Crónica

[Crónica] Vida Festival 2019

Como cada año, volvimos a pisar la Masia D’En Cabanyes de Vilanova I La Geltrú para disfrutar de una nueva edición del siempre interesante Vida Festival. Sharon Van Etten, Fontaines DC, Carolina Durante y José González coronaron un lujoso y variado certamen tallado con absoluta meticulosidad.

Recopilamos más de 15 crónicas de lo vivido entre el 4 y el 6 de julio de 2019 en el conocido festival catalán:

JUEVES

EL PETIT DE CAL ERIL 

Los catalanes presentaban su séptimo álbum “Energia fosca” publicado este año, con un folk más refinado de tintes psicodélicos y mucha presencia de sintetizadores. En él su líder Joan Pons ha querido dar un pequeño giro a su sonido, y el músico de Guissona nos sedujo con su peculiar y calmada voz en una actuación íntima en La Cabana Jägermusic, escenario idílico para desplegar todo su arsenal. Una energía especial inundó el bosque de la Masia mientras se coreaba ‘Som transparents’, donde unas pelotas gigantes de colores iluminaban el escenario. Los catalanes, vestidos todos con monos iguales, nos regalaron un concierto propio de una banda ambiciosa (llegaron a afirmar que “el año que viene estaremos en el escenario grande”) y es que parte de su éxito se debe al cariño puesto en cada trabajo, y también al apoyo incondicional de su público. El grupo ha ido creando un universo muy particular desde que publicaron su primer largo en 2009, confirmando ser una de esas bandas imprescindibles de la escena catalana. [Fátima Conde]

JOSÉ GONZÁLEZ 

La puesta de sol nos esperaba ansiosos en el escenario Estrella Damm, donde asistimos a la madurez musical de un artista al que no nos cansamos de ver en directo. El cantautor sueco de origen argentino nos trajo una vez más calma y paz en una actuación escueta, donde su inseparable guitarra era su única acompañante. Detrás, unos visuales de planetas y estrellas iluminaban el escenario en un viaje por sus clásicos y otros temas versionados como la dulce ‘Let’s Stay Together’ de Al Green o el clásico ‘Blackbird’ de The Beatles. La suave ‘Heartbeats’ (la versión de la banda sueca The Knife), que tiene más de 15 años, sigue tan viva como la primera vez que la escuchas, y en directo su sonido te hace viajar aún más allá. Con tan solo unos acordes José hace magia y la delicada versión del ‘Teardrops’ de Massive Attack lo corrobora. Puede que su música no sea innovadora, más bien al contrario; bebe de un folk rústico y simple, y es en esa simpleza donde encontramos la belleza de lo familiar. “Me han dado mucho tiempo esta vez”, comentaba el artista, que completaba su set con sus ya míticos ‘Down the line’, ‘Crosses’ y ‘Stories we build, stories we tell’. Con él somos cómplices del paso del tiempo y de cómo este artista se ha consagrado en él. [Fátima Conde]

Viernes

DIDIRRI

El cantautor de folk australiano cautiva con su belleza inusual, llenando el espacio con su profunda voz que ilumina allá donde va. A Didirri aún le queda mucho camino por recorrer, pero su talento plasmado en su álbum debut constata la calidad de este artista de tan solo 24 años. “Measurements” habla de amor, de intuición, de estigmas y de problemas de salud sexual, entre otras muchas cosas, que resaltan su talento innato. Su folk moderno quedaba reducido esta vez a dos guitarras, una puesta en escena sin ornamentos en la idílica pequeña barca del escenario El Vaixell, en mitad del bosque. La tristeza y la melancolía predominan en la música del de Melbourne: durante unos años sufrió depresión, algo de lo que habla abiertamente e intenta concienciar colaborando con distintas organizaciones. La música fue su pequeño refugio, y así podemos comprobarlo en sus letras íntimas y personales como la delicada ‘Jude’. Mientras escuchábamos temas como ‘Bird sounds’ y ‘Blind you’, su voz delicada y potente que se perdía entre los árboles nos recordaba lo importante que es cuidar de los nuestros.

