[Crónica] Canela Party 2025

Llegó uno de los peores momentos del año: sentarse a escribir la crónica de uno de los mejores momentos del año, teniendo que echar la vista unos días atrás y asumir haber dejado de estar en Torremolinos asistiendo al Canela Party. El epicentro del pitote ha vuelto a reunir a algunos de los mejores nombres de la escena nacional e internacional del panorama alternativo, dentro del abanico estilístico que siempre les ha caracterizado. Como cada año (y ya van 17), se han mantenido los elementos que definen un espacio casi tan singular como el Canela, a la vez que se han añadido algunos cambios con el fin de garantizar dicha singularidad y, por ende, la supervivencia de esta aldea de irreductibles amantes de la música en directo que resisten a la ocupación macrofestivalera.

En primer lugar toca hacer un breve resumen de lo más destacado de la jornada del miércoles o “Día 0” que siempre ha servido de introducción al festival. Lo primero que llamaba la atención fue la ausencia del confeti en los conciertos de dicha jornada. ¿El motivo? Las rachas de viento que se dejaron notar por el recinto, y que traían recuerdos de la momentánea cancelación del festival en su jornada final de la edición de 2023 (causada por ese “huracán” que movía las pantallas de los escenarios y generaba otros peligros para las personas allí presentes). A un servidor le invadieron los “flashbacks de Vietnam”, desde luego. En cuanto a lo puramente musical se refiere, asistimos a 2 conciertos de los 5 celebrados este día: Maria Iskariot, banda belga cuyo álbum debut vendrá de la mano de Montgrí, descargó enérgicamente su garage punk en clave riot girrrl sobre el escenario Fistro. A pesar de algún acople importante, el cuarteto se ganó al público con su espíritu punk, en línea de lo que harían bandas como las Pinpilinpussies. Después vendría el turno de palmeras negras. La banda almeriense de doomgaze y post-rock, que viene de publicar su debut el año pasado, fueron una de las grandes sorpresas de esta edición: dispuestos en disposición de ensayo, se tuvieron que repartir a lo largo y ancho de un escenario que para nada se les quedó grande, mientras se proyectaban en la pantalla visuales al más puro estilo Godspeed You! Black Emperor. Su balance entre voces limpias y guturales, el sonido tosco a la par que cristalino de sus guitarras, un escueto pero elegante uso de sintes… Este conjunto de elementos dió forma a un directo de mucho nivel para una banda novel, y uno no puede sino alegrarse de que una propuesta como esta se encuentre bajo el amparo del sello Aloud Music durante este punto de su trayectoria.

Día 1 (Jueves 21 de agosto)

Ya metiéndonos de lleno en la jornada del jueves, desgraciadamente arrancamos el día con un mal sabor de boca: esa misma mañana nos despertamos con la noticia de la cancelación de Maruja, uno de los nombres que más expectación levantaba no solo de la jornada, también del cartel completo. Con un comunicado calcado al que usaron para su cancelación la semana anterior en el Paredes de Coura, los británicos lamentaban no poder estar presentes ese día sobre los escenarios en Torremolinos. Deseamos que las razones que motivaron la decisión sean las menos graves posibles, y así mismo, esperamos que una vez la situación mejore la propia banda pueda ser más transparente en redes sociales de lo que lo han sido hasta ahora (teniendo en cuenta la forma y los tiempos). Asimilado el mal trago, nos adentramos en el recinto para asistir en primer lugar al concierto de Mourn. El trío (cuarteto) del Maresme se subió al escenario Jarl con un setlist con destacado protagonismo de su último álbum “The Avoider”, así como algunos de sus últimos singles y una canción nueva que está pendiente de ser publicada. Su indie rock fue defendido con gran nivel, especialmente por las hermanas Jazz y Leia Rodríguez, en un bolo que acabó muy en alto en lo que se refiere a energía e intensidad.

