Crónica

[Crónica] Secret VIDA 2019

secret vida 2019

Hay algo de los festivales que empieza antes que el propio festival, eso que nos produce nervios, alegrías y hasta taquicardias por los solapes. Exacto, el line-up. Y mientras que nos desvivimos por estos meses antes de la fecha soñada, el Secret VIDA va a su bola y te dice oye que nada, que aquí tienes unos dibujitos, que son el line-up.

A primera vista esto podría parecernos una locura, un suicidio, un motivo para no gastar nuestros ahorros conseguidos en trabajos precarios. Pero lejos de las dinámicas habituales, el Secret Vida es tan consciente de sí mismo y de su público que es una genialidad.  ¿Y por qué os cuento esta aparente contradicción? Pues básicamente porque es uno de los festivales que más cuesta convencer a tus amigos de ir. Pero teniendo en cuenta su precio reducido y el morbo que da el hecho de que salga una banda de la parra en el escenario, aquellos que quieren decir lo de “yo estuve ahí cuando”, o simplemente les gusta una buena fiesta indoors, acaban siempre apuntándose. Así que un mes antes en lugar de estar emocionados por los nombres parecíamos jugar una especie de Cluedo con los dibujitos, pero se va.

Así que el 7 y 8 de diciembre, después de echar las quinielas -en la que puedo decir que solo acerté tres bandas- nos fuimos a perder por la carretera de Sant Pere de Ribes. Y ahí, en medio de la nada de la Costa Daurada, la Finca Mas Solers. Un edificio señorial con fuente y lucecitas nos esperaba con una copita gratis.

Este año toda las actuaciones del festival transcurrieron en la sala principal de la finca. Un pasillo de espejos para llegar, moqueta roja, barras en otros niveles y una lámpara de araña. Cómo acertadamente describió uno de los artistas de la primera jornada, estábamos en la sala de las orgías de Eyes Wide Shut pero versión Mediaset; una delicia para todo amante de la elegancia kitsch que en su día casi no fue decadente.

En el escenario aparece el icónico Ángel Carmona quien fue el maestro de ceremonias durante todo el festival. Y en eso que dudas si él ya se ha tomado tres copas gratis en lugar de una, introdujo el festival como una cata musical o lo que es lo mismo, que ni Wilco ni Mac Demarco están detrás de las cortinas, que esto es mucho menos mainstream. Las cortinas se apartan por primera vez y queda inaugurado el festival. Maria Rodés y su banda son los encargados de encarnar las burbujitas del line up que nos encandiló con su pop autobiográfico y sincero. Su voz dulce y suave dio poco a poco la bienvenida a los asistentes más rezagados y sus metáforas oníricas ganaron más de un seguidor entre el público.

Cambio de escenario. Sale Carmona otra vez,  ahora ya si copa en mano, como tiene que ser. Y después de una bromilla sobre el consumo de estupefacientes y la moqueta que todos teníamos en mente, presenta al proyecto de la irlandesa Naomi Hamilton, Jealous of The Birds. Por la reacción del público, ninguno de los asistentes conocía la propuesta pero a la la tercera canción el publico ya estaba ganado con su propuesta a base de guitarras alternativas.

Le siguió uno de los platos fuertes de la noche. Villagers aparecieron sobre el escenario Estrella Damm pasadas las ocho horas para enamorarnos con su folk nostálgico. Fue uno de esos conciertos en los que si estás un poco triste, tienes sentimientos o has pasado por una etapa de buscar en pinterest inspiración otoñal, probablemente se te escape una lagrimilla.  Al final del concierto llegó la hora de cenar. Esto siempre es un handicap para la banda que va a salir porque el asistente ha de escoger entre algo que no conoce o irse a meter un hot dog entre pecho y espalda en la zona de food trucks donde había una chimenea más grande que mi habitación. Pero mi pregunta es, ¿quién quiere comer cuando el siguiente grupo es Fur? Evidentemente yo no. La banda de aires sesenteros venida desde Brighton nos hizo contonearnos fuerte con su rock pegadizo. El highlight llegó cuando tocaron ‘If You Know That I’m Lonely’ y ni el más escéptico al peinado del cantante pudo resistirse a mover los pies.

El listón estaba alto. El dibujito que tocaba ahora era un meteorito, lo cual o era absurdamente evidente y era una de las mejores bandas catalanas actuales o nos venía algo totalmente inesperado. La suerte estaba echada y al correrse las cortinas apareció el que sería el gran triunfo de la noche. MANEL. Lo pongo en mayúsculas porque el concierto que dieron fue muy grande. Una mezcla perfecta entre su nuevo álbum «Per la bona gent» y sus grandes temas de siempre. Los hits se sucedieron uno tras otro. La banda logró demostrar que han sabido trascender más allá del ukelele de sus inicios para dominar los samplers, las distorsiones y las guitarras más rockeras. Tanto, que hasta nos regalaron una versión de discoteca vacía preciosa de ‘Captatio Benevolentiae’. No pudo faltar ‘Sabotatge’, con la que cerraron el concierto, dejándonos a todos de rodillas ante su impecable concierto y la noticia que serían uno de los cabezas de cartel del Vida Festival 2020.