Didirri se aproxima íntimamente creando contacto visual haciendo tuyo cada tema. El artista se emocionaba al ver la reacción del público, al terminar un tema dedicado a su hermano que sufría autismo, un cálido aplauso que se alargó durante minutos. “Si alguien quiere un abrazo, estaremos aquí al lado para dároslo”: Didirri es pura ternura. Y terminábamos de pie con ‘I Can’t Get Last Night Out Of My Head’, coreando al unísono, celebrando el cariño, el afecto, la vida. [Fátima Conde]

Didirri

MARLON WILLIAMS

Un ser emerge desde el fondo del escenario con un peinado muy particular, ¿le ha quedado bien a alguien el clásico mullet alguna vez? A Marlon Williams si. Su peculiar estilo es compatible con su música, una mezcla de folk, country, bluegrass y clásico blues que contrasta con el mundo moderno. Salta a la vista que Marlon es un romántico empedernido, solo hay que navegar entre sus letras para darse cuenta de que el amor es el centro de música. De su ruptura con la también cantante Aldous Harding nace su último álbum “Make Way For Love”, una oda al amor en la distancia y a las conexiones reales entre personas. Su manera de expresarse resulta impactante, encandila con su contacto visual y hace que no pierdas la conexión en ningún momento.

El cantante de Lyttleton, una pequeña ciudad de Nueva Zelanda, posee una voz, profunda y delicada que nos recuerda a un joven Jeff Buckley. Marlon conserva ese ápice de melancolía por la música temprana, nos adormece con ‘What’s Chasing You’ y nos seduce con ‘Dark Child’. De pronto suena ‘Vampire Again’ y comienza a moverse sospechosamente. Su forma de bailar nos transporta a los años 50 donde atisbamos a un Elvis Presley contemporáneo. Su magnetismo es palpable y la conexión con su banda lo evidencia. Su versión del clásico ‘When I Was A Young Girl’ de Nina Simone y hasta un tema en su idioma nativo (el maorí) evidencian el talento de este excelente cantautor que es más que un crooner con pantalones pitillo. [Fátima Conde]

Marlon Williams

EGOSEX

Nos trasladamos al futuro con una de las apuestas más interesantes del Vida de este año. Egosex rompen con los esquemas y sobre todo con los arquetipos de la música africana presentando una propuesta imposible de rechazar. Sus raíces de música primitiva africana se fusionan con sonidos ambient y futuristas. Wekaforé Jibril, Hugo Bonet y Lluís Campos son los tres miembros que forman parte de este nuevo movimiento que ellos mismos definen como trance jungle blues. La electrónica aparece, suavemente, poco a poco en cada tema para lidiar con esos ritmos puramente africanos que le añaden un toque exótico a esta apuesta tan particular. Las poderosas ‘Chameleon’ y ‘Congo’ incendiaron el escenario haciendo bailar a todo el público. Egosex no solo es música, sino que su identidad se plasma en distintos elementos que forman su delicada estética, desde los visuales que utilizan en sus vídeos hasta la ropa que llevan. Esa estética africana primitiva-futurista queda marcada en el original atuendo que siempre lleva su líder, esta vez, una especie de gorro a lo Cleopatra hecho con cuentas a conjunto con una bata brillante. La banda lleva su imaginación más allá, explorando diferentes formatos y sonidos, y creando un universo personal que no tiene límites. [Fátima Conde]

YAWNERS

Buenas noches, somos Yawners, y empezamos ya“, soltaba de primeras Elena con algo de prisa tras algún problema técnico, para saltar rápidamente a morder a la yugular. Desde la Cabana, el dúo salmantino/navarrés reivindicó el poderío que puede tener el formato batería/guitarra que tan bien han exprimido otras bandas como Japandroids (cliché) o, aquí, los Cala Vento. Con actitud, atino, brío y una buena ejecución: ese “Just Calm Down” desde luego fue aún más vendaval emo en directo, con un Martín todo tatuado (como los principios de Travis Barker) dándolo todo atrás y una Elena desfogándose tocando hasta de puntillas. Siendo objetivo, ninguna canción bajó el listón: ni la blinkera ‘Arco Iris’, ni ‘Please Please Please’, donde Elena hizo un gran papel en la faceta vocal, ni, ya para el final, ‘La Escalera‘, el hit con el que más de uno no pudo contenerse. Lo único criticable de ese concierto fue un público sosainas. [Màrius Riba]