El siguiente nombre en aparecer sería el de Ecca Vandal. Un gran acierto por parte de los organizadores el poder haber contado con ella para esta edición, ya que todo indica que a partir de ahora va a tener un caché prohibitivo para futuras ediciones del festival, debido a la gran proyección que tiene (este mismo año, sin ir más lejos, tocará en Camp Flog Gnaw, el festival organizado por Tyler, The Creator). La artista australiana salió como un torbellino lleno de energía a arrasar con todo durante su set, dejando una muy buena impresión como frontwoman. Combinando temas hardcore punk con otros más en línea con el hip-hop y lo urbano, su set prácticamente no tuvo pausas y encandiló al público presente con canciones como ‘BLEED BUT NEVER DIE’ o ‘THEN THERE’S ONE’. Sin embargo, este set “cronometrado” implicaba que precisamente sus interacciones con todo el mundo allí presente se sintieran artificiales y protocolarias. Hacia el final de su actuación, mientras empezaba a descargar su ‘CRUISING TO SELF SOOTHE’, tuvo que volver a empezar debido a un problema con la secuencia, lo que provocó (junto al hecho de haber empezado unos minutos tarde por cuestiones logísticas derivadas de los conciertos previos de esa tarde) que no pudiera terminar su set al completo. Una nota agridulce con la que terminó una actuación de bastante buen nivel.

Cambiamos de escenario para presenciar a otra de las grandes nuevas sensaciones: Lambrini Girls. El power dúo británico de garage punk vino presentando su primer LP, “Who Let The Dogs Out”, arrancando con una ‘Big Dick Energy’ con la que Phoebe Lunny decidió convocar a la gente allí congregada a realizar un Jump The Fuck Up, el cuál se alargó durante más minutos de los que las rodillas de la gente podían aguantar (al parecer a Phoebe se le rompió una cuerda de su guitarra, hecho que dió lugar a una sesión de sentadilla profunda para 3000 personas, cosas que pasan…). De fondo, un Free Palestine que se mantuvo en la pantalla trasera durante toda la actuación, en la que también dedicaron distintos mensajes al hilo de varias de las canciones del setlist: contra JK Rowling y las personas TERF (‘Terf Wars’), contra lxs nepobabies (‘Filthy Rich Nepo Baby’) y contra los políticos que se dedican a hacer a las personas pobres cada vez más pobres en beneficio de las personas ricas (‘God’s Country). Con cada una de estas proclamas invitaron a cualquier persona que se sintiera contraria a este ideario a que abandonara su lugar entre la audiencia. Concluyeron su más que correcta actuación (el único gran pero fue la mezcla del bajo y cómo se “comía” la guitarra durante un buen tramo) por todo lo alto en modo karaoke con ‘Cuntology 101’.

Y así llegamos al plato gordo de la noche: Bob Vylan. Confirmados casi de sorpresa a un mes de la celebración del festival, y gracias a la conyuntura de censura en la que se están viendo inmersos por su mensaje pro-palestino sin pelos en la lengua, el dúo londinense de rap rock llegó a Torremolinos agradecidos al propio festival por brindarles un espacio en el que poder transmitir su música y su mensaje. Tras comenzar con una poco usual sesión de yoga (‘Guided Meditation And Light Stretching’), Bobby Vylan empezó a moverse de un lado para otro del escenario mientras cantaba cortes como ‘Dream Big’ o ‘He’s A Man’, entrando en calor al mismo ritmo que el público. Con Bobbie Vylan a la batería, el resto de pistas instrumentales (guitarra, bajo, …) iban siendo lanzadas desde la mesa, lo cual dejaba una sensación rara aun sabiendo con certeza que llevan haciendo funcionar su show de esta manera durante mucho tiempo. Llegado el momento de ‘I Heard You Want You Country Back’, Bob Vylan se metió en el bolsillo hasta al más escéptico allí presente, y la energía se encontraba por las nubes. Tras una cover ‘Everybody Loves The Sunshine’ (de Roy Ayers), que sirvió de base para un solo de batería, sonaron canciones como ‘Pretty Songs’, ‘Wicked & Bad’ y una ‘We Live Here’ precedida por un discurso en defensa de la resistencia armada contra los gobiernos tiránicos que usan la violencia contra la ciudadanía, con un contexto claramente determinado por el genocidio en Gaza.

