Crónica

Una noche (virtual) con Working Men’s Club en The Brudenell Social Club de Leeds

No iban mal encaminadas las autoridades cuando advertían que el de 2020 podía ser un nuevo “summer of rave”, un fenómeno que no sucedía en Inglaterra desde el verano de 1989. Desde luego, el caldo de cultivo actual es de lo más propicio: una juventud precarizada y sin alternativas de ocio se entrega al hedonismo a ritmo de electrónica ponzoñosa en un paraje de ubicación confidencial. Uno no podía evitar fantasear con ello mientras esperaba en el sofá a que empezara en este tedioso viernes de agosto la segunda de las Basement Transmissions, retransmisiones de conciertos en streaming encabezadas por Working Men’s Club. Comparten con una rave la propuesta musical y cierto aire clandestino, aunque, al contrario que estas fiestas ilegales que han proliferado en el Reino Unido en los últimos meses, son otro perfecto ejemplo de responsabilidad e innovación de una industria que ha sabido reinventarse como pocas otras.

Pero el verdadero valor de lo que sucedió el pasado viernes en The Brudenell Social Club de Leeds no estaba tanto en la tentadora oferta escapista que ofrecía sino en la posibilidad de ver a dos de las bandas más excitantes del momento. Working Men’s Club tenían previsto visitarnos el pasado mes de julio, aunque, si todo va bien, solo habrá que esperar un poco más, hasta el Bilbao BBK Live 2021, para verlos actuar por aquí. No parece tan cercana la primera visita de Lazarus Kane, una de las formaciones más pujantes del momento y la encargada de abrir la velada anoche. Fue uno de los singles de la serie Speedy Wunderground el que los puso en el mapa en septiembre de 2019. ‘Narcissus’ es una epopeya sónica de 7 minutos y medio de duración producida, como todo lo que sale del sello más vibrante de la escena londinense, por Dan Carey, que lo mismo factura producciones del espectro más guitarrero como black midi o Fontaines D.C. que exquisitas producciones de textura electrónica como PVA o este tema que sirvió a Lazarus Kane de carta de presentación.

Este americano, ahora residente en Londres, se ha ganado un hueco en la escena británica gracias a su buen hacer en directo. De ello pudimos dar buena cuenta anoche, cita en la que se presentó arropado en el escenario por 5 músicos más. Su set arrancó con ligeros problemas en la mezcla. Una lástima que no se pudiera apreciar bien el bajo en ‘Night Walking’, la otra canción disponible de la banda en plataformas de streaming, pues se trata de un trallazo que deslumbra por su pulsión funk. Por lo demás, la propuesta de Lazarus Kane no está tan encarada al club como ‘Narcissus’ hiciera parecer en primera instancia, resultando más cercana por momentos a la trituradora rítmica que son sobre el escenario LCD Soundsystem.

Tras el pertinente receso, se retomó la conexión en directo desde Leeds para ofrecer, ahora sí, el plato fuerte de la noche. El debut homónimo de Working Men’s Club llegará el próximo 2 de octubre, pero hasta entonces la banda va mostrando en pequeñas píldoras el contenido de tan esperado elepé. El 5 de junio, fecha en la que originalmente debía haber visto la luz el álbum, publicaron ‘MEGAMIX’, una reinvención de diferentes pasajes del disco de 21 minutos de duración. La actuación de Working Men’s Club arrancaba con una canción inédita que, lógicamente, no sería la única que mostrarían en toda la velada. El segundo corte fue ‘Bad Blood’, cuya fecha de publicación es anterior a su fichaje por Heavenly Recordings, y que finalmente no estará incluida en su primer largo. El contraste entre el post-punk genérico que despachaban en sus primeros compases, encarnado en esta ‘Bad Blood’, y la electrónica que mira descaradamente al club destilada en su más reciente single, ‘Valleys’, quedó más patente que nunca en la transición entre ambos temas enlazados anoche al inicio de su set.

Finalmente fueron 45 minutos de concierto en los que se pudo intuir la solidez de un debut que se antoja como uno de los trabajos imprescindibles del presente ejercicio en lo que a música de baile se refiere. Los mimbres que se perciben en este proyecto hacen inevitable pensar en la prometedora carrera que tiene por delante Syd Minsky-Sargeant, un artista de visión extraordinaria y de  robusta personalidad pese a no encontrarse todavía a la veintena. Rodeado de la gente apropiada —una formación estable y Ross Orton, productor y figura clave como nos confesaba Syd en esta entrevista— y en el lugar adecuado para desarrollar su carrera —Heavenly Recordings, reputado sello que celebra en 2020 sus 30 años de existencia—, todo hace indicar que la estimulante trayectoria que tienen por delante Working Men’s Club será una de esas que hacen a uno sentirse un privilegiado por haber sido testimonio de la misma desde el principio.

Fotografía: Piran Aston

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