SHARON VAN ETTEN

Hay pruebas palpables de que incluso el más dócil de los cachorros, en situación de peligro, acaba mostrando el más afilado de sus colmillos. De que, independientemente a la ternura inherente al corazón de todos los terrícolas, la facción salvaje de nuestro ADN acaba saliendo a flote en la más inhóspita de las situaciones. Es desde ahí, desde la más absoluta rotundidad impulsiva, que atisbamos, a la par que asimilamos, la naturalidad con la que Sharon Van Etten ha mudado su piel a lo largo de este último lustro.

Lo del Vida Festival 2019 fue una prueba palpable de que ahora ya no queda apenas nada de aquella frágil y desgarbada chiquilla que nos engatusó en La 2 de Apolo en 2012. En la Masia D’En Cabanyes, Van Etten se destapó, de forma definitiva, como una frontgirl de armas tomar. Bebiendo de referentes tan claros como los de PJ Harvey, Patti Smith o su adorado Lou Reed, la neoyorquina se apiadó de la electricidad existente en el núcleo duro de «Remind Me Tomorrow» para desplegar cual «Tormenta» de nuestros tiempos una auténtica master class de como se puede, y también se debe, afrontar un show con decisión, poderío y preciso equilibrio melódico.

Porque lo cierto es que pese a la contundencia y explosividad corporal con la que Van Etten encaró temas como ‘Jupiter 4’, ‘Comeback Kid’ o ‘Memorial Day’, la protegida de Jagjaguwar supo encontrar momentos para cumplir en todos los flancos. Toreó en todo tipo de plazas: desde aquellas encumbradas por joviales panderetas (‘One Day’) hasta las representadas por crepusculares ritmos de percusión (‘Every Time The Sun Comes Up’) y/o brillantes medio tiempos de férrea tez guitarrera (‘Tarifa’). Por poder, Van Etten pudo hasta atreverse a encarar al piano una delicadísima cover de ‘Black Boys On Mopeds’ extraída del «I Do Not Want What I Haven’t Go…» de Sinead O’ Connor.

Cierto es que hacia el final del show el asunto pecó de cierto estado de languidez (tramo ‘Stay’, quizás) pero obviamente aquello fue «pecata minuta». Lo de Sharon en el Vida fue un «veni, vidi, vici» en toda regla que nos sirvió para interiorizar que ahora, en 2019, la madre de «Tramp» y «Epic» es una reina a la hora de controlar los tempos y la pulsión emocional de las actuaciones. Tanto clava molares como te atrapa en su regazo. Lo tiene todo en el año que nos ocupa. Madurez v3.0. Inevitable temblar al pensar en la cuarta actualización del firmware… [Pablo Porcar]

Sharon Van Etten

FONTAINES DC

Ya nos habíamos hecho la idea de que con Fontaines D.C. acabaríamos como con Perro el año pasado: rebozados de arena en La Cova, tendiendo la mano para ser rescatados y balbuceando treguas mientras las baterías te rematan sudando de tu cara. Pero la cancelación de Beirut a última hora obligó a desplazarlos al escenario Masia (uno de los grandes), empañando levemente esa idea inicial tan golosa. Me equivoqué bastante al pensarlo, porque el grupo irlandés, claramente una banda revelación dentro de la movida Irish y la escena post punk anglosajona más tabernaria, se desenvolvió bien sobre el papel. Y contagió, desde el escenario al menos seguro. Toda impresión de banda estática que podían proyectar al principio quedaba revertida al segundo por su frontman descamisado, recitando arriba y abajo, como un poseso, indignado con sus mensajes, a lo crooner trasnochado. Potentes, frontales (poco se pararon a dialogar con la gente, todo lo que pudieron tocar lo tocaron), concentrados. Los temas de “Dogrel” impactaron como un tren amortiguando el hype de nicho: ‘Hurricane Laughter‘ primero y el combo ‘Liberty Belle’/’Boys in the Better Land‘ al final. Son solo referencias, aunque en su directo hubo carácter, enjundia y pocas anécdotas. En este caso, la ausencia de diferencias habló bien de ellos. [Màrius Riba]

