participante en un reality show en el escenario, emocionado por darle la mano a su ídolo. Y a pesar de saber que Nick Cave es mortal, egocéntrico y megalomaníaco, nunca creí que iba a vivir la evidencia en directo de una forma tan mediocre. [Lidia Lombardía]

VIERNES

THE BREEDERS

Kim Deal. Ya solo su presencia justifica tomar el camino de Mordor, en horas intempestivamente soleadas. Kelley Deal. Por partida doble. Su voz de sonido angelical pero calado navajero, se reúne de nuevo con los compañeros con los que conquistaron el mundo, sin quererlo, por un instante. Sí, la formación del Last Splash, con Josephine Wiggs y Jim Macpherson. Pero lo suyo, si bien esporádico en sus apariciones, no es nostálgico. El repaso por su más que notable nuevo disco All Nerve, fue extensivo. Su tono crepuscular y el espacio que generan algunos de sus temas como ‘All Nerve’, ‘Spacewoman’ o ‘MetaGoth’, combinaron muy bien con los más rítmicos del Last Splash, del que cayeron más de la mitad, con la clásica ‘Cannonball’, activando un público contemplativo y atento ante el derroche austero de carisma involuntario de Kim y su hermana. Ellas, entre chascarrillos familiares y la primera pidiendo a la audiencia si tenían droga, siguen con su apariencia indie noventera a sus cincuenta largos y dentaduras sospechosamente brillantes. Máximo respeto. Incluso una “versión” de ‘Gigantic’ entró en el setlist, en el que el resto de su repertorio tuvo mínima o nula presencia. El sonido, muy correcto, su esencia, intacta. El escenario, demasiado grande. La hora, muy temprana. [Nil Rubió]

MOGWAI

Con Cat Myers a la batería y un juego de luces acorde con su música, Mogwai saben dónde vienen a tocar y lo que la gente quiere escuchar. El setlist que presentaron en el Primavera Apple Music fue bastante equilibrado: comenzaron con una ‘Hunted by a Freak’ que puso en órbita a todos los asistentes, luego tiraron más de nuevos temas como ‘Crossing the Road Material’ y ‘Party in the Dark’, que cuentan con más presencia de sintetizadores que de guitarras. ‘Rano Pano’ y ‘I’m Jim Morrison, I’m Dead’ hacían estallar al público, pero las que verdaderamente encendieron el show fueron la mítica ‘Auto Rock’ y sobretodo ‘Mogwai Fear Satan’, que hizo entrar en un verdadero trance a los que estábamos allí con los ojos cerrados, sintiendo la potencia y las progresiones del clásico del quinteto. Son tan pocas las veces que se ha visto un público así callado en el festival que hasta ponía los pelos de punta.

Por supuesto no faltaron ‘Remurdered’ y alguna otra del nuevo disco que se confunde con la BSO de Les Revenants. La dispersa y anárquica ‘Old Poisons’ cerraba un setlist más correcto que lo que presentaron en 2017 aunque tampoco alcanzó lo que puede hacer una banda como Mogwai en sala. Pero como los queremos más que a la vida, valió la pena sacrificar la voz seductora de Berninger para dejarse las cervicales durante una hora. [Sebastián Rosas]

FATHER JOHN MISTY

Hacía poco más de medio año que Father John Misty visitó Barcelona, pero un LP estrenado apenas horas antes y un pequeño arsenal de cuerdas y vientos justificaban sobradamente la presencia de nuestro politoxicómano a tiempo parcial favorito. La estructura estubo bien jugada con un hits-nuevas-hits de manual, habiendo ya alcanzado un balance de sonido óptimo en ‘Disappointing Diamonds Are the Rarest of Them All’, primero de los cuatro cortes estrenados y baza eminentemente Tillmanesca desde ya.

La frase “Does everybody have to be the greatest story ever told?” condensa perfectamente el equilibrio entre la ironía y un certero realismo romántico que Josh Tillman ha llevado a la excelencia desde su faceta de crooner trasnochado, y en este tono seguimos hasta el final, paladeando cada deliciosa cucharada de autoconsciencia sabedores de lo muy corto que se iba a hacer esto. Para cuando ese pelazo sucumbió a los movimientos del resto de su cuerpo, el cada vez más numeroso público ya había quedado totalmente a sus pies. Más de esto ya, por favor. [Pau Ortiz]

CIGARETTES AFTER SEX

Del tórrido fornicio dream popero de Apolo a una mera polución nocturna en el Parc del Fòrum. La decepción se palpó en el ambiente tras un directo, el oficiado por el grupo de Greg González en el Primavera Sound 2018, que no se mantuvo a la altura de las expectativas depositadas en él. Pese a tratar de rascar de pe a pa el refinamiento y la delicadeza de sus sets pretéritos, con humeantes punteos y magnéticos versos, Cigarettes After Sex se toparon desde los primeros acordes de ‘Truly’ con un terrorífico panorama acústico.

