[Crónica] Sónar Festival 2018

La pasada semana tuvimos, como cada año, una cita con el Sónar Festival en Barcelona. Compartimos aquí con vosotros una selección de lo vivido a lo largo de tres jornadas entre los conciertos de Sónar Día y Sónar Noche donde disfrutamos de gran variedad de artistas de múltiples géneros, desde la electrónica al rock alternativo pasando por los sonidos más urbanos  y experimentales.

JUEVES

KOKOKO!

La tarde calurosa del jueves empezó en el Village con una de aquellas sorpresas que te hacen sentir la alegría recorriendo tus articulaciones y las plantas de los pies deciden tomar autonomía. La banda congoleña KOKOKO! apareció en el escenario, todos vestidos con monos amarillos y armando una buena jarana. Reconozco que tuve que mirar dos veces el programa para entender delante de lo que me encontraba. Una especie de fiesta pagana llena de ruidos extraños, mucha percusión y algún que otro grito gutural que solo recordaba de los documentales de sobremesa de TV2. Realmente fueron una auténtica sorpresa, fresca y divertida, que se antojó perfecta para aquellas horas de la tarde. [Oscar Villalibre]

MUEVELOREINA

Uno de los nombres que había marcados con rotulador para el primer día de Sónar. En el escenario XS, el reservado para las propuestas más fuera de la línea oficial y del que nunca acostumbras a salir indiferente. Había mucha curiosidad por ver a esta pareja que dicen son referenciales en esto del trap, aunque ellos se cansen de decir que no hacen trap. Como si servidor supiera lo que es el trap… En cualquier caso, solo te bastan tres canciones para entender que Karme y Joaco no son solo eso. Son esencialmente sonidos electrónicos que recuerdan al trance (muy mucho a Die Antwoord) y con una performance en el escenario de nota. Karme realmente demuestra que no le hace falta ir al gimnasio con su inagotable movilidad en el escenario. Lo mismo que Joaco cuando sale de detrás del ordenador. Una experiencia realmente diferente y de la que disfruté casi más viendo las caras de alegría del público coreando esas canciones que fueron formando un repertorio. [Oscar Villalibre]

DESPACIO

Los que nos perdimos el paso de DESPACIO por el Sónar de 2014 no esperábamos tener nunca más la posibilidad de asistir alguna vez a la bacanal disco de James Murphy y 2manydjs, pero en este 25 aniversario se ha obrado el milagro. El concepto es muy simple: pista cerrada circular con la capacidad justa, siete torres de altavoces de calidad celestial dispuestas a su alrededor, y una bola de discoteca como soberana omnipotente de las almas concupiscibles que se hallaban allí reunidas con el único objetivo de BAILAR.

En tres sesiones de seis horas, los hermanos Dewaele y el líder de LCD Soundsystem se dedicaron a pinchar temazos en la oscuridad sin muchos aspavientos; no hace falta hacer guarradas en la mesa de mezclas cuando cuentas con buen material de base y un sistema de sonido que quita el hipo. La música hace su trabajo sola, y de ella tenía que ser todo el protagonismo (cuando uno se acercaba a ver a los tres mitos, un cartel advertía que “the party is behind you”). Así, de Kool And The Gang a Charlotte Gainsbourg a Chimo Bayo a una infinitud de artistas tristemente no siempre identificados por Shazam desfilaron por esa noche perpetua dentro del Sónar de día, siempre con un beat de lento a moderado que facilitaba su apropiado paladeo y la correcta puesta a punto de tendones y articulaciones ante jornadas exigentes para el cuerpo. [Pau Ortiz]

LAURENT GARNIER

La jornada del jueves cerraba con uno de los artistas más icónicos, o quizás el que más, de Sónar Barcelona. El señor Laurent Garnier no podía faltar en los 25 años del festival catalán ya que ha sido pieza clave de éste durante un cuarto de siglo. Y lo hizo con un set especial llamado ‘Laurent plays Garnier’, un repaso enciclopédico a su dilatada carrera. Como un greatest hits pero en directo. Y qué bien se pone uno al escuchar al genio francés repasando bombazos que nos recuerdan lo viejos que nos hacemos, como ‘Crispy Bacon’ o ‘The Man With The Red Face’. Aquellos hits que bailabas con 20 años, pelo en la cabeza y menos sentido del decoro entre las cejas. Fue una gozada verle aunque he de reconocer que ya no verle girarse a coger discos y ver cómo solo toca botones tiene un punto menos atractivo. Pero en cualquier caso sigue siendo un genio y es genial bailarle a sus platos. [Oscar Villalibre]

