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[Crónica] Sónar Festival 2019

Como cada año aquí os servimos un repaso a lo acontecido en el Sónar Festival 2019. En esta ocasión compartimos alrededor de 15 crónicas que os servirán para asimilar las sensaciones experimentadas en conciertos de artistas del calibre de Underworld, Stormzy, Bad Bunny, Masego o Four Tet, entre muchos otros.

JUEVES DÍA

Za!

Es imposible cansarse de Za!. No podemos ni contar la cantidad de veces que los hemos visto, en toda clase de contextos, en todo tipo de estados y rodeados de todo tipo de gente; solo hay una constante: no fallan. En esta ocasión, se subían al escenario del auditorio Sonar Complex en colaboración con Ouchhh, un estudio creativo turco que ha desarrollado un sistema para representar visualmente ondas cerebrales. Con sutil cacharrería en la cabeza, los catalanes dieron rienda suelta a su delirio esquizofrénico musical mientras lo ilustraban en pantalla una nube de líneas móviles (primero cortas, rectas y blancas, nunca sabremos con cuánta voluntad de cachondeo; a medida que avanzó el concierto se alargaron y cogieron flexibilidad y tridimensionalidad). Independientemente de ese extra, que honestamente lució regular, siempre apasiona disfrutar de temazos como ‘Badulake’ y corear “lololos” bajo la batuta excéntrica de Pau. Además, era fundamental escuchar la recomendación final de Edi a cámara lenta: “Cuidadín, que es jueves de Sónar”. [Pau Ortiz]

Rejjie Snow

El hip hop más suave y más lúcido del Sonar vino de la mano de Rejjie Snow. El irlandés, aunque parecía intentar reproducir en su interpretación algunos dejes propios de sus compañeros más rígidos del grime, desprendía esa energía lenta, fluida y pegajosa del dream pop. Paseó algunos de sus temas repletos de samplers, percusiones mullidas de caja de ritmos y melodías flotantes de corte R&B ante un público que tal vez ya tenía en mente el golpe de bombo a 120, aunque parecían comérselos a gusto a modo de aperitivo para empezar la tarde. El set sonó sin demasiadas pausas pasando por “Rainbows”, “Désolé” o “Egyptian Luvr” para acabar con “Charlie Brown” y la sensación de que a Rejjie se le había dejado algo en el tintero, pues parecía atascado entre la energía desatada del hip hop y la emoción del R&B o el pop, como si no supiera muy bien dónde meter el pie y se quedara en un limbo. [Lluc Mulet]

Arca

En 2015, Alejandro Gershi vino al Sonar escondido dentro de una crisálida de electrónica experimental. En 2017, asistimos a la lucha de Arca por romperla, una batalla emocionante y descarnada contra su propio ser. Recordaremos 2019 por ser el año en el que vimos nacer, esplendorosa, a Alejandra Gershi. En primicia mundial, nos presentó ‘Sal de mi cuerpo’, un nuevo show inspirado en el cabaret y la ficción especulativa (signifique eso lo que signifique).

Arca inició el espectáculo recordando donde nos habíamos quedado, interpretando ‘Desafío’ y ‘Piel’ arropada por un silencio reverente. Después de hacer un primer escarceo en territorio latino, oímos ‘Anoche’, y hasta aquí los vestigios del sufrimiento pasado de Gershi. Lo que vino a continuación fue un show total que podría ser clasificado dentro de los parámetros de aquelarre, exorcismo, orgía o verbena. Cambios de outfit sobre el escenario (se trataba de mostrarlo todo, incluso las costuras) con equipo de vestuario y peluquería trabajando como si fuera un repostaje de fórmula 1. Un minotauro con máscara sado de cuero. Colaboradoras entre el topless y el niqab. Integración total del público en el show, con Arca pasando más tiempo debajo del escenario que sobre él. Besos, caricias, caladas de porro, nanas cantadas al oído, saliva, colonia, aceite, fuego (metafórico). Incluso llegó a salir de la propia sala seguida por una cámara a cantar encima de una barra. Como culminación, exaltación extática, embriaguez y mucho dembow. “Ella no toma taxi. Que la vean. Que la vean en la calle”. Empoderamiento colectivo.

