CrónicaDestacados

[Crónica] VIDA Festival 2017

cronica vida festival 2017

El relato del VIDA Festival continúa. Un año más, la historia se ha escrito desde la Masia d’en Cabanyes de Vilanova i la Geltrú, el entorno bucólico por excelencia que ha acogido con los brazos abiertos la (ya) cuarta edición del festival. ¿Qué ofrece el VIDA más allá de un cartel atractivo y hecho a medida? Pues en esta ocasión, una experiencia musical que hemos podido palpar con los cinco sentidos. Por cuarta vez, música, familiaridad y romanticismo se han dado de la mano para ofrecernos un sentimiento mágico. Así, perderse por el bosque, escuchar a grupos de la casa en la intimidad o tener a iconos del pop (más que del rock) en un entorno tan cercano, nos ha cautivado como las croquetas de la abuela. Dice así:

PARCELS

Si pienso en una palabra para describir a los Parcels me viene instantáneamente a la cabeza diversión. Lo que no es tan fácil de describir es el sonido de estas jóvenes promesas, ya que fusionan diferentes estilos como el pop, funk, electrónica, disco y hasta una pizca de jazz. La complicidad que tienen estos chicos se refleja en sus actuaciones y en su música. El quinteto australiano desplegó todo su swag festivalero para convertir el escenario principal del Vida Festival en una pista de baile. Luces, colores, sintetizadores, purpurina y una buena dosis de buenrollismo que nos hicieron mover las caderas durante toda su actuación. Nos envolvieron con los temas de su último EP ‘Hideout’, publicado por el sello francés Kitsuné, que sonaron con una madurez sorprendente y dejando ver las ganas que tienen de comerse el mundo. No faltó su nuevo tema ya convertido en hit ‘Overnight’ compuesto y producido en colaboración con la banda Daft Punk, y es que pocos grupos pueden presumir de estar apadrinados por una banda de tal calibre. Sin duda, Parcels tienen mucho camino que recorrer y estamos seguros de que les veremos triunfar en los grandes escenarios.[Fátima Conde]


GUADALUPE PLATA

Tras Parcels, no era el momento de relajarse: Guadalupe Plata empezaba con potencia su concierto en el escenario la Cabana, sitio por excelencia de los espectáculos más movidos, como fue el caso de Perro el año pasado. Los andaluces tomaron la música por las riendas y dieron lo mejor de sí ofreciéndonos temas como la famosa “Calle 24”. Los coros y los bailes no tardaron en formarse ante tal energía y calidad musical. El trío aprovechó la oportunidad en el festival de Vilanova para presentar su nuevo disco, con nombre “Guadalupe Plata 2017”. Un buen preludio del concierto de Phoenix que nos dejó llenos de adrenalina. [Karen Montero]

PHOENIX

Pasada la madrugada Phoenix tomaba el escenario cual ráfaga de aire (la que la noche anterior destrozó el espejo gigante que llevaban de atrezzo) asegurando ser los más esperados de la noche. La banda francesa hizo las delicias de sus fans tocando éxitos como ‘Lizztomania’, ‘Girlfriend’, ‘1901’ y ‘Rome’ entre otros, con las que nos conquistaron de nuevo. El último disco ‘Ti amo’ sonó como una tarde de verano en cualquier pequeña ciudad de Italia, un sonido bastante synth pop que nos hace ver como el grupo se ha decantado por los sintetizadores. La romántica ‘Fior Di Latte’ y las bailables ‘Ti amo’ y ‘J Boy’, sonaron fuerte demostrando ser lo mejorcito del álbum.

Los de Versalles no se olvidaron de la mítica ‘ If I ever feel better’, tema con el que los asistentes del Vida se entregaron del todo, aunque para grandes entregas la protagonizada por el cantante Thomas Mars, cuando en la última canción decidió lanzarse al público cual superhéroe. Phoenix siguen dando un espectáculo elegante y bailongo con el que disfrutar cualquier noche de verano. [Fátima Conde]

VIERNES

Devendra Banhart:
A ese entorno bucólico, rústico, con palés para sentarse y degustar a las bandas como el buen vino, Devendra Banhart no iba a desentonar; jugaba en casa. O al menos esa era la impresión que tuve desde un principio. Luego fue más o menos así. Devendra salió con presencia, tocando a pelo, sin púa, regalando discursos sobre «canciones románticas» (‘Mi Negrita‘!) y tirando de esa labia splanglish que más de uno ha intentado imitar delante del espejo. En definitiva, empezó cumpliendo con el papel de artista estrambótico que le pertenece en un entorno en el que se le veía cómodo: ni se encogió sobre el escenario ni mermó en actitud durante la hora y poco de concierto. Casi que al revés. Al principio la banda acompañó, aunque más en un segundo plano, con Devendra haciendo de las suyas y a ratos rozando el límite del discurso largo. Tiró de hit rápido: ‘Baby‘ puso a cantar a medio VIDA, aunque la cosa fue subiendo de tono a medida que nos adentramos en la noche. ‘Sound and Vision‘ no sería el único homenaje al gran Duque Blanco que nos conmovería. Pese al buen humor que destiló, en ese momento emocionó como el que más.  [Màrius Riba]


