[Crónica] Viva Belgrado en Madrid (2 de febrero de 2024, La Paqui)

Era su noche, y aunque dominan Madrid a la perfección (habiendo llenado la sala Caracol en 2018, el Teatro La Latina en plena pandemia, el Lula Club en 2023 y La Paqui prácticamente un año después), los cordobeses se mostraban atónitos ante su sold out en la capital el pasado viernes 2 de febrero.

Hola, somos Viva Belgrado y venimos de Córdoba” parecen ser las palabras con las que más cómodos se sienten cada vez que pisan un escenario, unas que nunca fallan. Sin que estas se alejen de la realidad, la ciudad Andaluza ha servido como caldo de cultivo para que la escena del screamo, el post hardcore, y con ellos el pop y el rock que ahora también predica Viva Belgrado, se extienda dentro y fuera de España.

Pero en esta velada, el epicentro de todo ese batiburrillo de géneros musicales eran Madrid y la sala La Paqui, donde Cándido (voz, guitarra rítmica y teclados), Ángel (bajo), Álvaro (batería) y Jaime (guitarra solista) colgaban días antes el cartel de “entradas agotadas” en la puerta. El motivo: el trabajo que lleva rondando las redes sociales, la prensa y las tiendas de discos durante el último mes y poco, “Cancionero de los cielos” (2023, Fueled By Salmorejo), que tocarían de forma íntegra junto a un puñado de sus temas más alabados; y como siempre, algunos que siempre se echan de menos.

Un set de casi dos horas y más de una veintena de canciones permitió a Viva Belgrado desenvolverse en el escenario como lo haría cualquier banda de su liga: con pocas palabras pero bien elegidas, una concentración máxima y un pensamiento de agradecimiento continuo. Si bien el inicio con “Perfect Blue” y las consiguientes canciones tardaron en ajustarse a nivel sonoro, a la tarima acudieron figuras imprescindibles en el disco: desde Erik Urano en “Jupiter and Beyond the Infinite” y Sara Zozaya en “Nana de la Luna Pena” hasta Eric Montejo de Boneflower, quienes abrieron su concierto horas antes, para interpretar “Gran Danés” antes de cerrar la noche.

Sin embargo, antes de todo eso, composiciones como “Una Soga” o “De Carne y Flor” fueron enormemente aplaudidas; en ese punto el respetable perdió la vergüenza inicial y no tardaron en formarse los pogos y los balanceos hacia adelante y hacia atrás. Otras esperadas como “Gemini”, “Un Relato” o “Más triste que Shinji Ikari” fueron merecidamente ovacionadas, como también lo fue Ángel Molina (que en paz descanse), a quien Viva Belgrado dedicó el concierto, destacando su contribución al jazz nacional desde la ciudad natal de la banda. “Sin él y sin la Escuela de Música de Córdoba estos cabrones y yo no nos habríamos conocido”, admitía Cándido emocionado.

Con eso y con todo, Viva Belgrado demuestra ser una agrupación con una destacada evolución musical, enormemente inspirada por la filosofía y las cosas cotidianas, sin miedo a la experimentación y con la certeza de que, hagan lo que hagan, el respaldo y el calor de su gente, de cambiar, sería para crecer más aún si cabe.

Crónica: Lucía Monsalve
Fotos; Sergio Morales

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