El sonido no fue particularmente bueno, cosa rara en el Sonar, y más en el escenario Sonar Hall. El espectáculo, errático y con problemas de ritmo. La línea musical de Arca se aleja por momentos de la excelencia de antaño. Da igual. Lo que vivimos fue una performance profunda y sentida, con una desnudez física y emocional que rebosaba sinceridad. Un encuentro abrumador. [Pau Ortiz]

VIERNES DÍA

Lorenzo Seni

Si el italiano se había hecho su camino en el trance ravero de los 90 remodelado con su destreza en el sinte y su capacidad imaginativa, en su paso por Sonar Dome no puede decirse que lo echara todo abajo, pero sí que se plantó allí con todo un manifiesto musical capaz de descolocar a cualquiera que conociera su trayectoria. Recuperando su banda Stargaze y su pasado hardcorde punk, construyó un edificio sonoro sobre las bases de su sintetizador ácido y frívolo relegando este a una esquina del escenario y dejando espacio para la batería acústica, la guitarra eléctrica y el bajo. Eddy Current, ayudado del flanger, la distorision, el reverb y el delay, llevó el sonido de su guitarra al mismo terreno que Seni labró en su momento con la experimentación de los sonidos electrónicos del sinte. Las cuerdas nunca habían sonado tan experimentales y apoteósicas, a ratos como si fueran el resultado de algoritmos, como lo hicieron en ese set impulsado por una percusión que potenciaba sus frecuencias más bajas. [Lluc Mulet]

Masego

Suele ser habitual que los artistas dejen sus hits para el final del concierto, pero francamente la estrategia de Masego funcionó todavía mejor. Con el saxo seductor y el beat sincopado de ‘Tadow’, Micah Davis congregó en un instante a todos los asistentes que, desperdigados por la zona exterior del Village, se refugiaban en las sombras del calor de media tarde o echaban el rato en alguno de los stands patrocinados. En una hora justa, el cantante y multiinstrumentalista desgranó su álbum debut ‘Lady Lady’ potenciando su vertiente más jazzera con teclados expresivos y un bajo muy melódico, todo sin perder ni un ápice de su desenfado juvenil, ya fuera con esa camiseta del Madrid que probablemente llevara más por troleo que por desconocimiento, haciendo cachondeo con la mítica ‘Dragostea din tei’ como base, o lanzando billetes al batería mientras éste hacía un solo. Sin duda, un tipo a seguir. [Pau Ortiz]

VIERNES NOCHE

Octavian

Para los que se quedaran con ganas de verlo en directo después de su cancelación en el Primavera Club, Octavian contentó a aquellos sedientos de su grime algo más depurado, más melódico y menos agresivo que el de sus colegas Skepta o Stormzy. Con un ritmo más bailable y destellos del trap y el R&B, Octavian encendió el Sonar Lab. En su concierto tampoco faltaron disparos que vociferaban “free ASAP Rocky” o “fuck the police” entre temas de su mixtape SPACEMAN (a destacar el hitazo “Shining”). Pogos, sudor y esa sensación de deuda saldada. [Lluc Mulet]

Underworld

Una expectativa de 9 es capaz de convertir un 7,5 en un 6 y pico. Así resumiría de forma totalmente subjetiva mi (des)encuentro el viernes noche con Underworld después de haberlos visto petarlo como nunca el año pasado en Madrid, y conociendo la capacidad del escenario Sonar Club de dotar a los sonidos electrónicos del mejor cuerpo posible. Pese a que prácticamente todo iba como tenía que ir, un sonido bastante plano nos dejó a las puertas del éxtasis soñando con lo que podría haber sido.