The Flaming Lips
:
Empezar echando toda la carne en el asador. Algunos veteranos de The Flaming Lips podían esperar que nos dieran la bienvenida como cuando Arcade Fire despide tras una apoteósica ‘Neighbourhood #1’. Porque lo que pasó fue que en el minuto 0 el confeti ya se rebozaba con la tierra, los hinchables invadían el escenario y las serpentinas dejaban su estela por un cielo con pocas ganas de arruinar planes. Entonces Wayne Coyne aparecía pellizcando a los noventa a caballo de ‘Race For The Price‘, un tema con ínfulas de himno que dio en la tecla de la melancolía.

A partir de ahí, y aunque cueste de creer, el guión escenográfico se mantuvo prácticamente al nivel. ¿Espectáculo? Sí. Aunque el foco se centró directamente en la entrega del directo y las canciones que el público quería escuchar, más que en la ejecución de la propia banda, que con todo sonó imponente. Coyne no es un cantante virtuoso pero se nos comió a todos con patatas. Entre los temas que queríamos oír, como no, el gran Yoshimi hizo acto de presencia con su primera batalla robot, ‘She Don’t Use Jelly‘ tardó en llegar, pero llegó, y el homenaje a David Bowie con ‘Space Oddity‘ fue claramente el clímax de la noche. Desde el interior de un balón de plástico gigante, Wayne festejaba a salvo sobre un mar de gente emocionada. En ese momento, FUCK YEAH VIDA FEST debería haber sobrevolado el cielo. [Màrius Riba]

Real Estate:

Otro de los grupos que le venía como anillo al dedo al VIDA Festival era Real Estate. Dueños de las armonías, las guitarras cristalinas y la distensión, lo tenían a tiro para hacer suyo el ambiente que se respiraba en la Masía. De hecho, sabíamos que eran sobradamente capaces de ello (¿alguien estuvo en el Primavera 2014?) , pero esta vez no lo consiguieron con la eficacia esperado. Su directo fue plano casi de principio a fin, un hecho que se acentuó sobre todo en los primeros compases del concierto. Presentaron (como era de esperar) temas de su nuevo álbum como ‘Stained Glass‘, que a su vez combinaron con perlas de «Atlas» y «Days»; ‘Crime‘ nos embelesó. Tocar por la noche creo que no sumó, más bien lo contrario. Pese a todo, la banda acompañó bien. [Màrius Riba]


La Casa Azul
:
Fue el primer nombre que conocimos de esta edición y a buen seguro uno de los que más ganas teníamos de vivir (o revivir). Porque, como un fan más, cualquiera que haya compartido alguna época de su vida con La Casa Azul, ese concierto significaría algo más que un concierto de La Casa Azul. Por suerte, así  fue: la fuerza, la capacidad de evocar etapas, de mantenerse fiel al espíritu, que desplegó y demostró Guille Milkyway junto a su banda, superó toda barrera impuesta por el tiempo. Yo por lo menos, volví a los campus de balonmano y bailé como un maldito nene. Enfrente al set retrofuturista, con Guille equipado de sus icónicos cascos espaciales, el grupo sorprendería con cuarenta mil ases guardados en la manga: tocaron un buen ramillete de temas de «El Sonido Efervescente de La Casa Azul» que ya quedaban muy lejos, entre ellos la adolescente ‘Chicle Cosmos‘ o ‘Cerca de Shibuya‘, que nos hicieron volar. También cayeron otros del más reciente «La Polinesia Meridional». Y podéis imaginar con qué tintes acabó la cosa. La ‘Revolución Sexual‘ dio pie a la algarabía, una mezcla de excitación y deseo cumplido. Un, «joder, por fín, que no acaben estos minutos. Sólo piensa en bailar». Durante un buen rato, solo hicimos eso y no dejamos de acordarnos de lo felices que fuimos con La Casa Azul. Lo vivimos como un mágico viaje en el tiempo, como quien viaja a los sueños polares.  [Màrius Riba]

SÁBADO:

Rosalía & Raül Refree:
La magia existe. No os hablo de la que hace posible que los peces naden por las copas de los árboles o la que consigue que un ‘octopus’ a lo Jack Sparrow sea la criatura más embelesadora de un bosque. Me refiero a otra, a la que son capaces de transmitir dos músicos tan rematadamente humanos y sensibles como Rosalía y Raül Refree. Como diría él, lo que veríamos allí serían palabras mayores. Y así fue.