Los graves sonaban quemados, por no decir calcinados, en gran parte del set, saboteando la (necesaria) inmersión absoluta en el grisáceo mundo noir de los tejanos. Cierto es que vislumbramos, y experimentamos, algún momento de quilates al sonar los compases de sus dos grandes hits (‘Nothing’s Gonna Hurt You Baby’, ‘Apocalypse’), pero ya era demasiado tarde. Las sábanas ya estaban acartonadas, y el bostezo imperaba ante la inquietante amenaza del vicio pasional. Lástima. [Pablo Porcar]

LIFT TO EXPERIENCE

Que Car Seat Headrest es un grupazo no cabe duda, pero el solape con el primer grupo de Josh T. Pearson era uno de los dolores de cabeza del sábado y de todo el festival. Para mí no había duda: el grupo de Will Toledo será un invitado recurrente al Primavera, pero a Lift to Experience seguramente no volvamos a ver en directo en nuestras vidas, por lo que sin pensarlo los predicadores del gospel en clave post rock era de lo que más llamaba mi atención en esta calurosa jornada barcelonesa.

En tiempos de bandera, la de Texas era la protagonista en el Primavera Apple Music, junto a una calavera de buey que se erigía como mero espectador. Su disco “The Texas’ Jerusalem Crossroads”, reeditado hace poco, era la pieza a diseccionar por Pearson y cía y no defraudó para nada. Este post rock de catarsis nos peinó para atrás en una hora que se prestaba a que incluso niños disfrutaran de este concierto histórico: canciones como ‘Falling From Cloud 9’, ‘Waiting to Hit’, ‘When We Shall Touch’ y sobre todo ‘These Are The Days’ pusieron en lo alto del Olimpo este concierto que acabó con algún tambor roto de la rabia que emanan sus integrantes. Gracias Primavera por haber traído a este grupo tan desconocido pero igual de maravilloso. [Sebastián Rosas]

TY SEGALL

En su inicios, en esta casa se menospreciaba mi fanatismo por el rubio, pero después de hasta coquetear con cambiar la web a Tynaural, he logrado que la opinión sobre el californiano sea unánime y para nosotros es un must cada vez que pisa suelo patrio. Digan lo que digan su curriculum lo respalda, y es que es capaz de conseguir clavar a la perfección cualquier cosa que se propone. Comenzaba el concierto con un viejo clásico de “Slaughterhouse” como ‘Wave Goodbye’ destapando potencia por donde puede para meterse de lleno en su último disco “Freedom’s Goblin” y su ya himno dedicado a su mascota ‘Fanny Dog’. Les siguieron ‘Squaler’ y la setentera ‘Candy Sam’ antes de retomar ese lado más bailable de ‘Every 1’s is a Winner’, mítico cover de Hot Chocolate con el que empezó a dejar un poco atrás su garage inicial abrazando más el rock en todas sus facetas. La fiesta seguía con el funk de ‘Despoiler of Cadaver’ y un Mikal que se hace cargo de la banda a pesar de los riffs de su compadre. ‘Warm Hands (Freedom Returned)’ me mandó como un cohete hacia las primera filas. ‘My Lady’s On Fire’, ‘Alta’, ‘Caesar’ de su ya mítico disco “Melted” y ‘Love Fuzz’ de su ya antiguo “Twins” ponía fin a una masterclass de rock clásico y uno de los mejores conciertos del festival. [Sebastián Rosas]

THE NATIONAL

Tan rodados están The National que en el lapso de esta última década han llegado a conocer al detalle sus limitaciones, sus vicios e incluso también sus manías. Ahora, entre otros asuntos, ya saben cuÁndo se pasan con el vinito (ese Matt…) y cómo deben modelar sus setlists con meticulosidad para no hastiar al gran público. El concierto orquestado en el Primavera Sound fue una muestra más de cómo el grupo de Cincinnati sabe operar como un reloj suizo cuando el contexto y las circunstancias lo requieren. En un escenario aparentemente ingobernable como el Mango, Matt Berninger agarró el timón del navío para brindarnos una hora y cuarto de exquisita precisión melódica. Sin bandazos ni situaciones que tendiesen al grupo a ir a la deriva, todo parecía encajar y también irradiar calor en el océano cenizoso de The National.