Le siguió el pulso a la noche Egosex con una propuesta mucho más performática que todas las anteriores. Su electrónica atmosférica de tintes africanos nos transportó a un mundo de sensualidad y hedonismo que transformó el antiguo casino en un espacio que nos cargó de energía a través de todos los sentidos. El último concierto nos regaló sin duda la propuesta más rompedora del festival, un seísmo que nadie esperaba. Ante los ojos del exquisito publico apareció Putochinomaricón. La propuesta del joven músico y activista madrileño Chenta Tsai -que ha conquistado a los círculos queers y simpatizantes del país este ultimo año- nos dejó absolutamente boquiabiertos.

Su pop post internet, su irreverencia, su estética de todos menos tradicional, sus ganas de enviar a Abascal a la mierda y su incansable energía vogue demostró que otro tipo de propuestas musicales son posibles y merecen el mismo respeto que cualquier otra. Temas como ‘Me Da Miedo Ser Mayor’, ‘Gente De Mierda’ y ‘2 A.M.’ fueron coreados a pleno pulmón por las primeras filas, que no solo lo conocían sino que lo adoraban. Con esta actuación solo puede celebrar la arriesgada decisión del Vida de romper con su editorial más habitual por apostar por nuevos talentos y sonidos y con ello por una abertura a un nuevo público. La noche cerró para los más valientes con Machinda Dj quien logró cerrar con un existo rotundo la primera jornada.

La segunda y última jornada se abrió de nuevo con otra copichuela gratis y un poco menos de público que el día anterior debido a cierta resaca. Pero los que conseguimos sobreponernos a su consumo pudimos ver abrir la jornada a  Clara Peyá. Una propuesta de una potencia desgarradora. Ella y su banda desmontaron los conceptos del amor romántico mientras que nosotros solo podíamos sentir admiración hacia su maestría para crear ritmos atmosféricos y un dominio del piano impecable. Y a medida que la sala se iba llenando en el escenario Blackjack aparecieron County Line Runner. Uno de esos grupos que suenan a indie rock guitarrero de toda la vida, que dice Barça cuando se refiere al publico y que enamora a todo amante de The War On Drugs.

Ahora sí, con el público más o menos recuperado y ya bien bebiendo cerveza, llegó uno de los grupos más fuertes del día. La carita del revés. Balthazar apareció para comerse el escenario. La banda belga que ha conquistado Europa nos regalaba un concierto cargado de actitud y exitazos indie-rock. Fue una de esas actuaciones con aires a TLSP que logra enamorarte de tal manera que te planteas si deberías cambiar tu fondo de pantalla del móvil por una foto de esos chavales vestidos de negro. Puede parecer una exageración pero vi a un chico, que sin saber que venían, llevaba la camiseta del grupo y supe que por lo menos él lo haría.

El siguiente grupo fue presentado por Carmona, que parecía tener menos resaca de la esperada, como un grupo que no conocería ni dios. Y un poco de razón le voy a dar. Cuando salió Wooze al escenario todo el mundo se sorprendió. Chubasqueros amarillos, botas de charol y peinados de colores. La propuesta británico-coreana nos regaló una lección de noise pop con tintes punk que no dejó indiferentes a nadie. Un alivio ver que se puede tocar la guitarra y llevar algo más que unos pitillos y una camisa sudada.

Llegaba el momento del cabeza del cartel, la gran promesa secreta del festival. El grupo que logró que Carmona se peinara y que la gente que paseaba por los 40 se comportara de nuevo como si fueron putifans de 16. En el escenario la banda escocesa Teenage Fanclub. Un concierto que fue una oda al buen pop noventero y a la nostalgia de esa época. Y aunque al tocar los hits más recientes no lograron tener a todo el público sus fans más incondicionales no pararon de corearlos en ningún momento.

Entrada la noche llegó el dibujito del lobo. Después de mucho pensar sigo sin entenderlo. Delante nuestro apareció con tan solo una mesa de mezclas y una guitarra apareció Ortiga a coronarse como el rey del bailoteo del festival. Una verbena internet que le iba como anillo al dedo al concepto de casino reconvertido. Y mientras que el santiagués le iba dando al autotune en pantalón corto de chándal nosotros nos íbamos subiendo a la parra de la cumbia, el merengue y lo que nos fuera tirando. Chicho, si me lees, gracias.

Carmona se subió por última vez al escenario principal para correr las cortinas y ante nuestros ojos apareció Seratones. El grupo no lo tuvo nada fácil después del frenesí de Ortiga pero aun así logro hipnotizar a gran parte de los asistentes con su soul-rock.

El festival cerró con el mítico Buffetlibre que hizo del fin de fiesta una oda al indie-rock radio friendly de los últimos años.

En definitiva, Secret Vida se convierte en un acierto para cerrar la temporada de festivales. Y aunque llegar ahí sea casi más aventura que el propio festival, solo los que van pueden entender lo que estar de birras, con los nervios a flor de piel para descubrir la siguiente banda en un casino de moqueta roja. Cierto es que suspendieron en paridad -algo que ya no debería pasar en 2019 y sobre todo apostando por grupos más desconocidos- pero debemos reconocer que ver al Vida apostar por nuevos géneros y propuestas abre la posibilidad a nuevos públicos para este festival. 

Fotografías: Secret VIDA
Texto: Eva Sebastián

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