Biznaga volvieron al Canela 2 años después de su última actuación en el festival. Debido a la cancelación de Maruja, contaron con más tiempo de set del que originalmente disponían. En plena gira por su último disco “¡AHORA!”, los madrileño-malagueños se encontraron con unas mejores condiciones para llevar a cabo su show de las que han podido disponer en otros festivales (como fue el caso del Tomavistas). Sufrieron, no obstante, un incidente por el que la mesa de sonido se “apagó” durante un par de minutos. Pequeños obstáculos que no les impidieron otorgar a lxs fieles allí presentes himnos como ‘Imaginación política’, ‘Contra mi generación’ o ‘Madrid nos pertenece’, aunque me faltó un poco más de comunión con el público (pensando precisamente en su actuación en el Canela de 2023, que fue bastante apoteósica). Esto último se sintió más con Aiko el grupo. Creo que a estas alturas es vox populi considerar la presencia de Teresa Iñesta en un proyecto como sinónimo de calidad. Y si a ello le sumas un sonido de sintes tan característico como el de Bárbara López, la ecuación se resuelve con una identidad única e inigualable dentro de los circuitos por los que se mueven. Lamentablemente, también sufrieron problemas en lo que se refiere a la mezcla (ellas estuvieron a la altura de las expectativas, pero se podían percibir ciertos momentos de mala ecualización del sonido desde la mesa, principalmente las guitarras). Pero esto no evitó poner al personal patas arriba con ‘Niños furbito y niñas lo que sea’, ‘k pesao’ o ‘A mí ya me iba mal de antes’. Y por si no fuera suficiente, brindaron a la gente una cover de ‘Toro’, de El Columpio Asesino.

Y así encaramos la recta final del jueves con el momento Humo Internacional, en primer lugar con Sal Del Coche: si ya no hubiera visto previamente a los donostiarras, probablemente me hubieran flipado cosa bárbara con su sonido avant-garde punk (y al parecer esa fue la sensación que dejaron en mucha gente que les vio por primera vez en esta cita). Considero que este tuit de un ilustre como es El Tito Kasti resume muy bien mi sentir al respecto:

Una magnífica combinación de bajo, batería, saxofón, sintes, samples… y melódica, sacando a relucir las canciones de su disco de debut “Ciudad De Polvo”, y tocando por primera vez un nuevo tema. Poco más se le puede pedir a esta gente. Y cerrando la noche aparecieron Somos La Herencia. La banda valenciana de post-punk y noise viene dando cierre a la gira de su último álbum “Joven Predicador”. Su actuación en el Canela fue una colección de claroscuros: por un lado lo bordaron en su faceta más post-punk con canciones como ‘Parque De Atenas’ o ‘Pesar’, pero en los momentos más experimentales estuvieron algo desacertados y erráticos. Se puede afirmar que no fue su mejor concierto. Igualmente, un cierre interesante a una jornada con una alta presencia de pistas lanzadas desde la mesa (más de lo que hubiera deseado) y algunos fallos técnicos recurrentes entre los distintos conciertos. Aun así, si también hubiéramos llegado a poder narrar la actuación de Maruja en estas líneas, se podía haber afirmado con total rotundidad que hemos podido asistir al mejor line-up de un día de cualquier festival en España para el año 2025.

Día 2 (Viernes 22 de agosto)

La jornada del viernes la arrancamos con la actuación de Ducks Ltd., dúo canadiense de jangle-pop cuyo segundo LP “Harm’s Way” les supuso un status de grupo revelación el pasado año. A diferencia de otras bandas del género, ellos le meten algo de overdrive a sus guitarras, lo cual es algo a agradecer por parte de las personas que no somos tan afines a ese estilo. Por otra parte, el suelo de sus canciones es muy alto, pero discurren por planos de monotonía que impiden que sean mejores canciones de lo que ya son. Concierto muy correcto que habrá sido muy del gusto de aquellos perseguidores de nostalgia amigos de promotores y que se cuelan sin escribir palabra alguna. Cambiamos de escenario para ver qué nos deparaba bar italia. Tras su cancelación de la pasada edición por enfermedad, en esta ocasión no faltaron a la cita, en vísperas de la publicación en el mes de octubre de su nuevo disco “Some Like It Hot”. Arrancaron no muy cómodxs, sin poder “entrar en calor” (Nina Cristante estuvo continuamente chequeando su volumen de in-ears con el técnico de escenario), y ese sutil malestar duró hasta el término de la porción “acústica”, tras la que empezaron a sonar super compenetradxs y a dar un show digno de las expectativas puestas sobre la banda. La verdad es que a ello ayuda el hecho de dejar temazos como ‘Nurse’, ‘Punkt!’ o ‘Cowbella’ para el final.