Dicho esto, quedémonos con lo bueno. No es que Underworld sean un clásico de este festival, es que, igual que figuras como Laurent Garnier, prácticamente son como el tótem de ‘Inception’: los tiempos y nuestras percepciones cambian, también lo pueden hacer la música y nuestro entorno, pero basta con entrar en contacto con ese tótem para tener la certidumbre de que, en el fondo, todo sigue en su sitio. Nos lo aseguran esas bases con sabor a rave inglesa, esas mangas largas aunque haga calor como si se acabara el mundo, ese himno transgeneracional que es ‘Born Slippy’ y la energía de Rick Smith a los mandos de la nave y de un Karl Hyde a quien, micro en mano, seguiríamos a brincos hasta donde hiciese falta. Sí, a nivel particular se podía pedir un poco más, pero, a nivel universal, suficiente hay con que existan músicos que nos acerquen así al concepto de eternidad. Ya volverán, y ahí estaremos. [Pau Ortiz]

Four Tet

El sí pero no tanto de Underworld, el tramo regulero que pillamos en la sesión de 6h de Floating Points (fueron solo unos 40 minutos, pero nunca se había visto a Sam Shepherd pinchando algo tan mediocre y genérico) y la tralla inesperada e innecesaria de Mall Grab (¿qué les pasa a los DJs afines al baile elegante que, cuando pinchan en el Sónar, se sienten obligados a sacar todo un arsenal de martillos neumáticos, cadenas, tuneladoras, sierras radiales y lavadoras?) nos hicieron temer, pasadas las 3 y media de la madrugada, que no habría nada que hacer.

La sutilidad de Four Tet podía suponer un frenazo en seco, estocada mortal para aquellos que necesitábamos como agua de mayo un puro término medio aristotélico hecho electrónica. Pero no había nada que temer. Los lives que Kieran Hebden ha ofrecido desde que sacó ‘New Energy’ presentaban una escenografía llena de bombillas, pero en esta ocasión las ojeras más profundas de Inglaterrra solo necesitaron un par de lámparas de mesilla de noche para hacernos ver la luz. Armado con pistas de sus mejores temas, el productor británico disparó un bombo contundente que filtraba referencias a su último LP (abrió con ‘Planet’) o las recientes ‘Teenage Birdsong’ y ‘Dreamer’ (esta última recién estrenada) a un tono adecuado para la hora y lugar, a la par que incluso intercalaba líneas musicales de corte más popular. Hizo que la noche entera mereciera la pena, qué más vamos a decir. [Pau Ortiz]

SÁBADO DÍA

Nicola Cruz

Con el sol dando fuerte afuera, durante el live de Nicola Cruz se respiraba ambiente de club nocturno. El Sonar Hall estaba hasta los topes y a pesar del calor, la hora y dos jornadas de festival a las espaldas, la gente tenía ganas de bailar. Y es que la electrónica de corte étnico, evocativa y enraizada en el folklore de Nicola Cruz daba para despejar el cansancio y rendirse a esos destellos selváticos. El set no tuvo picos pronunciados, sino que fue más bien un viaje en línea recta por sonidos que evocan imágenes brillantes y despiertan sensaciones sosegadas. Sin un beat demasiado agresivo, las capas construidas con tonalidades medias y altas daban ligereza a ese ambiente algo pesado que bullía entre cortinas de franela. [Lluc Mulet]

Red Axes

El dúo israelí formado por Niv Arzi y Dori Sadovnik tenía por delante una labor ardua: recoger el testigo de Branko, productor y parte esencial de Buraka som Sistema que tuvo al Village entregadísimo meneando patitas y caderas, y dejar al público caliente para afrontar la peregrinación a l’Hospitalet para el Sónar de noche. Ni titubearon. Presentaron un espectáculo alrededor de su nuevo proyecto, ‘Trips’, en formato de trío con sintetizadores polifónicos y de bajo, cajas de ritmos, guitarra eléctrica ocasional y una potente batería electrónica que permitieron que, en la transición, el baile no se detuviera ni por un instante. El ritmo bajó ligeramente en el segundo tramo, en el que sacaron a una mc como colaboradora y la parte instrumental se volvió algo más genérica, sin embargo, remontaron con creces en un final apoteósico. [Pau Ortiz]

