CrónicaDestacados

[Crónica] Chris Cornell en Barcelona (21 de abril de 2016)

cornell barcelona liceo

«La paciencia comienza con lágrimas y, al fin, sonríe» – afirmó en su momento el filósofo y escritor Ramon Llull. Al leer esta cita no pude evitar pensar en la carrera en solitario de Chris Cornell. Por lo que es, y por lo que fue. Por lo que prometió, y por lo que desdibujó. Hagan un repaso por su cronología y entenderán lo que les digo. O mejor aún: básenla en las sensaciones descritas en los estómagos de todos y cada uno de sus fans. Sí, hablen de las mariposillas generadas con «Euphoria Morning» (2009), y también del inesperado, y casi trágico, corte de digestión motivado por «Scream» (2009). Sin olvidar aquel punto agridulce que se nos quedó a algunos en el buche con «Carry On» (2007). Porque el ser seguidor del Cornell solista es, a su manera, como ser uno del Atlético de Madrid. Las nubes aparecerán nubladas una semana, y la siguiente. Probablemente también impedirán ver el sol la que venga justo después. Pero de una u otra manera uno sabe que tarde o temprano la paciencia le vendrá recompensada en forma de un nutriente, e inolvidable, rayo de luz. De aquellos que te iluminan el día como si de la primera jornada primaveral se tratase. Eso es lo que supuso para mí la llegada de un tema como ‘Two Drinks Minimum’ (más conocida como ‘As Hope And Promise Fade’), igual que para otros podría ser la aparición en escena de ‘Bend In The Road’, ‘Misery Chain’ o ‘Dead Wishes’.

Lo representado en las anteriores líneas es exactamente lo que sentí el pasado jueves 21 de abril al abandonar la sala barcelonesa del Liceo. Chris Cornell había regresado a la ciudad condal tras 17 larguísimos años sin actuar en solitario, y las dudas respecto a su directo, pese a ser patentes, no habían frenado una triunfal venta de entradas que derivó en un implacable «sold out». Ello, en una sala como la hermana mayor de la Foyer, y con las entradas de pista a 76 euros / unidad, significó una memorable victoria para los promotores del Suite Festival que se aventuraron a traerlo en concierto, con el riesgo económico que ello podía significar.

El compañero de Vedder en Temple Of The Dog se subió al escenario a las 20:10 esbozando una amplia sonrisa. Estaba completamente justificada: frente a él se elevaban en seis pisos un total de 2.200 almas , todas ellas entregadas al retorno a España de uno de los príncipes del grunge. Las primeras palabras sirvieron para rendir pleitesía a nuestra ciudad y, especialmente, a uno de sus ídolos – Prince – que había fallecido ese mismo día. A modo de emotivo tributo Cornell decidió abrir el set interpretando la cover de ‘Nothing Compares 2 U’, que marcó las bases de un sentimentalismo al que nos íbamos a acabar rindiendo a lo largo de toda la actuación.

Con ‘Before We Disappear’ apareció en escena una figura, la del violoncelista Bryan Gibson, que aportó unos matices instrumentales jamás disfrutados anteriormente en las giras de Cornell. Recuerden: si en el «Songbook Tour» de 2012 la improvisación era el arma de mayor calibre de las empuñadas por Cornell, en el de «Higher Truth» la gracia reside en la búsqueda de un equilibrio, protagonizada tanto por los momentos en los que Chris se siente suelto de cualquier tipo de corsé, como por aquellos en los que aparece su compañero y el dúo acaba tocando algunos de los hits marcados a fuego en el setlist.

cornell7

‘Can’t Change Me’ gozó del carácter férreo de la ofrecida en el LP debut, y la versión del clásico de Bob Dylan ‘The Times They Are A-Changin’, armónica incluida, demostró que Cornell sabe desenvolverse bien al hacer suyo el sonido de raíces. Aún y así tras ‘Like A Stone’ llegó uno de los primeros memorables momentos de la noche. Las primeras notas de ‘Fell On Black Days’ empezaron a sonar y muchos fuimos los que acabamos instantáneamente tendidos sobre la lona. Hay algo de mágico en la nostalgia que desprende la voz de Cornell al interpretar algunos de sus clásicos. Algo hechizante, algo que te suelda emociones a fuego en el corazón sin apenas ver la llama venir.

