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[Crónica] Royal Blood en Barcelona (octubre de 2017)

royal blood barcelona

Para qué negarlo, afrontaba el concierto de Royal Blood con reservas. El dúo de Brighton emergió estruendosamente hace tres años con un debut potente, afilado, lleno en casi su totalidad de riffs tan obvios como incontestables, bebiendo de las fuentes del blues rock y el hard rock. Les valió el elogio de gente como el mismo Jimmy Page. Siete o ocho canciones que devolvían al mainstream británico rock reminiscente del que se había fraguado décadas atrás en las islas. Mike Kerr y Ben Thatcher se descubrieron como una de las revelaciones de año, el primero con un bajo al que sacaba riffs y pulsaciones por doquier, y el segundo con una batería que propulsaba al otro y rellenaba todos los huecos que pudiesen quedar. Ayer por la noche se presentaban en el Sant Jordi Club consagrados en su popularidad – menor por estas tierras, menos de la mitad de aforo -, con el rodaje y las mieles del éxito probadas, y un segundo disco “How Did We Get So Dark?”, mucho más llano, donde la ausencia de canciones de calado, más allá de su dinámica instrumental, se hace más evidente.

Antes conoceríamos a unos vecinos del propio Brighton que se han llevado de gira. Black Honey, un cuarteto más convencional, dispar en sus canciones en lo que refiere a estilo, claramente británicos en su esencia, pero que dejaron intuir que poseen mimbres para ser algo importante. Izzy Baxter es la fuerza que domina el directo con su voz dúctil y arrolladora, que pasa de frontwoman del rock de los noventa, a ecos country, pop sencillo… con una apariencia de Nancy Sinatra de barrio guitarra en mano. Sus compañeros la envuelven en sonidos entre el showgaze intenso y rock al trote, donde las melodías priman. Canciones como ‘Somebody Better’, ‘Corrine’. ‘All My Pride’ o ‘Hello Today’ son buena prueba de ello. El año próximo tendremos su primer álbum.

Media hora nos separó de Royal Blood, que con puntualidad aparecieron al escenario, simple pero adaptado a un dúo de su estatus actual, con cascada de luz rodeando un podio central en el que aparecían de forma intermitente dos coristas para acompañar los temas de su nuevo disco, con Kerr y Thatcher flanqueando el escenario. A la primera demostraron que técnicamente el concierto iba a ser impecable. La dinámica entre los dos no tiene fisuras, y la destreza al bajo de Kerr, junto al apoyo tecnológico que permite a su bajo expresarse en tantos registros, y hasta en más de uno a la vez, da la impresión de estar escuchando a una banda más numerosa. Impactan sonoramente y aprietan mucho más que otros. La facilidad y precisión con la que tocan es encomiable, así como la voz de Kerr, que no flaquea en ningún momento. Dos muy buenos músicos.

El concierto estuvo presidido en un inicio por el reciente álbum, empezando con la homónima, ‘How Did We Get So Dark?’, sonando más llena y potente que en disco. Algo que pasó con la mayor parte de los cortes de éste como ‘Lights Out’, ‘I Only Lie When I Love You’ o ‘Hook, Line & Sinker’, que presentaron con ímpetu, pero que su naturaleza menos revolucionada bajó demasiado el ritmo en algunos momentos, cuando la gente más caliente estaba por escuchar sus mejores temas, los del primer álbum, que fueron recibidos con éxtasis cuando aparecieron. Se tardó a escuchar el primero, ‘Come On Over’, ‘You Can Be So Cruel’ poco después ‘Little Monster’ y con cada uno se respondió entre gritos de aprobación y brazos en alto, con la mirada cómplice de los grupos de amigos entre ellos, como si ya de un álbum clásico hablaran. Un hito que les costará igualar. Y es que la vacuidad de muchas de sus canciones no entiende de lo que realmente fue el show y donde adquieren su verdadero significado, en el puro disfrute del rock más fácil e inmediato, de pedal y headbanging, algo en lo que sobresalen.

Los temas más curvilíneos de su último disco, ‘She’s Creeping’ o ‘Hole In Your Heart’ -con Kerr alternando bajo y teclado- dejaron paso al rush final, en el que los riffs de grosor pornográfico se volvieron a imponer con una imponente y pesada ‘Figure It Out’, que dio paso a los bises, ‘Ten Tonne Skeleton’ y un final con Thatcher bajando y subiéndose al público, llegando a ‘Out Of The Black’ que alargaron hasta la extenuación y disfrute colectivo. Sustentados en su técnica, el impacto de su primer disco, y la seguridad con la que se desempeñan, han desarrollado un sentido del espectáculo a base de entrega y una colección de riffs que garantizan que a nivel de directo, la casi media hora que desempeñaron, fuera un más que convincente ejercicio de rock. Aquí radica la función y virtud de Royal Blood.

Texto | Nil Rubió
Fotografías | Jessica Ferrerons

Nil Rubió
el autorNil Rubió
Periodista y sociólogo, escribe sobre música allí donde le dejan. Fuera de un concierto es alguien alienado. Un pogo sudoroso, un riff de Page o Iommi, olor a amplificador quemado, una melodía que te erice el vello, el "White Album", Strummer y Joey Ramone. Twitter: @nilruf | Web: www.nilrubio.com

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