TEMPLES

¡Que nunca muera la psicodelia! Aún sigue habiendo bandas que nos rescatan esas melodías setenteras que en otra época inundaban los festivales y las radios locales. Los de Kettering, Inglaterra, se proclamaban fans de nuestra tierra con un claro “nos encanta España, es mucho mejor que Inglaterra, creedme”. Tras un pequeño tirón de orejas al momento Brexit que sufre el país comenzaba una actuación donde el rock psicodélico fue el rey. Los británicos se presentaban en el escenario con su cuidada estética: camisas psicodélicas, pantalones de pana acampanados, pelos bob, blazers de leopardo y un swag propio de las estrellas de rock de finales de los setenta.

Mientras su tercer álbum de estudio se hace de rogar, los ingleses nos regalaron su último single ‘Hot Motion’, que en directo suena luminoso. Su sonido progresivo con trazas de Pink Floyd, T.Rex y The Byrds se acomoda en un directo que hace las delicias de los fanáticos de la guitarra. Una gran dosis de nostalgia nos invade al escuchar temas como ‘Oh The Saviour’ y ‘Shelter Song’, las canciones más coreadas y convertidas en himnos de la banda. Un halo de luces de colores inundaba la Masia, y nos transportamos a otra era con los riffs de guitarra de James Bagshaw y los teclados de Adam Smith. Como cierre, el público entregado coreó los acordes de ‘Certainly’ como si de una canción del mundial de fútbol se tratara, un prolongado “lolololo” hizo que la banda se rindiera a su audiencia y la siguiera bailando. Temples lo tienen muy claro: aún en tiempos modernos no van a abandonar ese estilo definido que les diferencia y que tanto enamora.  [Fátima Conde]

Temples

Sábado

FERRAN PALAU

Las actuaciones en el escenario del Vaixell, al margen de ser escasas, suelen responder a un tipo de artista que, por su naturaleza, se adapta al entorno mejor que la mayoría. En su día vimos a Rosalía dejando mudas hasta a las perdices, luego a Albert Pla brindando uno de los directos más teatrales (y especiales) que se recuerden. Y este año le tocó a Ferran Palau, con permiso de Kevin Morby, hacer honor al emplazamiento más especial del festival. Lo hizo saltando al bote con su look sencillo: gorra amarilla, camisa ancha y una guitarra acústica que, con el apoyo de Jordi Matas (su primo, productor y, sobre todo, amigo), le serviría para hilvanar un repertorio muy de «Blanc», pero con sorpresas. La lluvia estuvo apunto de volcar la nave en varias ocasiones (Ferran casi echa el ancla a medio show) pero, ciertamente, cuando nadie veía claro que pudiera seguir, el capitán decidió tirar millas. Primero, tocando un nuevo tema de «Kevin», disco que, como dijo, sacará en otoño. Y luego, rematando la tarde con una versión pícara de ‘Bonito es’ de los Sencillos. Padres, hijos, familias en general. Todos los disfrutaron como tocaba.  [Màrius Riba]

