Crónica

Dr. Calypso se despiden de 30 años de carrera en Barcelona

Cualquier adolescente vive perdido en un proceso de formación vital que le supera de lado a lado. Ellos aun no lo saben pero lo que acaben escuchando esos días de alcohol, caladas de postureo y flirteos químicos, acabará siendo el sustrato, muy probablemente, de lo que escuchen el día de mañana. En el caso de un servidor, en los apocalípticos tardíos 90’s, bandas como Dr. Calypso hicieron un bien inconmensurable, enseñando una alternativa al denostado ‘rock català’ y un nuevo mundo capitaneado por instrumentos de viento. Quizás de las trompetas de ‘Pole man’ y su capacidad para hacerte bailar vinieron luego mi pasión por el soul más bailable.

En cualquier caso Dr. Calypso, no solo para mí, fueron una enciclopedia hace casi 30 años de lo que era el ska, rock steady, el reggae o el bogaloo. De sonidos caribeños y del concepto menos peyorativo de ‘festa major’. Ellos han tocado en la mayoría de pueblos y ciudades de Catalunya llevando la buena nueva del tropicalismo y el baile jaracondoso a multitud de fieles. Tres décadas de pasarlo bien, bailar, y reivindicar -algo que siempre han hecho sin un atisbo de postín- que el pasado viernes 4 de enero tuvo su última función en la Sala Apolo de Barcelona. Un concierto de cerraba su gira de despedida que les ha llevado este año por todo el país. Lo dejan por el cansancio de parte de los miembros del grupo. La crisis económica, las cargas familiares y el paso de los años son mucho acompañante para una parte de la formación. Pero no han querido irse sin regalarnos una noche como las de antaño. Cuando teníamos pelo, hígados de hierro y nos podíamos fumar cualquier cosa susceptible de ser enrollada entre papel. Ver el público llenando la sala de Poble Sec era una mezcla de alegría y pesadumbre por perder un referente musical. La media de edad superaba los 35 años y era realmente entrañable ver a los skins (los buenos, no los que paran taxis todo el día) veteranos, con sus Ben Sherman más apretadas que nunca, sacando a relucir de nuevo sus tirantes y tatuajes ya desgastados. Amigos y familia de la banda también se distinguían entre el público.

Salió la banda y se pusieron a ello. Sin sentimentalismos baratos y con la voluntad de hacerlo pasar bien. Sonaron las primeras notas de ‘Return’ y la gente ya empezó a bailar y a corear las partes de vientos metales con ahínco hooliganista. Le siguieron clásicos como ‘Camí fácil’, ‘Sense sostre’ (se agradece que una banda se fije en que hay gente durmiendo en las calles) o las divertida ‘2.300 milions’. Los dos frontman de “calypseros” realmente se les ve en forma.  Luismi López con sus icónicas gafas de sol y su bailar frenético no podía esconder la emoción; mientras Sergi Monleó “el Xèriff” nos deleitó con sus bailes enciclopédicos e hipnóticos movimientos de cadera, dejando a Shakira como una mera aprendiz. Pura actitud en el escenario. Como también de los dos guitarras y el bajo, que siguen siendo de la parte veterana de la banda. La fiesta continuó con el reagge d”Aquesta nit’ cantado con toda la pasión del mundo y coreado por el público. También hubo paso para las canciones más recientes como ‘La sirena del taulat’ o la instrumental ‘Tribut a Natxo’, dedicada a un miembro fallecido de la banda que también lo fue de Skatalà.

A estas alturas, la pasión encima de la pista de madera ya se desbocaba. La gente fumaba sus tronchos trufados con THC sin vergüenza y la sudoración era el mejor hermanamiento posible. Un ambiente que acabó de desbordarse cuando “el Xèriff” entonó una pequeña arenga anti-fascista mandando recuerdos al facherío que campa por el país vecino, preludio que sabíamos pertenecía a escuchar ‘Brigadistes Internacionals’. Un himno para cualquiera que se haya dignado a alzar el puño alguna vez y que acabó con el público coreando “No pasarán” y “Puta España” (ahora viene cuando nos cierran la web…). Aquello ya empezaba a hacer bajada y se olía el final. Otra mítica con ‘Pardalets’, una oda ecologista con el estribillo más bailable que he escuchado en mi vida. De verdad, si no se les ponen las caderas locas con esa canción tienen un problema, se lo dice alguien con un palo de fregona como columna vertebral. Le siguieron ‘Se’ns pixen’, otra oda a los instrumentos de viento. Y, finalmente, un solo bis con un trio final de canciones que ponen en alto hasta un funeral de Estado: ‘Born to be alive’, ‘Poleman’ y ‘Plan 10’. Esta última, otra instrumental más mítica que el Maradona de la Rambla y que desembocó en un pogo mayúsculo de codos al viento y testosterona descomprimida.

Y se encendieron las luces y tocaba volver a casa acarreando una nueva resaca emocional. Un recuerdo fabricado de aquellos que sabes te van a durar para muchos años, como las chaquetas buenas para el invierno. Sin duda echaremos de menos a Dr. Calypso. A su lucha y su capacidad festiva para la reivindicación. Pero les damos las gracias por tantos himnos generacionales, habernos descubiertos el tropicalismo hedonista y habernos hecho disfrutar tantas y tantas veces. ¡No pasarán!

*Fotos: Anna Lyagina

Oscar Villalibre
Redactor en Binaural desde hace más de 3 años. El pop y el soul son el motor. Las guitarras afiladas, las trompetas y los violines el mejor impulso. Twitter: @oscarvillalibre

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.