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[Crónica] Vampire Weekend en Barcelona (Razzmatazz, 24 noviembre de 2019)

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Anoche Vampire Weekend nos dejaron secos. A lo Bruce Springsteen, a quien por cierto versionaron en el tramo final del concierto (‘I’m Goin Down’); tocaron hasta que se quedaron a gusto en una sala Razzmatazz de Barcelona que petaron hasta el sold out. Su último paso por ella fue en la presentación de “Contra” (2010, si mal no recuerdo), por entonces la banda era, sin duda, radicalmente distinta a la de ahora. Porque los tiempos cambian, el indie un día falleció, y Ezra Koenig y compañía han sido uno de “esos grupos” (cuatro contados) que han sabido adaptarse a tiempos de sequía y encontrar sangre fresca donde no la había. El cómo se vio claro ayer: primero, con un nuevo dimensionado de la banda; en pista eran siete para presentar “Father of the Bride”. Segundo, con su versatilidad. No hay más.

Dos horas y veinte minutos de reloj duró su directo, que vino precedido del pop digitalizado de LISS, banda danesa con más singles que discos, que ayer actuaba de telonera brindando precisamente los sencillos más nuevos de su repertorio. Media hora más tarde, llegada la noche, los vampiros modernizados afilaron guitarras y colmillos, y salieron a morder a un público que le puso el cuello a huevo, pero que, como digo, acabó con la piel arrugada. De entrada, una de sus mayores cualidades salió pronto a la luz: su espontaneidad y rotura de moldes. Cero ejecución de manual. Abiertos a la improvisación, a estirar sus clásicos más preciados (‘One’), a jugar con los tempos en plan vaivén (‘Rich Man’), a distorsionarlos con voz de pitufo si hacía falta (‘2020’) o a hacerles hueco a colaboraciones como la que tienen con Major Lazer (‘Jessica’); daba la sensación de estar viendo un show singular, cosa que siempre es de buen recibo.

Flower Moon’ o ‘Bambina’, las dos primeras que interpretaron de “Father of the Bride”, dejaron entrever el interés que el nuevo álbum ha despertado. También, el volumen que éste adquiere en directo, con mención especial a la sección percutiva, formada por dos baterías (y a la que se sumaron otros como congas o claves): su presencia no se limitaba a sentar cimientos en directo, sino también a envolver desarrollos escritos y no escritos. Por supuesto, a la inventiva fueron clave algunas figuras, como su nuevo guitarrista de super pelo afro, Brian Roberts, quien descargó un solo de ducho. También el veterano bajista, Chris Baio, en su salsa con su juego de caderas, siempre contagioso. Había feeling y, supongo que ellos al notarlo, hasta se lanzaron a pedir coros a la gente (en alguna ocasión, fallidos) como en ‘Cape Cod Kwassa Kwassa’ o ‘Diplomat’s Son’.

Todos los que no se estudiaron su setlist de gira, dudo que esperan una ‘Cousins’ seguida de ‘A-Punk’ a mitad de show, un hecho que marcó la realidad de la cita: inevitablemente fue volviéndose cada vez más transitoria, y por un tema de extensión puro y duro. Porque en el Bis se pusieron las botas de nuevo, primero con una ‘Big Blue’ que fluyó a su manera como pez en el agua, luego con una ‘Oxford Comma’ aclamada (y reclamada), y finalmente –tras dos versiones del Boss- con dos de la vieja escuela, que alargaron hasta agotarlas: ‘Giving Up the Gun’ y ‘Walcott’. Vampire Weekend nos absorbieron el alma como Nosferatu, pero en el buen sentido de la palabra. Eso sí, en el sentido mitológico (ya que estamos), diré que, en efecto, nos dejaron exhaustos. Lección de tablas sin mesura.

Texto: Màrius Riba
Fotografías: Kevin Zammit (Binaural.es)

Màrius Riba
el autorMàrius Riba
No necesito que me busques trabajo. Estoy bien así. Soy poeta | Twitter: @MariusRiba

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