Frente a visuales codificadas en clave VHS, el quinteto estadounidense ejecutó un milimetrado show en el que se optó por acotar las sensaciones más viscerales (¿dónde quedó ‘Turtleneck’?), con la intención de trazar líneas de fuga hacia nuevas horizontes (‘Walk It Back’). Aaron Dessner demostró, una vez más, puro virtuosismo guitarrero en ‘The System Only Dreams In Total Darkness’ y la implacable sección de viento consiguió brillar con su aportación en ‘Fake Empire’. Los clásicos sonaron más potentes que nunca (‘Terrible Love’, ‘Bloodbuzz Ohio’) y para la tumba nos llevamos la interpretación del tema de cierre; un ‘About Today’ dedicado al fallecido cantante de Frightened Rabbit, y ornamentado de forma bellísima por los estilizados coros de la audiencia. Pese a que ‘Mr. November’ no gozó del magnetismo cosechado en el PS 2014, este fue, de lejos, el mejor concierto hilvanado por The National en la ciudad condal. Otra muesca más en su revólver. [Pablo Porcar]


IDLES

Este es el mejor festival en el que he estado” – trasladaba un sonriente Joe Talbot al gentío agolpado en el escenario adidas. No era un mero comentario “bienqueda”; Talbot lleva prácticamente un lustro pisando el Primavera Sound como un mero mortal más. Como tú, como yo, peregrinando desde Mordor a horas intempestivas y rogando por una dosis de lúpulo tras quemar las suelas de los zapatos con Oh Sees.

Se notaba que era un día memorable para él, y también para su grupo. IDLES aterrizaban por primera vez en Barcelona para demostrar el porqué su de su creciente estatus en el Reino Unido. Lejos de verse superados por la presión del momento, los de Bristol arrollaron sin cuartel con un directo trepidante, intimidador y martilleante hasta decir basta. Arrancaron el show con ‘Heel / Heal’ y ‘Faith In The City’, pero fue con ‘Mother’ cuando las primeras filas empezaron a arremolinarse. Entre codazos, pisotones y olor a sudor, el público sucumbía irremediablemente ante los protegidos de Partisan Records, tanto por la contundencia de su lascivo post punk como por su circense y asimétrica puesta en escena. Los británicos azotaron nuestras sienes con los rasguidos inherentes a ‘Samaritans’, para poco después sumergirnos en un pozo con los ennegrecidos y extremadamente pesados riffs de ‘Divide & Conquer’. ‘Danny Nedelko’ puso la nota más festiva en un frenético setlist cuyo clímax se alcanzó con ‘Rottweiler’ y un memorable wall of death final (probablemente el más grande que hemos visto jamás en la adidas). Moratones, tímpanos perforados, simpáticos homenajes a nuestro querido Biff Jeff… ¿quién dijo hype?

SÁBADO

CAR SEAT HEADREST

Will Toledo y su banda cargaban con la responsabilidad de inaugurar la jornada en uno de los escenarios más grandes y alejados del recinto del Parc del Fòrum. Aún así, y sin una sombra bajo la que refugiarnos de ese sol abrasador que bañaba la explanaba y pugnaba por derretirnos o provocarnos una insolación, no fuimos pocos los que nos desplazamos hasta allí para volver a ver a la banda tras su paso por el festival en 2016.

Toledo arrancó su directo con una cover de Talking Heads (“Crosseyed and Painless”) y desde el primer segundo el público se metió en el concierto para no dejar de saltar en las primeras filas. Aunque fuera una actuación corta -apenas duró 45 minutos-, el indie rock canónico de los de Virginia brilló mucho más que hace dos años, tanto por el buen sonido como por la actitud y descaro que desprendían. [Cristina Roa Garrido]

LYKKE LI

Escasas son las solistas del mundo alternativo que saben lidiar con el título de “diva” sin que les tiemble el pulso. Y no me refiero en términos de magnitud mediática, sino en unos derroteros más relativos a la actitud frente al gran gentío. Hablo de “seguridad escénica”, o lo que es lo mismo: la habilidad de un artista para no perder el tipo, y el porte, incluso en la peor de las situaciones.

