[Crónica] Sónar 2024

[Crónica] Sónar 2024

Todos los años volvemos al Sónar con la ilusión de la primera vez. Si bien es cierto que en estos últimos junios nos hemos llevado más de un susto en forma de aglomeraciones excesivas y prácticas logísticas contrarias al bienestar del usuario, es legítimo señalar que poco a poco se les va poniendo remedio, y que esta edición se ha percibido como la más cómoda en mucho, mucho tiempo.

Las cosas se han hecho bien, la asistencia nocturna ha sido más moderada (la tranquilidad del viernes pareció un espejismo en contraposición al llenazo de Charlotte de Witte del sábado) y encima la temperatura nos ha dado tregua. ¿Qué más se puede pedir? Quizá el cartel no era el más llamativo, pero cumplía a la perfección con el espíritu del festival: congregar bajo un mismo techo a iconos históricos, nuevas generaciones de estrellas, apuestas arriesgadas, referentes alternativos y un sinfín de propuestas seleccionadas con mucho mimo que inician su andadura con gran potencial. Ni se puede estar en todo ni tenéis ganas de leer una crónica de 8 páginas, así que vamos con una pequeña selección:

Sevdaliza

Los acompañantes de Sevdaliza (al teclado/bases electrónicas y a la batería) nos recibieron con unas lujuriosas cuerdas orquestales y un beat con motivos que nos remitían a oriente medio, y ya a mesa puesta hizo su aparición una de las divas de la jornada.

El concierto inició explorando una faceta baladesca, con arranques melódicos y sinuosos que, eso sí, solían buscar resolución en clímaxes de ritmo más firme. En esta primera etapa, no exenta de cierta monotonía, la cantante visitó ya buena parte de sus minoritarias referencias a trabajos anteriores, y pronto dejó paso a sus piezas de creación más recientes, algunas todavía por estrenar. Entre ellas se cuentan colaboraciones de corte latino (véanse esa ‘Ride Or Die’ con Villano Antillano y ‘Alibi’ con Pabllo Vittar) y otras de línea más orientada al club (como ‘Samsara’, con Anyma). Este movimiento dotó al concierto de mayor ritmo, y, ya en materia, se anunció con un celebrado “now the concert starts” un tramo final con hits como ‘Nothing Lasts Forever’ o la aún inédita ‘Straight Fantasy’.

Ela Minus

En esta casa somos muy fans de Ela Minus, así que, pese a lo inclemente de la hora (a 14h del cierre), era fundamental hacer acto de presencia en la presentación de su próximo LP, del cual interpretó una mayoría de canciones que, según nos anunció, éramos los primeros en escuchar en vivo. Corría prisa: un contador de 45 minutos siempre presente en pantalla nos advertía de lo efímero del asunto, así que, tras gastar uno y pico en expectativa, se cubrió el resto a buen ritmo.

La primera media hora de show estuvo compuesta exclusivamente por temas inéditos, que Minus abordó con un pequeño cambio de paradigma. Si antes la artista se ubicaba con el micro tras su maquinaria, ahora toma el primer término del escenario, potenciando su faceta de cantante sin olvidar elementos musicales de directo que, ubicados detrás de ella y de cara al público, visitaba frecuentemente jugando con una gopro para mantener el contacto con nosotros aun cuando nos daba la espalda. Musicalmente, el nuevo material quizá presenta una mayor ornamentación y más variedad en las partes vocales, y juega un buen equilibrio entre lo reflexivo y lo extático. Es difícil retener mucho más en una primera escucha, sin embargo, podemos avanzar que la pieza nueva que interpretó en español antes de sus dos únicos guiños al pasado (‘megapunk’ y ‘el cielo no es de nadie’) es un temazo como una catedral. Muchísimas ganas de tener el disco a mano para escucharlo en bucle.

Marie Davidson


Otra de las debilidades de un servidor son las canciones con chapa (esa escuela frecuentada más o menos habitualmente por perfiles como Aidan Moffat o James Murphy, para que me entendáis), así que el bolo de una de las autoras recientes más proclives a este modo de interpretación era también obligado en esta jornada diurna de viernes.

Marie Davidson plantó de inicio (tras una intro atmosférica y densa) un beat prácticamente militar que nos acompañó durante toda su actuación, ya fuese mientras se ponía a los platos en tramos de puro club o mientras salía al frente a ser la jefa micro en mano. Sí que es verdad que hay una fina línea entre la autorreferencialidad cachonda de ‘Pleasure On My Mind’ (con ese “Talkers turn me on”) y la autocopia descarada en “Y.A.A.M.”, y que siempre es preferible lo primero a lo segundo, pero lo que sí es innegable es que Marie Davidson nos puso a trabajar y nos gustó.

Air

Podemos considerar que Air eran uno de los nombres relevantes de esta edición del Sónar, sin embargo, los números de asistencia al concierto fueron tirando a discretos para el slot. Puede que fuera porque ver su inicio implicaba perderse el final de Laurent Garnier, quizá no han calado en alguna de las generaciones asistentes al festival, o incluso es posible que, desde la media distancia, su estilo musical resultase poco atractivo o lento para parte del público. El caso es que poco importa eso, porque fue un auténtico lujazo contar con su presencia.

