Crónica

[Crónica] Spoon en Barcelona (noviembre de 2017)

spoon barcelona

Qué gran grupo es Spoon. Con más de 20 años a sus espaldas, son de aquellas bandas de solidez admirable que nunca han cruzado la barrera del éxito de masas, pero cuya posición afianzada en toda media tabla festivalera que se precie (la buena, os diremos los que nos las damos de entendidos) demuestra su calidad. Dato personal: hace más de tres años que un solape infranqueable con Caetano Veloso se interpuso entre Spoon y yo en un Primavera Sound, y desde entonces he estado ansiando la oportunidad de disfrutar de su directo sin tener apenas referencias de lo que me iba a encontrar. El hecho de que, pese al hype que me había generado a mí mismo, la actuación superara absolutamente todas mis expectativas, no hace más que reforzar mi tesis inicial: grupazo como la copa de un pino.

Apolo a oscuras, y una estación de sintetizador y efectos creaba atmósfera durante unos momentos. La banda al completo irrumpió con seguridad en el escenario, y sin mediar palabra disparó esa base rítmica a tiempo medio tan característica de Spoon. ‘Do I Have to Talk You Into It’, corte del más reciente LP de los tejanos, quedaba aún un pelín desajustado en términos de ecualización -totalmente perdonable, vistas las cotas de exquisitez sonora que se alcanzarían más adelante-, pero la potencia de esos bendings guarros à la Greenwood entre versos prometía el cielo. El arranque proseguía tranquilo con ‘Inside Out’, en la que el bajo seductor de Rob Pope se contoneaba arropado por un ejército de teclados y samples, y desarrollaba su groove y arrancaba los primeros bailes con ‘I Turn My Camera On’.

 

Detengámonos un momento en el contraste entre estos últimos dos temas. Ambos son identificables de manera instantánea como material de Spoon, pero su diferencia en términos de sonido es tan remarcable como la facilidad con la que la banda pasaba de no tener ninguna guitarra jugando en el escenario a tener tres. Con un repertorio que iba de los riffs deconstruidos del ‘Gimme Fiction’ y los estribillos poperos del ‘Ga Ga Ga Ga Ga’ al acercamiento a universos más electrónicos en ‘They Want My Soul’ y ‘Hot Thoughts’, impresionaba la fluidez en los cambios de registro. Lo mejor de todo es que podríamos meter en una coctelera todos los temas de estos cuatro -se podría argumentar que sus mejores- álbumes, sacar 20 al azar en un orden cualquiera y tener un setlist infalible.

Así pues, temas como ‘WhisperI’lllistantohearit’, ‘The Beast And Dragon, Adored’ o ‘Don’t You Evah’ permitían alternar entre modos de amplificación limpios y sucios, daban recorrido a toda clase de efectos vocales -la mayoría de veces necesarios por su aportación, pero en algunos casos pecaban de excesivos- y, en definitiva, daban pie a los integrantes de Spoon a pasarlo bien, rotar instrumentos, hacer coros e intercambiar guiños. Y si la primera mitad del concierto dio gusto de ver, a partir de ese exquisito interludio que fue ‘Via Kannela’, interpretado a los sintes por Alex Fischel solo encima del escenario, la conexión entre banda y público alcanzó su plenitud y con ella llegó el éxtasis colectivo. Con apenas alguna referencia de luz azulada, las cortinas fastuosas del fondo del escenario nos trasladaban casi al club silencio de ‘Mulholland Dr.’, y, tumbado en pos de la performance, Britt Daniel adoptaba un aire de crooner crepuscular para interpretar una ‘I Ain’t the One’ de 10 mientras el resto de la banda se iba reincorporando.

Britt Daniel. Qué tío. Parafraseando al bueno de CR7, es rico, guapo, y buen jugador. Como si quisiera competir con Alex Turner por el Premio Frontman Quiero Un Hijo Tuyo, Daniel se paseaba por el escenario derrochando carisma como para hacerse daño, sacaba a relucir sus característicos rasgados de voz tanto como podía, se echaba la guitarra a la espalda con una fluidez de movimientos digna de ballet ruso, hacía partícipe a la pista de su actuación acercándose, agachándose, clavando miradas y señalando con el dedo como diciendo “sí, sí, esta es para ti y solo para ti”. A otro ya le habríamos cogido manía, pero a este hombre es imposible no quererlo. Pero no se trata de molar o no molar. Bastaba con observar un detalle aparentemente banal, como el modo en el que paseaba casualmente al lado de la batería de Jim Eno mientras sonaba ‘Can I Sit Next to You’ para, justamente después de que éste golpeara uno de sus platos, mutearlo con los dedos en el instante perfecto, para ver que ahí lo que hay es algo más: lustros de trabajo para poder subir al escenario y actuar en el sentido más completo del término, porque en casos como este, el rockstar no solo tiene que serlo sino también parecerlo.

Y, como venía pasando, aluvión de temazos con buen plus de directo. A riesgo de pasarnos con la hipérbole, Spoon le hicieron a ‘My Mathematical Mind’ lo que Led Zeppelin a ‘Dazed and Confused’ en Madison Square Garden en el 73, dando rienda suelta a su faceta más progresiva. Por otra parte, ‘The Underdog’ empezó con Daniel cantando a pelo y acabó en fiesta colectiva, y, aprovechando el empuje, llegó una ‘Rainy Taxi’ canónica que dejó al público con ansia pura de bises. Volvió Britt para regalarnos una rara versión de ‘I Summon You’ en solitario que resultó particularmente emotiva, y, para cerrar, ‘Rent I Pay’ y ‘Hot Thoughts’. En la línea de lo que comentábamos antes, tanto estas dos como otras veinte hubieran podido clausurar el concierto con toda legitimidad; sin embargo, tiene que haber algo de especial en tocar tu último single y que suene a puro clásico.

Fotografía: Aina Diago
Texto: Pau Ortiz

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