A las 22:40 de la noche llegaba el show sobre el que más hype había en esta jornada: Amenra. Si tuviéramos que definir en una sola palabra lo de los belgas en el Canela, ésta probablemente sería “histórico”. Los únicos peros que podríamos poner a este evento canónico fueron la lejana pero perceptible presencia de la zona de DJs (Gromenauer) en funcionamiento, dejándose notar en los tramos limpios de las distintas canciones (afortunadamente, la presencia de charlatanes fue escasa tirando a anecdótica), y el hecho de que no tocaran su set entero de la actual gira que están realizando, el cual contiene 2 canciones más de las interpretadas en el escenario Fistro aquella noche. En cualquier caso, Colin H. van Eeckhout y compañía vinieron, tocaron, y vencieron: presentándose con una tela a modo de pantalla que ocupaba toda la parte trasera del escenario para la proyección de sus visuales, ‘Razoreater’ dio el pistoletazo de salida a su set. Muchas de las personas que son lo contrario a fans del sludge metal atmosférico se quedaron al bolo igualmente gracias a la producción de escenario y a la energía que Amenra derrochaban en su directo, presenciando así hits clásicos de la banda como ‘A Solitary Reign’, ‘Am Kreuz’ o una ‘Silver Needle. Golden Nail’ en la que, contra todo pronóstico, hubo el tradicional lanzamiento de confeti (negro en esta ocasión, como no podía ser de otra forma). Aquellas personas que teníamos este concierto como prioridad nº1 nos quedamos con ganas de más y con las cervicales destrozadas, eso desde luego.

Después del vendaval se agradeció un contraste de excelente nivel como fueron Blonde Redhead. El trío neoyorquino formado por Kazu Makino y los gemelos Pace dió una lección de indie rock que resultó en el concierto que mejor sonó hasta ese momento en el festival (seguidos muy de cerca por palmeras negras). Con un setlist principalmente copado por temas de su último disco “Sit Down For Dinner”, hacía tiempo que una banda no me hacía percibir la sensación de soltura que un conjunto musical puede acumular con el paso de los años. Y viendo al público a mi alrededor, no fui la única persona cautivada por el grupo.

Posteriormente se dió paso a The Get Up Kids y su “Something To Write Home About”, disco que cumple 25 años y motivo por el cual la banda estadounidense de emo-punk anda de gira interpretándolo al completo (añadiendo aparte ‘Don’t Hate Me’ a modo de bis). Concierto bastante bueno en lo que respecta al sonido y ejecución. Pero en el cómputo global, visto desde la retina de la gente con poco o nulo contacto previo con la banda, se podía percibir básicamente como un evidente ejercicio de nostalgia: no estaba todo el público que podía estar, y menos de la mitad lo estaba viviendo con la emoción e importancia que el momento podía merecer. La jornada la terminamos con Tatxers (lamentablemente, no pudimos asistir a Depresión Sonora en su horario de cierre del día), el otro nombre de jangle-pop (pero con cierta actitud punk) que podíamos encontrar en el cartel. Reconozco que no es una banda que me ganó al escuchar su reciente disco del 2024, “Ezpatei disdira!”, y sin embargo ha sido con su directo con lo que han empezado a llamarme la atención para bien.

Probablemente no fue la jornada más excitante a lo largo del festival, y no obstante, se vivieron algunos de los conciertos y momentos que ocuparán un importante espacio en la memoria de muchxs de lxs asistentes al Canela.