En esta ocasión, los franceses (francesísimos) venían a interpretar del tirón su álbum debut, Moon Safari, que es también su trabajo más exitoso y reconocible. Para ello, montaron un dispositivo escénico que consistía en una estructura rectangular, dentro de la cual se ubicaban los dos miembros de la banda, Jean-Benoît Dunckel y Nicolas Godin, junto con el batería Louis Delorme (que brilló) y bien de sintetizadores, bajos y guitarras. El formato, que nos permitía observarles como si estuvieran en un estudio reconvertido en zoo humano, resultaba elegante (dentro de su universo), con los trajes blancos a juego con el marco de la estructura y unos visuales que les envolvían entre fantasías espaciales, tonalidades de Pantone salmón o figuritas ochenteras pixeladas.

Lo mejor, huelga decirlo, fue la música. Ese arranque con la icónica ‘La femme d’argent’, la subida de revoluciones de ‘Sexy Boy’, vuelta a la calma con una ‘All I Need’ muy inteligentemente adaptada para no necesitar la voz en directo de Beth Hirsch (jugaron un sample lejano y pusieron énfasis en los coros y el carácter instrumental del tema; en ‘You Make It Easy’, por otra parte, tiraron de vocoder con cierta coña, pero también de forma muy resultona), el viajazo de ‘Kelly Watch the Stars’… El álbum pasó en un suspiro, y aún hubo tiempo para algunas propinas, entre las que se celebraron particularmente la referencia a su BSO de ‘Las Vírgenes Suicidas’, el potente acercamiento a ‘Don’t Be Light’ y la psicodelia final de ‘Electronic Performers’.

Ben Bohmer

Lo de Ben Bohmer prometía ser una cosa maravillosa, pero a veces la vida es muy perra, y este cronista siempre recordará el concierto como aquel momento del Sónar en el que decidió dejar de pasárselo increíble para ir a pasárselo OK. Seguramente fue más culpa mía que del bueno de Ben, la introspección mola, pero poco tiene que hacer contra la diversión cuando ésta se halla en plenitud. Y en plenitud se hallaba en la sesión de Toy Tonics, pero había que abandonarla para ir a ver a una de las grandes estrellas en alza de Ninja Tune. Maldito FOMO.

Inevitablemente, la promesa de la felicidad perdida lastró un poco la vivencia del show, pero al césar lo que es del césar: el directo de Ben Böhmer tiene clara su búsqueda de la emotividad y dispara a ella con todo lo disponible, ya sean pianitos evocadores, sintes de tono guitarresco punteado, beats profundos que abrazan, insistencia en las partes vocales, visuales que con todo nos sumergen bajo el agua entre crescendos épicos y silencios solemnes. Como os podéis imaginar, todo esto en el escenario SonarClub sonó espectacular. Pero demasiada afectación para tal día como aquél.

Paul Kalkbrenner

Sabemos que la posición de las 22h en el escenario principal de noche está reservada a grandes nombres, pero no deja de resultar curioso que este año haya recaído en Paul Kalkbrenner, que en su anterior participación en el festival actuó de 3:30 a 5:30 de la madrugada. La zapatilla desmedida gana acólitos por momentos, y es indicativo de ello que la propuesta del icónico productor basado en Berlín fuera la más “light” de la noche de sábado en el SonarClub, plaza en la que más tarde se encargarían de repartir matraca perfiles como Charlotte de Witte, Marlon Hofstaat o Reinier Zonneveld.

La aproximación al show fue la misma que en 2019, con varias cámaras que en todo momento apuntaban a Kalkbrenner de pies a calva pasando por controladora. En comparación con la visita de cinco años atrás, hubo mucha menos presencia del fantástico ‘Parts of Life’ que se estrenaba por aquél entonces (también fumó menos, todo sea por la salud). Por lo demás, presentó un set muy medido, con un reparto más inclinado a los himnos vocales que a los pasajes puramente electrónicos, que hizo las delicias de todos aquellos que deseábamos corear de nuevo sus icónicos remixes de ‘Te Quiero’ y ‘White Rabbit’ y sus temazos de hoy y siempre.

Floating Points

Y por fin llegó el momento de disfrutar en vivo y en directo de nuestro neurocirujano favorito (por lo menos hasta que tengamos un susto de verdad). Más han sido las oportunidades de ver en formato DJ set a Floating Points, y, del mismo modo que éstos han pasado en los últimos años del bailoteo retro y disfrutón a un techno más sesudo, también sus lives han virado de una electrónica-jazz de perfil instrumental en formato banda a la construcción individual de una catedral modular. Nos encantaría poder volver a disfrutar de las del pasado, desde luego, pero esto que vimos el sábado fue para enmarcar.

El set nos tuvo sin respiro durante cerca de hora y media, en la que se celebró una música puramente electrónica siempre elaborada, siempre ornamentada, con beats elásticos y riquísimas melodías cableadas. Sam Shepherd fue capaz de acercarse al IDM sin olvidar el disfrute de los que bailábamos en la pista, trabajando sin cesar en una orgía de capas y capas cargadas de dinamismo, igual perdiéndose en un laberinto de mágicos arpegios de sintetizador que cortándonos el aliento con un bombo demoledor. La pantalla nos mostraba sus cacharros gopro mediante, y de vez en cuando los visuales nos llevaban en un viaje espacial que desembocaba en sintetizadores, haciendo el viaje inverso al que hacía nuestra alma: de los instrumentos que tocaban las manitas de oro de este señor a los últimos confines del universo. Elegancia pura.

Texto | Pau Ortiz
Fotos | Sónar

0 Shares:
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

También te podría interesar