VIERNES

ÓLAFUR ARNALDS

Ni el debut mundialista de la selección española, ni la necesidad de teletransportarnos al Sónar noche (Gorillaz calling), impidieron que el SónarComplex se llenase hasta la bandera a las 20:00 del viernes noche. Imposible rechazar otro paseo en la góndola ensoñadora de Ólafur Arnalds, más aún cuando el trayecto estaba fraguado con pasajes a su material inédito. No había nada que temer: la ligera rúbrica electrónica de sus piezas más flamantes, influenciada notablemente por su reciente labor con Kiasmos, poseía también ese poso clasicista de su material más añejo. Apoyado por una exquisita sección de cuerda, el islandés nos sumergió en una deliciosa hipnosis durante aproximadamente 35 minutos de directo. 35 comunicativos minutos que dieron para divisar dorados trigales en ‘Unfold’, levitar con ‘Nyepi’ y rozar las estrellas con el siempre fastuoso tema de cierre: ‘Near Light’. El posterior choque con la realidad (y el techno) fue duro, pero son estos momentos rupturistas los que más se agradecen en un Sónar de amplio ramillete estilístico [Pablo Porcar]

GORILLAZ

La fauna trip hopera y multireferencial de Gorillaz impactó como un meteoro el pasado viernes en el escenario principal del Sónar noche. Y como era de esperar, los irreverentes avatares virtuales más famosos de la escena musical consiguieron ganar el pulso a las expectativas. A lo grande, con un renovado show que desprendía frescura por todos los poros. Porque todo acaba cohesionando en la galaxia color pastel de estos chicos. Todo.

Albarn, consciente que el ADN de Gorillaz (y el de sus fans) no es precisamente el de Blur, regresó a la ciudad condal para codificar un directo festivo pero variado. Uno colosal pero comedido, en el que el se gestó el equilibrio perfecto entre la sobriedad y la jovialidad con una factura visual francamente impecable. Y con unos golosos temas, los de “The Now Now”, cuya elástica textura (‘Humility’ es una auténtica ventosa) se acopla de forma perfecta al del resto de la discografía de nuestros queridos “cartoons” 2.0.

El británico y su séquito digital comandaron una actuación con el viento totalmente a favor. Tanto embelesaron con la ayuda de De La Soul en ‘Superfast Jellyfish’, como auparon ‘Hollywood’ hasta el infinito con Jamie Principle. Porque Albarn sabe ganarse el título de MVP tanto cuando juega como delantero (‘On Melancholy Hill’), como cuando nutre con asistencias desde los teclados a otro potencial goleador de su equipo (Little Simz en ‘Garage Palace’). Esa es la gran virtud de Albarn con Gorillaz: la dosificación de su figura escénica. En su plantilla tanto es protagonista su magnético coro (‘Sorcererz’) , como sus estelares colaboradores (Snoopy también estuvo presente, al menos a su manera, en la ciudad condal). Incluso encajaron de fábula los cameos visuales, con un Bruce Willis ejerciendo (nuevamente) como héroe de acción en la frenética “road movie” de ‘Stylo’.

Pero los clásicos siempre serán los clásicos. Y es en esa comunión entre audiencia y grupo, con un Damon Albarn casi mesiánico, en el que se rubricó la magia. Con ‘Feel Good Inc.’, con el gentío tarareando las bases rimbombantes del corte. Como también con una ‘Clint Eastwood’ que provocó la euforia general de la sala. ¿Recuerdan? Hace unos años Andrés Montes exclamaba distendidamente aquello de “todos los jugones sonríen igual”. Casualmente al sonar “I ain’t happy…” identificamos rasgos de LeBron en el rostro de Damon Albarn. Por algo será. [Pablo Porcar]

BONOBO

Había ganas de ver al músico británico llevando a la práctica su live rodeado de su banda y presentando las canciones de su último disco “Migration” que vio la luz en 2017. El Sónar Club congregó a bastante gente en un directo muy esperado por sus fans, que cada vez son más. Excepto los perdidos que esperaban ver zapatilla, la mayoría del público disfrutó con el espectáculo, que quizás empezó algo lento y descontextualizado -especialmente cuando su vocalista Szjerdene tomaba el mando. Pero poco a poco la máquina fue engrasándose y los bpms aumentando cadencia. El grupo entendió el contexto y fue yendo a más con su mezcla de funk y electrónica pasada por los teclados haciendo bailar al respetable. [Oscar Villalibre]

BENJAMIN DAMAGE

Este año ha sido la constatación de que el Sónar está mutando, como bien reza su apellido de Festival de Música Avanzada (no electrónica a secas), hacia territorios más latinos y traperos, pero (gracias a Dios) aun hay una buena muestra de los estilos más canónicos de la electrónica como el house o el techno. Para esto último, los incondicionales del ámbito se congregaron en el Sónar Pub a disfrutar de Benjamin Damage, una especie de estrella en ciernes del techno de escuela berlinesa. Contundencia pura a base de martillos analógicos. Nada de ordenadores, aquí trabajando como un artesano del vídeo; a la vieja escuela. Un sonido compacto, robusto y repetitivo que encaja bien con el cerebro cuando acumula sustancias de cierto tipo. A la antigua usanza, como se ha hecho toda la vida, vamos. [Oscar Villalibre]