SÁBADO NOCHE

Kaytranada

Las apariciones sobre el escenario de Kaytranada entran como una taza de caldo en invierno, pero no podemos dejar de pensar en lo muy desaprovechadas que están. Su debut ’99.9%’ fue un bálsamo hiphopero de bases mullidas y un beat que no golpea, acaricia, y sin duda ese sonido tremendamente agradable se traslada a sus sets, pero justamente la musicalidad de su propuesta y las múltiples colaboraciones de las que hace gala podrían permitirle una puesta en escena mucho más elaborada. Louis Kevin Celestin se persona solo a los platos con proyecciones de una silueta bailando que nos remite a su último trabajo con VanJess, ‘Dysfunctional’, y baile hubo. El día que lo acompañe un ejército de voces e instrumentos nos volvemos locos. [Pau Ortiz]

Bad Bunny

Unos días antes de su actuación en el Sonar festival corría la voz de que el de Puerto Rico podía cancelar. Pero Bad Bunny no falló a la cita y apareció en Sonar Club con el rostro cubierto con un pañuelo, gafas de sol, gorro de pescador y ropa de camuflaje a modo de talibán, tal vez como un giño a su posición proactiva respecto a las protestas masivas que estaban aconteciendo en su país. Durante su concierto esa dimensión política también se materializó en proclamas de defensa hacia los que estaban defendiendo el honor de su país en las calles de Puerto Rico. Y política de por medio o no, lo que Bad Bunny demostró allí es que su actitud es desafiante y comprometida (con el pueblo, con la música, con el público…). Complació con temas de su último álbum X100PRE, “Callaíta” o “MIA” e hizo un medleys con los que engrosó su generoso setlist. Y fue con “Amorfoda” cuando se nos erizaron los pelos de todo el cuerpo, cantando todos al unísono eso de que “yo ya me cansé”. [Lluc Mulet]

Skepta

El plato fuerte del grime británico venía de la mano de Skepta. Acompañado de DJ Maximum, el rapero arrancó con “That’s Not Me” (manifiesto por excelencia del regreso del grime) para ir solo hacia arriba en un despliegue de destreza vocal, presencia y energía bien canalizada en ese fraseo impoluto del británico. Se encendió al grito de “free ASAP Rocky”, quien no puedo actuar en el Sonar debido a su detención en Suecia, y siguió con el tema que tienen en colaboración “Praise The Lord”. Sonó también “Energy (stay far away)”, tema en el que homenajea sus raíces nigerianas, y concluyó con la destartalada “Shutdown”. [Lluc Mulet]

Paul Kalkbrenner

Bueno. Bueno bueno bueno. El Paul. Madre mía con el Paul. Qué portento. El mitiquérrimo dj alemán se plantó en el Sonar Club con aura de estrella del rock, apoyado visualmente con una cámara en su cara y otra en su controladora, una decisión muy acertada: no queremos visuales de Windows media player, queremos ver pinchar a este señor.

‘Parts of Life’, su último trabajo, no está tan orientado a la búsqueda de himnos como es habitual en el productor, pero sigue teniendo el carácter exuberante que le ha hecho mundialmente famoso (ojito con ‘Part Four’). Hablamos de un techno que ha nacido para sonar ante miles de personas, para florecer, para plantar sonrisas de gozo como las que pudimos apreciar en la totalidad de los presentes cada vez que se encendían las luces. Kalkbrenner, con la calva perlada de sudor y fumando pitillos como un loco (según un asistente observador cayeron seis en hora y media), dominaba la escena con un pulso que solo poseen los más grandes e irradiaba diversión genuina, regalándonos una sesión de fundamentos férreos y sonriendo con satisfacción al pasar por sus versiones de los clásicos ‘Mad World’ y ‘White Rabbit’ o al lanzar con la seguridad del que posee una bomba atómica de felicidad ‘Aaron’ y ‘Sky and Sand’, los tótems de ‘Berlin Calling’. Para enmarcar. [Pau Ortiz]

Textos: Pau Ortiz, Lluc Mulet
Fotografías: Kevin Zammit (Binaural.es)

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