Lykke Li es una de las pocas artistas de pop independiente que gozan de aquella “mirada del tigre” de la que tanto habló Loquillo en su día. La sueca demostró en el Primavera Sound que continúa sin necesidad de recurrir a pirotecnia técnica para saber conquistar a su público. Acercando su estética hacia un registro más ciberfuturista que el expuesto en antaño, Li Lykke Timothej presentó un setlist integrado, en gran medida, por piezas de sus dos últimas referencias. El directo, preciso hasta decir basta, corroboró toda sospecha; pese a haber dado un comedido paso hacia al urban con “so sad, so sexy”, herméticas joyas como ‘deep end’ o ‘hard rain’ cohesionaban de fábula con obras de carácter más clásico como ‘Little Bit’ o ‘No Rest For The Wicked’. Puede que la melena color carbón haya virado hacia a una dorada cabellera de tono oxigenado, pero las sensaciones descritas son agradablemente las mismas que en su directo en el Sónar Festival 2014. Lykke afina cuando ha de afinar (‘Just Like A Dream’), y se muestra desafiante cuando toca enseñar las garras (‘Gunshot’). Todo en su sitio.

Ah, y existió sorpresa final en el efectista directo. Tras articular las bellas formas de su mayor hit (‘I Follow Rivers’), la escandinava cerró el set incitando el alzamiento de mecheros con ‘utopia’, edulcorada nueva balada dedicada a su fallecida madre, y también a su pequeño hijo. Bella forma de priorizar la calidez sentimental por encima del anhelo rompepistas. Más que una diva es nuestra coetana diva. La terrenal. La mortal. No levita, al menos de momento, y eso es digno de elogio. [Pablo Porcar]

ROLLING BLACKOUTS COASTAL FEVER

El quinteto de Melbourne de apariencia concorde a sus orígenes geográficos y musicales, se destapó como una de las sorpresas más agradables y divertidas del escenario Adidas. Con su primer disco a punto de salir, su breve setlist incluyó un poco de sus dos anteriores EPs, y los singles hasta ahora conocidos del álbum, Hope Downs, pero demostraron un directo mucho más vigoroso y adictivo que lo ofrecido desde un estudio. Su indie rock se mostró trepidante, con los guitarristas inmersos en un frenesí de riffs y fraseos, entre el constante palpitar rítmico, contagiosos a más no poder para un público que lo pasó en grande, rebosando hasta la escalera contigua entre la brisa marítima de un atardecer nada malo. Con canciones como ‘Mainland’, ‘Julie’s Place’, ‘Talkin Straight’ o ‘An Air Conditioned Man’, tienen todo nuestro interés. [Nil Rubió]

SLOWDIVE

Uno pensaba que habiéndolos visto en Apolo hace un par de meses iba preparado. No, no lo iba. Porque lo que hicieron Slowdive no tiene fácil asimilación. Porque en una hora hicieron con más fuerza y maestría lo que ya habían hecho de forma impecable en dos; porque las miradas que se dedicaban amigos y desconocidos entre el público no eran (solo) de felicidad y disfrute, eran de puro asombro. “¿De verdad esto está sonando así? ¿La música PUEDE sonar así?”, parecían decir. Sí, puede. Cuando cinco santos músicos como Rachel Goswell, Neil Halstead, Christian Savill, Nich Chaplin y Simon Scott (Wikipedia, no me falles) se reúnen sobre un escenario, las líneas del talento artístico y de la profesionalidad se cruzan en un punto transcendente donde armonías, delays, y reverbs construyen un refugio sonoro del que uno no querría salir jamás. Cuando el último acorde de ‘Golden Hair’ se desvaneció en el aire, nada más debería haber sonado en el Parc del Fòrum. Porque mejor que eso no se puede. [Pau Ortiz]

ARCTIC MONKEYS

Alex Turner primero pisó las húmedas calles de Sheffield, para poco después freírse bajo el sol de Palm Desert. Tras sufrir el sofoco de un tórrido desengaño amoroso en plena noche angelina, el de Sheffield puso recientemente rumbo a la luna con “Tranquility Base Hotel & Casino”, polémico sexto trabajo de Arctic Monkeys cuya lánguida textura “Gainsbourgniana” ha provocado un autentico cisma tanto dentro como fuera de su fanbase.

Dicha polaridad de opiniones, tan aparentemente intrínseca en esta nueva etapa de los británicos, también está presente de forma activa en la recepción de sus últimos directos. Y más aún en los hilados en festivales, con Turner dispuesto a generar auténticos cortocircuitos mentales con una bravura (¿o será indecencia?) no muy habitual en ciertas esferas comerciales.

