Crónica

[Crónica] Rosalía en Mad Cool 2019

Siendo honestos, poca sorpresa puede provocar a estas alturas el show total de Rosalía. Viene de hacerlo “con altura” en el Primavera Sound, con honores de cabeza de cartel y a la luz de la luna, que decora mejor un espectáculo colorista y lleno de brillo, pero tampoco han sido secreto en estos tiempos de stories de Instagram sus conciertos por América y Europa (Lollapalooza, Coachella, Werchter o Glastonbury incluidos) y toda esa manga de temas que tiene por sacar y que la gente se sabe casi al nivel de “El Mal Querer”. No hay sorpresa, el setlist es prácticamente clavado y la puesta en escena es una máquina de relojería suiza que no deja rincón alguno a la improvisación y que se comporta rígida, certera como un francotirador. Y qué.

A La Rosalía se le puede ir el sonido, como ocurrió en los dos primeros temas (‘Pienso En Tu Mirá’, deslucidísima, con la catalana algo confusa entre carraspeos de micrófono, y la inédita ‘Como Ali’), que no cambia el guion y mantiene el tipo como puede hasta que llega la calma en ‘Barefoot In The Park’. ‘De Madrugá’ enciende la mecha y a partir de ahí ya no hay discusión. El de Rosalía Vila es uno de los mejores espectáculos musicales que se puede disfrutar ahora mismo, en el difícil (muchas veces imposible) encabalgamiento de un show de auditorio y un fiestón de festival. Si en el Primavera Sound la vimos mucho más hierática, quizá más presionada por arrancar estos conciertos de máxima audiencia y mucho más concentrada, en el Mad Cool notamos su rodaje, cómo va creciendo su manera de conectar con el público, además de un excelente estado de humor. Bromeó con un acapella y acabó haciéndoselo por ‘Fucking Money Man’, esa rumba electrónica deconstruida y en catalán que ha lanzado hace apenas una semana, avisando de un ‘Catalina’ que sigue poniendo los pelos de punta allá por donde va, que sigue arrancando alguna lágrima, que la muestra rasgada, demoledora, flamenca. Técnica y cálida a la vez. Inmaculada.

No hay sorpresa pero qué más da. La sorpresa es la perfección de un show que a día de hoy no conoce límites y que sigue liberando más y más a una Rosalía incandescente. No hay sorpresa en cómo las coristas y los Mellis disfrutan por bulerías en ‘Que No Salga La Luna’ o por jaleos en ‘Santería’, en cómo las bailarinas clavan cada paso de forma milimétrica, le sustentan el micro y la rodean o se apartan para dejarle unos focos que acapara y suelta con pasmosa naturalidad. No hay sorpresa en la parte más solemne de “El Mal Querer”, con ‘Maldición’, ‘A Ningún Hombre’ o ‘De Aquí No Sales’, cada una con su visual perfectamente diseñado, con su contundencia, con su gravedad. Con los efectos en las voces, con los juegos. Quizá a los más desprevenidos sí sorprenda cómo consigue entrelazar inteligentemente tanta hondura con pasajes más electrónicos, rítmicos… cómo suelta de pronto una versión trap del ‘Te Estoy Amando Locamente’, se funde en “olés” de global bass y se hace un dembow lento en ‘Lo Presiento’. Cómo es capaz de tenerlos a todos cantando y después silenciar a una explanada.

Pero no es verdad: ya nadie puede sorprenderse. Solo rendirse, como lo hace todo el Mad Cool a un caramelo de pop con todas las comillas del mundo en forma de tanguillos como es ‘Di Mi Nombre’. Como lo hacen muchos corazones a ‘Bagdad’, ese r&b grotesco y artificializado que de repente adquiere proporciones celestiales, o a una ‘Brillo’ que parecía pequeña y que cada día se hace más grande, como su dueña (y su dueño, por qué no). Como lo hace el mundo entero al reggaeton de ‘Con  Altura’, la joya de una corona que ostentan J Balvin y Bad Bunny (olvídense de líneas rojas, señores de Mad Cool) y probablemente la canción del verano, sino del año.

Diva de las masas y cada vez en mayor control, Rosalía se baja al público a juguetear antes de arrancarse por ‘Aute Cuture’, el hit que merecen sus directos, y mientras se despide con honores le recuerda a todo el mundo que todavía falta ‘Malamente’. No hay pegas para un espejo de belleza absoluta que se refleja en todas las pistas igual. No puede haberlas. Tenemos una estrella en casa y a veces parece que no queremos verlo, pero la verán brillar en todas sus pantallas. Con altura. Quieran o no.

Madre mía, Rosalía, bájalo.

Texto: Diego Rubio
Fotografías: Sergio Morales (Binaural.es)

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