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[Crónica] Rosalía en Barcelona (Primavera Sound 2019)

La delgada frontera que distingue un show emocionante de uno catártico no es tan fácil de superar, incluso siendo una estrella mundial del pop, sabedora de que, haga lo que haga, el público aclamará por defecto. No es una cuestión de superproducción (que algunas suplen tan bien, como pudimos ver con Kali Uchis), ni de discursos que llamen a la acción, ni siquiera va de interpretar hits atómicos bombardeando el cielo de confeti. Inherente a la actitud, hay una cuestión de credibilidad, de estar escuchando a una artista como Rosalía, y conectar sin fisuras, porque te la crees, y, por ende, te cala hondo. Sin duda, el concierto de ayer en el escenario Pull & Bear del Primavera Sound 2019, que congregó a toda la multitud posible, y donde la gente se arremolinó a los laterales para pillar un hueco digno como pudo , concentraba toda la expectación de esta edición. Era la reválida. De alguna manera, el día en que la “cantaora” catalana de formación flamenca iba a ratificar en Barcelona el fenómeno del «El Mal Querer«. Un fenómeno que este año no nos ha dejado vivir.

Humanismo, naturalidad y poder escénico: tres elementos que marcaron la diferencia. Lo especial no fue ver a James Blake saltar a la pista (ya en el tema 3 y tras dar el pistoletazo de salida con una extasiada ‘PIENSO EN TU MIRÁ‘) , sino esa química perceptible entre los dos. El abrazo sincero de dos amigos al zanjar ‘Barefoot In The Park‘. O la complacencia de estar interpretando «una de las canciones favoritas en las que había participado«, como dijo Rosalía.

Con una emoción casi descarriada abordó ‘Catalina‘, difícil de describir sobre el papel. La cantaora casi rompía a llorar. Su dominio de los silencios convocaba esa catarsis de la que hablaba, tan difícil de traer. Luego, las bulerías, las palmas y el griterío palpable en ‘QUE NO SALGA LA LUNA‘ , que reforzó con bailaoras enfundadas en trajes flamencos, fue una auténtica exhibición de presencia y de cómo imponer delante de decenas de miles de personas.

La máxima expresión de la idea «poder escénico». Como muestra de proximidad y atención al público, los discursos de la catalana fueron constantes, pero concisos y espontáneos. Si bien el show estuvo magistralmente estudiado (control absoluto del termómetro de pulsaciones y coherencia en el setlist), los diálogos, que casi siempre integraban a «Barcelona» en primer lugar, no se notaron nada empollados. Otra muestra de naturalidad y cercanía fue la proyección en pantalla (ya en un tramo avanzado de la cita) de un vídeo selfie grabado a ella misma algunos años atrás. Posando, presumiendo, como cualquier fan suya, que se vería reflejada en ella. Fueron pequeños gestos, pero en ningún caso baladí: con cada uno de ellos conectamos con la figura genial de Rosalía. Y nos la creímos.

Sin embargo, un show de estas características no solo se fundamenta en una relación pura entre público/artista. La dinámica, como ya he comentado antes, también fue determinante. ‘De Madrugá‘, ese tema que fans acérrimos quienes la hubieran visto en directo más de una vez «seguro que conocían«, se aventuraba Rosalía, armó tanto jaleo como una ‘BAGDAD‘ en la que lució especialmente en los sobreagudos del estribillo. Con ‘MALDICIÓN‘ no hizo el mismo derroche, aunque sí en ‘A NINGÚN HOMBRE‘, inmaculada y henchida de poder. Decir que el último bloque de temas, de vocación más comercial, como ‘Brillo‘ o ‘Con Altura‘ (donde colabora J Balvin) marcaron el subidón, no sería del todo cierto. No se identificó un clímax concreto, aunque por otra parte sí subió la temperatura del termómetro, variando con toda la intención del mundo la dinámica del concierto. Invitando al olé y pidiendo a todas las chicas del público que levantaran sus manos para enseñar las uñas (como ella dice, son un arma y símbolo de feminidad), introdujo ‘Aute Cuture’, que precedería el trá trá, la esencial ‘MALAMENTE‘, éxito comercial.

Las sonrisas honestas se detectan y las canciones tocadas desde las entrañas nunca puede dejar lugar a la duda. Insisto, en Rosalía no ganaron los hits, ni las coreografías clavadas, ni el sonido en general, que desde el ala izquierda de la pista me pareció bastante abrumador. Ganó la química, la emoción pura, el talento (en este caso reafirmado), y con ellos, la grandeza de una artista que, siendo honesto yo también, fue un paso más allá de lo esperado.

Fotografías: Kevin Zammit
Texto: Màrius Riba

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
Comunicación y marketing digital. Sin música no seguiría aquí. Así pues, sobreviviendo| Twitter: @MariusRiba

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