BICEP

A partir de las 2 de la madrugada el Sónar Noche suele convertirse en un campo minado de andantes blancos y químicos sin probeta en el que no es fácil desenvolverse si eres totalmente orgánico en tus opciones de consumo. Pero vale la pena aguantar para ver sesiones como las que Bicep ofrecieron en el Sónar Lab, en el que se estaba muy a gusto hasta que el público empezó a llegar a galopadas tras ver a Bonobo. Este dueto se brega bien en los anchos territorios del house más clásico con tintes italo. Más disfrutones que no productores de martillazos. Y su sesión respiró bastante de ello, intentando no perder el pulso en ningún momento y conseguir la continuidad en las capacidades danzatorias del público. Realmente lo consiguieron y fueron un buen descubrimiento para el sábado noche. [Oscar Villalibre]

SÁBADO

MARIBOU STATE

Este dueto británico empezó a hacerse conocido por sus remezclas de artistas pop como Lana del Rey y realmente teníamos curiosidad por ver qué podían ofrecer. En su actuación en el Sónar Village durante el sábado, cuando el sol empezaba a caer, demostraron su apego por las melodías y la buena cultura musical británica. Acompañados esta vez de una banda de instrumentistas, se encargaron de orquestar las musculaturas de los feligreses que pisaban el césped sintético del Sónar Día. Su electrónica suena muy al día con múltiples raíces en muchas partes, desde sonidos negros hasta toques balearic que tan bien conjugan con esas últimas horas de la tarde. [Oscar Villalibre]

LCD SOUNDSYSTEM

Una gigantesca bola de discoteca y un reloj con una cuenta atrás de hora y 45 minutos coronaban un escenario repleto de cacharros varios que presagiaba la fiesta que viviríamos los allí presentes en pocos minutos. Porque un concierto de LCD Soundsystem es diversión pura y baile asegurado. Era la primera vez que James Murphy y los suyos venían a Barcelona después de publicar su disco de retorno, y ofrecieron un directo arrollador que dejó empapados en sudor a las filas delanteras con tan solo las primeras líneas de batería y bajo ácido de ‘Get Innocuous!’. Un setlist perfectamente elegido para conseguir el frenesí del público. Alternando entre sus cuatro discos de estudio, con un amago del inicio de ‘Radioactivity’ de Kraftwerk como previa de ‘I Can Change’, poniéndole todo lo disco, al punk de los británicos Crass con la cover de ‘Yeah’, una versión aceleradísima de ‘Tonite’ que hizo quemar suela a base de saltos y pogo, y un final apoteósico con los clásicos ‘Dance Yrself Clean’ y ‘All My Friends’, dejando al público con ganas de mucho más cuando la cuenta atrás llegó a cero. [Sergi Cuxart]

THOM YORKE

[Nuestra crónica del concierto de Thom Yorke en Sónar]

JARAMI

Esta pareja escandinava tiene un cierto recorrido en la escena hip hop al haber participado en la producción de tres canciones en el último disco de Frank Ocean. Además, fueron de las pocas dosis de rap que pudimos disfrutar en esta edición del Sónar. Y su live fue vibrante y muy cálido. Entendieron bien la idiosincrasia de un escenario como el Village, que puede esperar sesiones más zapatilleras. Pero ellos supieron defender su propuesta a base de rapeo y flow traído desde tierras vikingas. De juventud descarada y sin reparos a la hora de mezclar tendencias realizaron una sesión bailable y con algunos hits que arrancaron la sonrisa de los más nostálgicos. [Oscar Villalibre]

2MANYDJS

Sí, los has visto más veces que a tu tía Encarna. No hacen nada nuevo que no hayas bailado decenas de veces. Vienen cada año a Barcelona. Todo lo que quieras. Pero ver a 2manydjs en el Village cerrando el Sónar Día siempre me parecerá una buena excusa para derramar una poca cerveza con bailes espasmódicos y levantar los brazos cada vez que ponen ‘Girls and Boys’ de Blur o la banda sonora de Vacaciones en el Mar. Los hermanos Dewaele son una enciclopedia rítmica de cuatro patas, y así lo demuestran cada vez que se ponen detrás de los platos. Después de haberse puesto entre pecho y espalda 6 horas en Despacio, por tercer día consecutivo, aun se marcaron dos horazas de sesión old school en el escenario principal. Sin las reminiscencias a su proyecto paralelo, Soulwax, que se les ha visto en los últimos años, sino con su versión más original, que no es otra que la de encadenar hits pop y electrónicos sin parar y con una audacia sin igual. Bebiendo de sus míticos bootlegs ejercieron de reyes en un escenario que no habían pisado nunca y ofrecieron un auténtico recital que aun nos regala los oídos de la memoria. [Oscar Villalibre]

Fotografías: Sónar Festival

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