Me explico: el directo de Arctic Monkeys en el Primavera Sound no fue, para nada, un directo al uso de los AM de antaño. Lejos de tirar de “greatest hits” y buscar el K.O técnico de forma irracional, los monos del ártico jugaron de entrada a tirar la piedra y esconder la mano. ¿Cómo? Arrancando el set de forma implacable con un vigoroso trío de singles electrizados (‘Four Out Of Five’, ‘Brianstorm’, ‘Don’t Sit Down Cause I’ve Moved Your Chair’), para justo después dejarnos reposar sobre su aterciopelada butaca lunar. A partir de entonces ya vislumbramos por dónde iban a ir los tiros: AM tenían la intención de orbitar la cadencia de algunos de sus clásicos (véase el caso ‘Cornerstone’) alrededor de la batuta rítmica de su obra reciente, con una ‘Tranquility Base Hotel & Casino’ (quizás el mejor tema de la noche) empleada como punto calorífico de referencia. Esto generó en gran medida, y pese a la concreción de algún que otro chispazo espirituoso (‘Pretty Visitors’, ‘Arabella’), de una sinuosidad y un “slow motion” melódico insólito en giras pretéritas. Una rupturista medida de lo más discutible, especialmente al entender el festivo contexto del Primavera, y la escasa representación del último LP en el setlist barcelonés (sólo 5 de los 17 temas hilvanados surgían de él). Por atreverse Turner incluso se atrevió a escoger la alicaída ‘Batphone’ como primer tema a interpretar en un bis rubricado con ‘The View From Afternoon’ y ‘R U Mine?’. Un “mindfuck” en toda regla.

Pantanoso donde los haya, el directo de Arctic Monkeys en el Primavera Sound 2018, con doble colaboración incluida de Cameron Avery, pareció ser sólo apto para paladares familiarizados con las ácidas tropelías de su rey midas. El resto de los asistentes quedaron completamente alienados de la ecuación, tanto por la difícil ingesta del repertorio propuesto como por una acústica sólo adecuada para los mejor ubicados en el recinto.¿Obra maestra del sabotaje consciente? ¿O fatídico movimiento experimental? A negro, o a rojo. Tú decidirás hacia dónde se ha orquestado la jugada.[Pablo Porcar]

SUMAC

Nada mejor que pasar el inicio de la madrugada del sábado bajo toneladas de caos sonoro. Sin apelativos ni prefijos que valgan, lo de SUMAC fue metal construido desde estructuras imposibles y distorsiones infinitas, entrando en una vorágine de técnica y visceralidad que inundaba los sentidos. Decibelios aporreando la puerta de los tímpanos con radiales, bajo grasiento y sludge fustigando el pecho como una bola de demolición. ¿Cuando terminaba la tortura y empezaba el placer? Todo sucedió al mismo tiempo, desde la resistencia infinita del trío encabezado a las seis cuerdas y lo gutural por Aaron Turner (Isis), Joe Cook (Melvins, Earth, High On Fire) a las cuatro y Nick Yacyshyn a la batería, hasta la sucesión de crueldades hipnóticas. Ni la más remota idea de qué variaciones tocaron. [Nil Rubió]

DEAD CROSS

Mike Patton en sí es un reclamo, así que ya puede estar tocando en la otra punta del festival el mismísimo Alex Turner y sus Arctic Monkeys, que lo del ex Faith No More es digno de Guiness, o Fantômas, Mr. Bungle, Mondo Cane, Tomahawk o cualquiera de sus proyectos si que lo hacen uno de los amos y señores del rock. Su voz a los 50 años sigue intacta como lo demostró en la noche del sábado. Y si a eso le sumas la apisonadora de tener a un batería como Dave Lombardo (Slayer, Suicidal Tendencies) en los platos, la cita es un super match.

Dead Cross no es su mejor proyecto, o al menos no de mis favoritos, pero la potencia con la que sonaban no era de este planeta – al menos hasta el bolo de Sumac – y durante 45 minutos, mucho menos de los estaba previsto, lo del cuarteto fue de una potencia ensordecedora. Tampoco tienen mucho más, salvo su LP y el nuevo EP editado todo entre 2017 y 2018. Canciones como Seizure and Desist, Idiopathic, Obedience School, un cover de Bauhaus como el Bela Lugosi’s Dead, Grave Slave o Gag Reflex son suficientes para remover hasta el más fuerte. Lombardo es el amo y señor de este grupo, por más que la personalidad de Patton sea magnética y su español mexicanizado nos haga sacar una sonrisa. La batería de “David, el rey de los bomberos” está más presente que otra cosa y el hardcore, aún con un escenario mitad vacío – por culpa de los de Sheffield – hace tanto ruido que ocupa el espacio que sea. [Sebastián Rosas]

Fotografías: Jèssica Ferrerons (Binaural), Primavera Sound (Warpaint, Spiritualized, Car Seat Headrest, Slowdive, Dead Cross Rolling Blackouts Coastal Fever)
Texto: Sebastián Rosas, Nil Rubió, Lidia Lombardía, Cristina Roa Garrido, Màrius Riba, Pau Ortiz, Pablo Porcar.

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