Ferran Palau

NYANDÚ

Fue escuchar la primera canción de Nyandú y revivir el boom de Manel, la cotidianidad de ‘Aniversari’ y el gancho lírico de ‘Teresa Rampell’. Con esa impresión, y con el desconcierto de ver a una banda jodidamente suelta sobre el escenario, me quedé. El cuarteto de Vic, esencialmente guitarrero, con preferencia por el indie rock, derribó toda barrera entre la que se convertiría en su gente. Fue cuestión de (poco) tiempo. Ferran Orriols no paró de buscar la interacción con un público familiar, cantarín, servido con su Spritz con hielo de tarde, hasta recibir el feedback merecido. Aquí sí hubo anécdota, y fue de setlist (aunque he de reconocer que fui sin estudiar). Una versión en catalán de Walk On The Wild Side de Lou Reed tuneada acontecía de forma inesperada. Fue una rareza llamativa, como en su día (24 años atrás) lo fue ‘El Lado más bestia de la vida’ de Albert Pla. Eso no fue determinante, ni mucho menos. Determinante fue la suma de todo: cuando uno toca con muchas ganas, siempre gana. [Màrius Riba]

GUS DAPPERTON

Aún con la lluvia acechando y unas pocas gotas cayendo, Gus Dapperton y su banda salían a comerse el escenario. Su pelo es rojizo, luce gafas naranjas, un pendiente largo y zapatos con plataforma. El joven estadounidense no le teme a nada, sale decidido, con su estética llamativa y su juego de bailes. Su primer álbum publicado este mismo año bajo el nombre de “Where Polly People Go To Read” es una mezcla de pop sintético con mucha presencia de sintetizadores donde hay cabida para el autotune. Un sonido pop ochentero que refleja su buen gusto por la música de esta época, con los sintetizadores al cargo de su hermana pequeña, forman un sonido compacto. Las primeras filas se llenan de millennials que corean y bailan su música.

‘Prune, You Talk Funny’, ‘Gum, Toe And Sole’ y ‘I’m Just Snacking’ suenan a esa reminiscencia del pasado que sigue muy presente en el mundo actual. Su vulnerabilidad contrasta con la mentalidad con la que acepta el mundo; crecer en el pequeño pueblo de Warwick, Nueva York le aisló de muchas cosas para luego darse cuenta de que hay mucho más allá, y esa madurez temprana se refleja en sus letras. La banda rompe los estereotipos convencionales, desde su estética transgresora y diferente a su sonido fusionado con elementos modernistas. Con tan solo 21 años, el de Nueva York se postula como un miembro de esta nueva generación de artistas y fans que influyen, y su presencia en el escenario lo constata: Gus ha nacido para brillar y darle la vuelta a la industria. No queda duda que pronto se convertirá en un icono. [Fátima Conde]

Gus Dapperton

THE CHARLATANS

Desde Manchester aterrizaban The Charlatans todavía aún con la resaca del reciente Glastonbury. Tras un período extraño de altibajos, su líder Tim Burgess, considerado uno de los iconos de los noventa, vuelve con la banda que le ha visto crecer. Volver a Reino Unido después de más de una década, terminar abruptamente con su matrimonio y dejar las drogas y el alcohol son cambios que afectaron al cantante de Manchester e hicieron que quisiera volver con su banda después de su corta carrera como solista. Parece como si el tiempo no hubiera pasado, la banda ya entrada en los cincuenta sigue dando el mismo juego con un setlist incendiario con hits como ‘The Only One I Know’, ‘One To Another’ y ‘North Country Boy’.

Se podían ver entre el público, que claramente era de una edad media más alta, muchas camisetas de los míticos Stone Roses, y es que compartieron protagonismo con ellos en una época en la que el sonido britpop reinaba en Manchester forjando la legendaria escena musical Madchester, donde otras bandas como Happy Mondays y Kula Shaker también desarrollaron ese rock alternativo que reinó durante más de una década. En directo, Burgess, al que vimos feliz y renovado, no paraba de animar al público, y a ellos dedicaba el tema ‘Let The Good Times Be Never Ending’. Más de 25 años avalan a los británicos, y con el directo que nos regalaron en el Vida, cercioramos que siguen en lo más alto con su sonido marca de la casa que les hizo tan famosos. [Fátima Conde]

