CrónicaDestacados

[Crónica] Florence + The Machine en Barcelona (16 de abril de 2016)

florence and the machine barcelona

Un sol de justicia martirizaba a los fans de Florence & The Machine ayer mientras empezaban a hacer cola desde el mediodía para poder entrar al Palau Sant Jordi de Barcelona. No se imaginaban que horas más tarde, Florence sacrificaría su corazón a la música y a la vida. 10 años después de su primera visita a Barcelona y 7 después de su última en salas a España, la banda londinense volvía a la ciudad condal en un escenario más majestuoso –la primera vez lo hacían en Razzmatazz a las 4 de la mañana, un horario destinado a esos grupos que intentan hacerse un hueco entre el mapa musical. Al entrar, la temática del concierto se intuía marítima: un fondo plateado que evocaba las olas del mar reclamaba ya a su musa en el escenario. Tras pocas canciones de los teloneros y media hora de espera, las luces se apagaron para dar paso a dos horas de concierto llenas de arte musical llevado al extremo de su definición.

florencer5

Florence Welch fue la inspiración artística en esa noche de abril: podríamos estar escribiendo todo el día sobre sus detallados movimientos conectados con su voz llena de potencia cálida. Subió al escenario descalza y de puntillas. Tan solo entrar, el grupo interpretó What The Water Gave Me, la canción indicada para empezar con su concierto del tour How Blue Tour 2016, en el que se presentaba su último disco How Big, How Blue, How Beautiful (2015). Las sospechas de la temática marina se confirmaban: Florence salió al escenario con un vestido semitransparente con el que evocaba ser una sirena, una nereida que surgía desde el fondo del mar para cantar a sus fans con música traída de un mundo desconocido. El escenario se había vestido con arpa, baterías, teclados, cinco voces secundarias, guitarras, bajo y Florence, un ser de otro planeta.

florence3

Tras Ship To Wreck, el grupo interpretó Rabbit Heart, en la que la artista hizo el gesto de arrancar y entregar su corazón al cielo. Este fue uno de los momentos más especiales del concierto: Florence explotó de felicidad y empezó a correr por el escenario para ver cada punto del recinto y saludar a sus fans. Entre bailes y cantos, el pájaro bordado en su vestido parecía ser el símbolo de ella misma: el escenario era su sitio, donde se sentía más cómoda y confiada, donde el arte musical conecta con ella. Fue después de esa canción cuando se atrevió a hablar al público, rebosante de alegría, agradeciendo a sus fans su asistencia al concierto. Florence extendía sus ganas de vivir la música como reina absoluta de la noche: un reinado sin súbditos, solo con adeptos a sus ganas de transmitir la vida a través de la armonía musical.

La piel de los presentes al concierto se erizaba canción tras canción. Shake It Out, de su aclamado disco Ceremonials (2011) y una de las canciones más esperadas, llegó sin avisar e hizo que el público enloqueciera, saltando y entonando sus estrofas como himno de la religión adepta a Florence. El fondo del escenario, que variaba según las luces de ambiente, adoptó un color dorado a juego con su melena pelirroja, que dejó en manos del aire y de sus coreografías. Con esta adrenalina, por fin llegaba el I’m gonna be free and I’m gonna be fine de Delilah. El escenario cobraba vida y la transmitía a través de los latidos generados por la batería. Florence surgía a cada segundo como una mariposa, ella era la metamorfosis de diosa de la música a ser humano, de naturaleza pura a persona. Una fuerza sobrenatural parecía ser parte de su cuerpo. No estaba poseída por la música: ella es música.

florence6

Entre canciones, la cantante se fijó en una pancarta de una fan en primera fila, que la hizo subir al escenario para declararle su amor y proponerle matrimonio a Bjork, una de las voces secundarias, una propuesta que aceptó totalmente sorprendida y alagada. El abrazo entre la chica y Florence fue de los gestos más tiernos de la noche, y más adelante propuso lo mismo al público: “¡Todo este amor que dais a los demás, entregároslo a vosotros también! Este mundo necesita más amor: dadlo y dároslo a vosotros mismos también”.

Como reina de una civilización sin estado, Florence Welch interpretó con suma elegancia Sweet nothing. Los mensajes de amor al prójimo continuaron y la cantante incitó al público a que se abrazara con su compañero de al lado, que se palparan y que se sacaran alguna parte de ropa. El resultado fue que las primeras filas empezaron a tirarle camisetas, chaquetas y otras prendas de ropa a la banda, y el Palau Sant Jordi se convirtió en una fiesta llena de vida.

florence2

Queen of peace y You’ve got the love hicieron que sus rasgos celtas conectaran con la mezcla de su energía incontrolable y de sus bailes clásicos, en los que su melena pelirroja se movía de un lado a otro como parte esencial de ella, como si esa larga cabellera fuera la fuente de su fuerza artística. La fascinación llegaría a su punto más álgido en Dog Days Are Over, probablemente su canción más conocida. Todo, excepto el arpa y la voz de Florence, se apagó, y quedaron los dos sonidos aislados, a lo que después se añadirían todos los otros instrumentos y las voces secundarias. Con un espléndido bis conformado con la explosiva ‘What Kind Of Man’ y ‘Drumming Song’ el concierto llegaba a su final, y la banda se posicionaba como una de las más importantes del indie internacional. En esos últimos momentos, la cantante parecía una doble de la Venus de Botticelli, con cabellera al aire entre su naturaleza más común: la música.  Dios es mujer y se llama Florence Welch.

Fotos | Jessica Ferrerons
Texto | Karen Montero

4 comentarios

  • Buena crónica. La banda y ella estuvieron técnicamente perfectos. Ella es un angel.

    Pero el concierto en si se me antojó demasiado corto. Salieron bastante pasadas las 21 y terminaron antes de las 23. Me quedé bastante sorprendido de que ni se despidieran, creí que eran unos segundos bises hasta que los de seguridad casi al instante nos sacaron; me quedé con muchas ganas de mas Ceremonials. Además, el volumen estuvo bajísimo durante 3/4 de concierto estando yo a tres personas de la fila de adelante de todo.

    Así y todo, no hubo forma de no viajar con esa voz magnifica y esas canciones tan buenas. Me quedo con esta frase: «No estaba poseída por la música: ella es música.»

  • Excelente crítica, al nivel del conciertazo que fue, a mi también se me hizo corto 🙂 Se nota que vivisteis el concierto de verdad, con toda la piel.

    Como apuntes (sin ánimo de ser pedante); ‘Sweet Nothing’ no pertenece a ‘Lungs’, es un feat en solitario de Florence Welch (no F+M)- La última vez que visitó España no fue hace 7 años, ya que el año pasado estubo en Benicassim para el FiB.

  • Alguien sabe el nombre de los teloneros? Estuve ahí y me gustaron pero no encuentro quienes son por ningún lado.

  • Tenía de fondo a la banda en su concierto en el Royal Albert Hall mientras leía esta magnífica crónica. No es la primera vez que me emociono escuchándola o leyendo algo escrito sobre ella pero esta vez, entre las palabras que leía y su voz, casi parecía que pude estar en el concierto. Es de las mejores crónicas que he leído nunca.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.