Día 3 (Sábado 23 de agosto)

Y llegamos así al último día del pitote, que coincide con su cenit: la fiesta de disfraces. Esta vez sí que nos acercamos más temprano para arrancar la jornada viendo a el diablo de shanghai. No lo tuvieron fácil al ocupar el primer slot de los horarios, todavía con el sol pegando fuerte y con la gente yendo en primer lugar al photocall a inmortalizarse ataviada en sus disfraces. Mientras tanto, uniformados como bañistas, los de Barna fueron demostrando su buen hacer en el indie punk con varios temas de su anterior disco “113 Pasos Adelante En El Ensanche” así como singles de su próximo largo de estudio, destacando una ‘Joven Ciudad’ con aires de posible himno generacional. Después vendría el turno de Shego, disfrazadas del trío Chappell Roan / Sabrina Carpenter/ Charli xcx (por un momento sentía encontrarme ante de una performance de publicidad encubierta de la pasada edición del Primavera Sound), añadiendo también a Billie Eilish a la batería. Presentando su segundo álbum “No lo volveré a hacer”, la banda afincada en Madrid dió un concierto correcto del que destaco principalmente el muy buen hacer de la sección rítmica que conforman Charlotte Augusteijn y Elena Sabio, así como las melodías pegadizas de varios de sus temas, como se da en los casos de ‘Curso avanzado de perra’ o ‘Vicente Amor’. Tras esta actuación, volvimos al escenario Fistro para ver qué nos deparaba el esperado concierto de MJ Lenderman, liderando a su banda en solitario The Wind. Ataviados como tenistas en Wimbledon, arrancaron su set con una ‘Rudolph’ en la que me faltó esa melodía de guitarra del inicio, algo que para mí fue una señal de lo que se acabaría confirmando como un concierto efectista por parte del guitarrista de Wednesday, a quien se le vió algo tímido precisamente. Con protagonismo claro de su exitoso último álbum, “Manning Fireworks”, acabarían sonando grandes canciones como ‘Joker Lips’, ‘Wristwatch’ y una ‘She’s Leaving You’ que cautivó hasta al alma más contraria al alt-country.

Esa misma mañana estuve durante un rato escuchando a Frankie And The Witch Fingers, y lo que automáticamente pensé fue «Hoy esta gente lo va a petar como nadie se lo podría esperar». Efectivamente, la banda estadounidense de psychedelic garage dió un concierto de 10, confirmado más allá de mi probable sesgo personal tras comentarlo con varixs de lxs asistentes que no conocían previamente a la banda. Viniendo del concierto de Amenra del día anterior, no había experimentado en el Canela nada igual de bueno desde el concierto de los Osees en 2023. En un setlist dominado por distintos cortes de sus dos álbumes más recientes, el grupo dió una lección de cómo hacer la suma perfecta de catálogo, aptitud y actitud. Si ya son buenos en disco, en directo mejoran con bastante diferencia incluso, ya que canciones como ‘Empire’, ‘T.V. Baby’, o ‘Futurephobic’ garantizaron la mayor demostración de pogos y crowdsurfers de toda la edición. Me hubiera encantado que se hubieran dedicado a repartir la bufa y la yusa el doble de tiempo, la verdad.

Otro evento de suma importancia que se produjo en el Canela fue Joyce Manor tocando por primera vez en España (hecho que su frontman Barry Johnson se encargó de recalcar como unas 5 o 6 veces a lo largo del concierto). Esta ocasión supuso además el debut de su nueva canción ‘All My Friends Are So Depressed’. Concierto rápido en el que tocaron 20 temas sin dejarse nada en el tintero, con cortes como ‘The Jerk’, ‘Heart Tattoo’, ‘Constant Headache’ o ‘Catalina Fight Song’. Las sensaciones, eso sí, fueron las mismas que con The Get Up Kids el día anterior: más allá de su público nicho no captaron mucho la atención del total de personas presentes en el festival (algo que quizás sea más sangrante para el status que tiene Joyce Manor), pero para aquellas personas que tenían este concierto marcado en rojo en el calendario fue una actuación de altísimo nivel.

Fat Dog sea probablemente la banda de todo el cartel que mejor se ajuste al término pitote. Su mezcla de synth y dance-punk con EBM puso a bailar prácticamente a todo el aforo del festival. No fue el grupo que desplegó la mejor de las actitudes (pienso inmediatamente en la banda que ocupó ese mismo escenario un par de horas atrás) pero sí el que tenía las canciones con la fórmula más cercana al espíritu del Canela. Tocaron material de su reciente debut del año pasado “WOOF.”, además de nuevos singles como una ‘Pray to that’ con la que el frontman Joe Love se tuvo que quedar sin volver al escenario al haber bajado al foso por uno de los altavoces de suelo, resultándole imposible volver y quedándose por lo tanto a terminar el resto del setlist con el público de la primera fila.