The Charlatans
The Charlatans
The Charlatans

CARIÑO

Es posible que Cariño llegaran al VIDA en el momento más dulce de su carrera. Este año su trayectoria ha ido como un tiro, y al igual que la de artistas como Cuco (a otra escala), que son productazos con un buen marketing detrás, la prueba del algodón termina acaeciendo en los directos. En mi caso con ellas, era la primera vez. Y como idea general, dos aspectos reseñables: el primero, que las madrileñas son lo que venden, un trío con un código interno punzante, desacomplejado, que le ríe a la vida (aunque Paola se gasta cara de muy mala hostia) creyendo en ese género que han bautizado como tontipop y con el que tanta gente sintoniza, también en vivo. El segundo, y casi tan importante como el anterior, que sonaron compactas en la Cabana, defendiendo bien la marca Cariño, inclusive en la faceta vocal, donde creía que más podían peligrar. Pueden llamarlo pop ñoño, pero le dan bien a las guitarras: ‘Mierda Seca‘, ‘Canciones de Pop’ o ‘Llorando en la Limo’, que dedicaron a “Antonio” (a C Tangana, vaya), no se cortaron un pelo en ello. Así, cumplieron bien sobre el papel, desde mi punto de vista, incluso un poco mejor de lo esperado. [Màrius Riba]

CAROLINA DURANTE

La movida continuó hasta el sábado por la madrugada (ya domingo) con el bien intencionado concierto de Carolina Durante, programado concienzudamente para dar un repunte a la noche. Así, todo iba a ser cuestión de entrar en su juego, porque de otra manera, Carolina Durante es un grupo que deja sensaciones contrapuestas. En este sentido, es una banda que, si no da el 200%, puede caer en la trivialidad. Aunque no fue el caso. El cachas de Diego Ibáñez (voz principal) se dejó la piel cantando los hits de la banda (más de uno, proyecto de himno español), retorciéndose con el micro, agarrándolo como si no hubiera mañana y respondiendo bien al control de su voz en todo momento. No esperábamos ver a Amaia, pero ‘Perdona (Ahora sí que sí)‘ fue ejecutada con la misma efectividad. Como ‘Las Canciones de Juanita‘ o, ya para el final, una ‘Cayetano‘ que atrajo al público de los aledaños a concentrarse en el hervidero central. Buena respuesta de la gente, buena respuesta de Carolina Durante, quienes explotaron sus dos puntos fuertes: estilo y actitud. [Màrius Riba]

Carolina Durante
Carolina Durante

MADNESS

Empezar por todo alto define muy bien el comienzo del concierto de los británicos Madness: los acordes del ya considerado himno “One Step Beyond” reventaban el escenario Damm y conseguían que todo el público comenzase irremediablemente a bailar. La peculiar banda de new wave original de Londres eran el plato fuerte del sábado. Los británicos, que no han parado desde que comenzaron a finales de los setenta, demostraron esa picardía que contrasta con la forma de ser un tanto introvertida típica de los ingleses. Con ellos el ska aterrizaba en la Masía y Madness sacaban todo su arsenal de instrumentos: trompetas, guitarras, saxofón y percusiones forman una orquesta de nada más y nada menos que diez integrantes.

Los de Camden no decepcionaron, se ciñeron a un repertorio algo previsible para hacer las delicias de sus fans, muchos de ellos vistiendo con el atuendo característico: sus clásicos sombreros y gafas de sol. Con una elegancia abismal la banda hizo un gran repaso a sus grandes éxitos tras 40 años de carrera, como ‘One Better Day’ y ‘Wings Of A Dove’, para terminar con los legendarios ‘Baggy Trousers’, ‘Our House’ y ‘This Must Be Love’, que ya forman parte de la historia de la música. La nostalgia nos visitó una vez más y pudimos ser partícipes del éxito de esta banda que desde finales de los 70 sigue igual de sólida que desde entonces. [Fátima Conde]

Madness
Madness

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Textos: Fátima Conde, Màrius Riba, Pablo Porcar
Fotografías: Montse Galeano (Binaural.es)

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