Crónica

[Crónica] Woods en Barcelona (abril de 2017)

woods barcelona

Muchas eran las ganas de ver a Woods tras su excelente último disco. Su característico folk psicodélico picotea de influencias muy variadas en ‘City Sun Eater in the River of Light’, álbum en el que los de Brooklyn se manejan con igual comodidad entre ritmos africanos, trompetitas festivas, jazz fusión y melodías pop, y la sala Apolo de Barcelona se presentaba como el espacio ideal para disfrutar de su ecléctica maquinaria. Abrimos boca con el folk entrañable de los locales Ran Ran Ran, cuya fascinación por los sonidos pequeños y matices a la Joan Miquel Oliver derivó en un último tramo de intensidad rockera acorde con la camiseta de King Crimson que ostentaba el batería. La sala se fue llenando poco a poco y, con unos minutos de retraso, los de Jeremy Earl (no, no es DJ Coco) saltaron a la palestra.

El arranque tuvo una intensidad moderada. Woods calentaron con temas como ‘Leaves Like Grass’ y ‘Politics of Free’, en los que definitivamente mostraron tablas sobre el escenario sin excesivos aspavientos. El teclista Kyle Forester alternaba coros, bases e incluso percusión improvisada botellín de cerveza mediante, y la guitarra de Jarvis Taveniere, también productor del grupo, evitaba protagonismos y enriquecía con sobriedad pero indudable presencia. Llegó la primera prueba de fuego: ‘Sun City Creeps’, temazo de los que se cocinan a fuego lento, vino con una pequeña introducción que parecía una puesta a punto del pedal de wah-wah, que iba a ser pisado sin piedad para deleite de los presentes en los próximos minutos. Una vez entrados en materia, la guitarra de Earl se paseaba puntuando con intensidad cada una de las notas que emitía, alternándose con exquisitos coros a tres voces y brillando -aunque con algo menos de fluidez que en estudio- en los momentos de exhibición instrumental.

Lo que parecía marcar un ascenso imparable dio pie, inesperadamente, a lo que podríamos definir en lenguaje llano como una cortada de rollo. La aproximación de Woods a ‘The Take’, notable muestra de estilo western ácido, inició con maneras acompañada de unas luces verde psicodelia muy adecuadas, pero se dejó perder en un océano de palm muting y solos imprecisos y poco definidos del que les costó salir. Dios nos libre de despotricar ante una fuga psicomusical de casi quince minutos, pero en este caso un par de momentos climáticos bastante resultones no compensaron el frenazo en seco que supuso una caída general en la monotonía poco digna de una banda que está a punto de sacar su décimo álbum de estudio.

El frontman de la banda se calzó de nuevo la acústica, y por momentos se alejó de su característico falsete para tocar un registro cercano al folk alternativo de voz sentida. Con la llegada del clásico ‘Cali in a Cup’ entraron aires de buenrollismo, y con ellos el público asistente volvió a la vida. Había ganas de ritmo. En ‘Sheperd’, la melancólica guitarra con slide parecía recibir el apoyo moral del resto de la formación, como si le dijeran “vamos, colega, anímate, que no pasa nada”, y ‘Creature Comfort’ insufló algo más de vida al conjunto con bellas armonías, demostrando que también lo breve, cuando es sintético y va al grano, resulta muy cundidor.

La remontada se hacía patente, pero nada nos preparaba para lo que estaba por venir. Jeremy Earl abandonó el escenario para pedir una espuma para su micro, y Tavernier recibió su llegada con un “más vale tarde que nunca”. Después de su más que épica interpretación de ‘With Light and with Love’, eso mismo pensábamos nosotros. Ahí estaba, al 100%, lo que habíamos venido a oír. Qué barbaridad. En su máximo esplendor, Woods nos deleitaron con un sonido contundente y cohesionado, y dejaron su anterior deriva en ‘The Take’ en broma de mal gusto. Se sucedía el protagonismo de instrumento en instrumento de modo pasmosamente orgánico, y el público se venía arriba ante tal demostración de poderío. Nos acercábamos a la hora del cierre, pero, sabedores de encontrarse bajo el equivalente musical de la estrellita de Super Mario, Earl y compañía lo dieron todo con unos ‘Suffering Season’ y ‘Moving to the Left’ que supieron a pura gloria. Así sí.

Texto y fotografía | Pau Ortiz

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