La noche prosiguió con DIIV y su muro de sonido shoegaze. Leí por las redes a gente hablando de “literal stendhalazo” para referirse al concierto de los neoyorquinos, lo cual me parece una visión no muy alejada de la realidad. Eso sí, considero que en espacios abiertos no alcanzan su altísimo potencial. Y a pesar de unos muy puntuales problemas de sonido en las guitarras y de un sonido algo chillón de más en los platos de la batería, Zachary Cole Smith y compañía volvieron a dar cátedra de cómo jugar a colorear el sonido. Su último disco “Frog In Boiling Water” ha seguido manteniendo un protagonismo fundamental en el setlist también en esta ocasión, lo cual no es de extrañar dado el mantenimiento de las visuales y diseño de producción planteado en la gira de presentación. Por ello, sonaron canciones como ‘Brown paper bag’, ‘Soul-net’ o ‘Somber the drums’, y el momento del confeti llegó con el mensaje “America is the Great Satan” en la pantalla situada en la parte posterior del escenario, como término a uno de sus interludios audiovisuales de carácter conceptual. Terminaron por poner patas arriba el lugar con los himnos de rigor: ‘Blankenship’ y ‘Doused’.

Tal nivel de conciertos tenía que mantenerse, y el siguiente turno le correspondía a los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Los sevillanos salieron al escenario disfrazados como Campeones (Oliver y Benji), pero no tengo del todo claro si salieron a “tocar para ganar”. Girando con su último disco “Bolsa Amarilla y

Y Piedra Potente”, el concierto arrancó en condiciones al nivel de lo que podía esperar. Pero al llegar a ‘Gitana’ y comprobar cómo el puñetazo sónico que unx debería sentir tras el crescendo a partir de la segunda mitad de la canción se quedaba en una minucia en comparación con la versión de estudio… El chasco fue tan grande que me empecé a fijar con más detalle en cuestiones como el continuo cambio de instrumento para guitarra/bajo en momentos super apurados, cierto exceso de cachondeo sobre el escenario con un impacto algo negativo en el directo, etc. Sinceramente, creo que los Derby Motoretas eran una de las bandas con mejores musicxs de esa jornada (en lo que respecta a destreza con el instrumento), y que tenían (tienen) una identidad musical con una fórmula previsible pero con un resultado igualmente genuino…, pero al final se queda en nada cuando tu directo no dista mucho del de cualquier banda genérica de rock. Quizá haya sido resultado de la ocasión tan particular en la tocaron y este no sea el nivel recurrente en sus conciertos (a mí me gustaría pensar así). La última banda que presenciamos ese día (y por ende, en el festival) fue Tropical Fuck Storm. Lo de las australianas es café para muy cafeteros, y ello resultó en gente por las primeras filas encantada desde el minuto 1 mientras otras personas se empezaron a alejar del escenario tras el primer par de canciones. Desde luego, no fue una banda fácil de asimilar para la gente que no les conociera de antes, además en un horario en el que el cansancio se empezaba a notar. En cualquier caso, la banda estuvo certera en su directo con cortes como ‘Bloodsport’, ‘Goon show’ o ‘Who’s My Eugene?’, además de su exquisita versión del ‘Stayin’ Alive’ de los Bee Gees que reanimó a lxs caídxs en combate.

Nos hubiera encantado quedarnos a las bandas restantes, en particular a Grande Amore. Al menos ver a Nuno y compañía caracterizadxs como Turbonegro al día siguiente en redes me sirvió como garantía del éxito que debieron tener. Como conclusión final a esta crónica, pienso que esta edición del Canela Party no ha sido la mejor posible, y aun así se ha quedado muchísimo más cerca de la excelencia que de la mediocridad. Con el festival ya casi la mayoría de edad, a estas alturas dudo mucho de que vaya a haber una mala edición del Canela Party. Al menos mientras siga haciéndose por y para la gente. Así lo querría Chiquito.


Texto: Dan (J.) Marquess

Fotos: Canela Party

0 Shares:
Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

También te podría interesar