El bosque se les quedó pequeño, muy pequeño, pero he de decir que hacer ese concierto allí fue todo un acierto. Porque dos artistas como ellos exigen cercanía, intimidad, silencio y respeto, algo que inevitablemente no pudo cumplirse a raja tabla. Sin embargo, dio igual. Fue desde el más diminuto escenario, recreado en barco, donde ambos capitanearon un directo de ingredientes básicos pero vitales: la voz sobrecogedora de Rosalía y la guitarra acústica de Raül nos trajeron la esencia del flamenco allí mismo. A partir de ahí, el sentimiento y la pasión hicieron el resto. ‘De Plata‘, sería solo un ejemplo de hasta qué cotas podía llegar su sensibilidad; altísimas. Hasta hubo momentos en los que, de tanto sentir, Rosalía se levantaba sin poder contenerse, dispuesta a lanzarse al mar.

Con estas demostraciones tan naturales, instintivas y emocionantes, logró algo maravilloso: enmudecer a todos los presentes, que se contaban por centenares. Así, en medio de fuertes aplausos, ‘I See A Darkness’ cerró (en inglés) el concierto más vivo, intenso y emocionante que he presenciado en el festival. Una pena que tuvieran que echar el ancla porque nos hubiésemos quedado allí toda la noche. [Màrius Riba]

Fleet Foxes:

Fleet Foxes es un grupo de folk, pero no uno cualquiera. Como bien pocos otros conjuntos del momento, su ADN melódico presenta elementos de tierra, agua y aire. Neblina, gravilla y sirimiri cohesionaron, y se entremezclaron, de forma sinuosa en el encandilador directo manufacturado por los estadounidenses en el escenario principal del VIDA Festival 2017.

El set fue exacta y concretamente lo marcado hasta el momento en su gira europea. 17 canciones, 17 localizaciones sonoras identificadas con compás sobre un planisferio musical que encandiló tanto a fans acérrimos como a recién llegados. Las dobles, triples o cuádruples voces trabajadas entre Skjelset, Wescott, Wargo y Pecknold protagonizaron una velada con buena acústica que alcanzó cotas de máxima calidad con clásicos como ‘He Doesn’t Know Why’, cuyos coros alzaron al grupo hasta la estratosfera, o una ‘Ragged Wood’ complementada de forma exquisita con unos hipnóticas visuales psicodélicas, y la siempre bienvenida versatilidad instrumental de Morgan Henderson. Aún y así los dos momentos álgidos del concierto se vivieron con la nueva ‘Third Of May / Odaigahara’, descrita con una personalidad desdoblada de lo más arrolladora, y una ‘Blue Ridge Mountains’ cuyo poder ultrasensorial nos hizo percibir un punto humedad físicamente inexistente en la llanura catalana en la que nos ubicábamos.

Pasará el tiempo y recordaremos el vitoreo existente al arrancar los primeros acordes de ‘Mykonos’. Esa será una perfecta “polaroid” visual de la jornada en la que se demostró que Fleet Foxes no son solo pasado, sino que también son presente. E incluso también futuro.

Warpaint:
Ya caída la noche, y después de vivir el recital de Fleet Foxes, Warpaint debían mantener el buen tono de la última jornada. Siguió in crescendo. Las angelinas salieron a por todas, y se vio claramente en su porte y ejecución en directo, visiblemente festivo y vivaracho. Sobre el escenario vimos a cuatro guerreras dándolo todo que además se coordinaron a la perfección en cada tema. La sensación de que Warpaint es un grupo donde cada miembro se complementa a la perfección fue total. Stella Mozgawa a la batería rezumaba el carácter de unas Deap Vally. Emily Kokal asumió el papel de frontgirl principal y siempre que podía se acercaba al público para cantarle en la cara. Theresa Wayman, también partícipe en la faceta vocal, no dejaba escapar la ocasión para tener duelos de tú a tú con la bajista.

Al margen de la puesta en escena, que fue de notable alto, el sonido que desplegaron fue mucho más frontal y orgánico de lo que me imaginaba (factor que todavía no tengo claro si les acabó favoreciendo. En cualquier caso, no restó). ‘Keep It Healthy‘ podría ser un ejemplo. Aun con ese cariz sonoro, el cuarteto salió ganado. [Màrius Riba]

Fotografía: Alba Nàjera
Texto: Màrius Riba, Fátima Conde, Karen Montero, Pablo Porcar

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.