Esa sensación quedaba aún más patente al enlazar cortes correctos pero discretos de Audioslave (‘Doesn’t Remind Me’, ‘Getaway Car’) con otra de las joyas de la corona: una ‘Say Hello 2 Heaven’ en la que el artista aprovechó para rendirse ante su antiguo amigo Andrew Wood, y también ante Prince. Cornell es consciente de lo mucho que sus fans adoran los temas de Temple Of The Dog, por lo que en la actuación también sonaron la siempre extasiante ‘Hunger Strike‘ y ‘Wooden Jesus’, que recordó en gran medida a su versión de estudio.

cornell3

Con ‘Blow Up The Outside World’ Cornell decidió quitarse momentáneamente la máscara de cantautor purista. Tirando de pedalera generó un loop de voz que resonó por todo el Liceo, ofreciendo aquella sensación bucleica que tan bien transmiten algunos de los más oscuros diamantes de Soundgarden. Esta misma ruptura en el enfoque del directo sucedió con la cover de ‘A Day In The Life’ de The Beatles, generando cierto momento místico que a su manera nos parecía remitir al corte celestial y casi evangélico de aquel ‘Ave Maria’ que tanta polémica generó años atrás en el seno de la fanbase de Christopher John Boyle.

Concretamente Gibson justificó por completo su presencia al acompañar con su violonchelo a Cornell en ‘You Know My Name’. Sonó tan robusta y metálica como en los créditos de «Casino Royale». Pero fue con ‘Billie Jean’ con el que el público del Liceo volvió a quedar noqueado. El estadounidense consiguió transmitir con su voz aquella sensibilidad y vulnerabilidad que tanto nos sobrecogió en el famoso bootleg grabado en Suecia en 2006. Más de una y de dos fueron las personas que no pudieron reprimir las lágrimas ante este emocional gancho de derecha propiciado por el de Seattle.

cornell

Más sorpresas: para animar un poco la velada, y aportar algo de brío, Cornell se disfrazó de Johnny Cash durante algunos minutos. ‘Rusty Cage’ sonaba en versión acelerada, generando que las palmas de la audiencia presente marcasen la base rítmica del momento. Curiosamente la situación se revertió por completo en cuestión de minutos cuando Cornell le dio la vuelta a la pieza. Sin apenas verlo venir el cantante rebajó el tono de ‘Rusty Cage’ a un sonido denso, oscuro y más aletargado, que nos recordaba más al original. Otro punto inesperado por muchos (no por aquellos que disfrutamos del «Songbook Tour») fue el escuchar cómo el músico cantaba los versos de ‘When I’m Down’ sobre el audio del sonido de un vinilo. La voz de Cornell entró un poco tarde, y quizás fue ello lo que motivó que no se le viese totalmente cómodo con la interpretación, algo que sí sucedió en el concierto que ofreció un día después en Le Trianon de París. Lástima.

El éxtasis nostálgico volvió a estallar en nuestro interior con ‘Black Hole Sun’, e incluso también con una ‘Sunshower’ en la que Cornell no dudó en hacer un alto en el camino para narrar la historia de su gestación. Ambos momentos fueron mágicos, pero donde se llegó a bordar el resultado fue con una polvorienta ‘Seasons’ que fue recibida con entusiasmo por parte del público. Ese estatus de rareza la define como una pieza asimétrica en el repertorio de Chris, y el líder de Soundgarden consiguió transmitir esa sensación de desazón tan bien forjada en la banda sonora de «Singles». El set lo cerró el artista con un bis que incluía tanto ese tema como ‘Wooden Jesus’, ‘Josephine’ o una ‘Higher Truth’ más descarnada y agrietada de la ofrecida en su último LP.

Cierto es que los temas de esta última obra en su versión en vivo no parecen estar a la altura de los clásicos atemporales de Soundgarden y Temple Of The Dog. Ni ‘Let Your Eyes Wander’ transmite igual que ‘I Am The Highway’, ni ‘Nearly Forgot My Broken Heart‘ consigue un 50% de lo exhibido en ‘Say Hello 2 Heaven’. Y sí, hubo momentos en los que Cornell podía haber atinado más en su interpretación (‘When I’m Down’, ‘Doesn’t Remind Me’, principalmente). Aún y así esto son solo pequeños detalles que no vienen a representar un inmenso directo caracterizado por un setlist de lo más completo, con clásicos de Soundgarden sonando excelsos, y hits de Temple Of The Dog y «Euphoria Morning» agitando nuestros rojos corazones. Chris Cornell se sintió tan cómodo, comunicativo y tan suelto, como para conseguir llenar un recinto como el Liceo solo con su voz. Eso, vea como se vea, es toda una hazaña. Más aún en 2016. Recuerden: 17 años de su último paso por nuestra ciudad. «La paciencia comienza con lágrimas y, al fin, sonríe» – leíamos. Y nadie ni nada podrá borrar la cara de tonto con la que salí de la céntrica sala del Liceo el pasado jueves. Bendito sea tu triunfo, amigo Cornell.

Texto | @pabloporcar
Fotos | Suite Festival

cornell2

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. En busca constante de aquel "clic" que te haga engancharte a un artista o grupo nuevo durante semanas y semanas. Mi Twitter personal: @pabloporcar

2 comentarios

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.