[Crónica] Primavera Club 2016

Se ha vuelto a confirmar eso de que en el Primavera Club te llevas gratas sorpresas. Por suerte fueron muchos los grupos que tuvimos el placer de conocer en esta edición; los descubrimientos vinieron casi a la par. Así fue nuestro paso:

Un punto de delicadeza y un punto de rock. La mezcla entre los dos extremos han resultado en Lucy Dacus, uno de los platos fuertes del primavera Club el viernes. Dacus y su banda recibían un público atento en su primer concierto en Europa, un tour que pasará por ciudades como Zurich, París o Londres. Tras sus canciones más evocadoras y folk de su disco ‘No burden’ al principio del concierto, los sonidos más rock y atrevidos empezaron a destacar y a revolucionar la Sala Apolo. Lucy Dacus huele a juventud y, sin embargo, su música destaca por ser madura, reposada, meditada. Compuesto conn cada nota en su justo lugar. Canciones como I don’t wanna be funny anymore o Map on a wall fueron las luces principales de un concierto indie rock sin presiones, sin carga pero con toda la intensidad que Lucy Dacus pudo comprimir en apenas tres cuartos de hora de concierto. Nombre a tener muy en cuenta durante este año y el que viene. (Karen Montero)

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Primer día y una noche por delante. Mientras unos se decantaban por Public Access T. V., otros lo hacíamos por Yumi Zouma. La propuesta debía funcionar en un horario como el que le fue asignado, es decir, en una fase de la noche temprana y donde se precisaba una buena dosis de vitalidad y energía. Y en parte, así fue. Sin embargo, aunque los neozelandeses se implicaron al máximo con su directo, los resultados no fueron mucho más allá de una sesión de synth pop distraída. Debo reconocer que su directo no me pareció del todo limpio, lo que lleva a preguntarme, al mismo tiempo, si no hubieran encajado mejor en la pequeña del Apolo. Quedó claro que Chirstie Simpson es el pilar central del grupo: una voz con potencial pero que no acabó de sonar segura. La dispersión del público dejó claro que faltó conexión. (Màrius Riba)

Public Access T. V.

El groove siempre está ahí“. Algunas cosas empiezan y acaban, pero otras perduran en el espacio y en el tiempo. Como la química que existe entre Alan y Xavier, que se percibió absoluta e inagotable. Quizá un show no basta para conocer al artista, pero por lo visto en la 2 de Apolo podemos concluir que Tversky lleva la música en la sangre. Más allá de que ejecutaran un directo con mucho brío, la compenetración y la fluidez con la que se desenvolvieron fue total. Parecían dos máquinas enchufadas una enfrente la otra, capaces de sentir todo lo que corría por esos circuitos. Nosotros no fuimos la excepción. Bailamos cada uno de sus temas, tanto los que Alan desarrollaba con la guitarra como con el clarinete, como los más ambientales dentro de su bien entendido funk. Sus sonidos todavía perduran en mi subconsciente y mejor señal que esa no creo que haya. (Màrius Riba)

Dan Boeckner ya nos había contagiado alguna vez con Wolf Parade, por lo tanto, el paradero al que nos adentrábamos con Operators no era del todo desconocido. Lo que estaba por ver era cómo caminaría sobre las arenas del pop electrónico. Pese a que estábamos ante un registro muy distinto, el directo fue un poco lo que esperábamos: ordenado, compacto y orientado a desatar el baile instantáneo. Él (Boeckner), no se guardó nada. “Blue Wave” quiso sonar como LCD Soundsystem y a ratos llegó a pisarle los talones, ya que marcaron un ritmo medio-alto de principio a fin. (Màrius Riba)

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Maria Usbeck, de la tierra al escenario
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La segunda jornada del Primavera Club empezó con toques muy naturales y orgánicos. Los elementos fundamentales de la música se fusionaron en la música de Maria Usbeck, un latido de fuerza, de luz y de contraste en el festival. ‘Isla Mágica’, la primera canción que interpretó, mostró la clara influencia de la cultura ecuatoriana en cada una de sus notas y de sus letras. La que fue la cantante de la banda de new wave Selebrities expresó lo contenta que se sentía al poder tocar por primera vez en un sitio donde, al hablar, se la entendiera en español, ya que su gira todavía no había pasado por Sudamérica o España.

‘Moai y Yo’ entró con ímpetu para aclarar el estilo de Usbeck: la mezcla musical entre lo actual y lo ancestral, entre lo físico y lo conceptual, tanto con notas electrónicas como con sonidos más folk. La religión, uno de los pilares de las civiilizaciones, fue un tema candente en ‘Uno de tus ojos’, que trata sobre lo positivo y lo negativo de creencias religiosas. Todas las diferencias se transformaron en un solo color, el de la música hecha desde lo más profundo de Maria Usbeck. (Karen Montero)

retirada
Bajando por las escaleras del teatro y tras respirar una agradecida bocanada de aire fresco, nos golpeó una ráfaga de abrasión. Venía de la 2 y, en efecto, eran Retirada!. El dúo catalán congregó a cantidad de seguidores, todos bien apiñados hasta casi obstruir la puerta de acceso (aunque eso ya lo hizo PAUW). No era para menos porque el binomio (Albert en la batería y  ‘Cuervo’ en la guitarra) dio claras señales de encontrarse muy cómodo en el ambiente. Un ambiente denso y concentrado en una sala donde cada guitarrazo tendía a hacerse más inmenso que el anterior. Así, en una lección de post rock de dos, los catalanes se recrearon en varios de los temas de “Victoria | Derrota“, haciéndolos únicos para una cita no menos especial. A bote pronto, recuerdo que ‘Aire‘ y ‘Montjuic‘ ganaron muchos puntos en directo; un directo que, por cierto, desechó (si se me permite) la etiqueta de promesa que mi compañero Oscar Villalibre les otorgó. Retirada! se ganó la de grupo asentado. Clara victoria. (Màrius Riba)

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La cita con C Duncan la llevábamos preparada y no defraudó. Era lo que podíamos esperar del escocés, que se presentó con una formación muy completa (de cinco integrantes). Con ella moldeó elegantemente su precioso pop electrónico, y digo precioso por la vocación que adquirió en directo; pulcra, compacta y lejos de andar por la senda folk. Su estilo recordaba más a Perry Blake que a Sufjan Stevens, aunque pude entender por qué lo habían comparado anteriormente: Duncan canta muy fino. Con ella y con los dos teclados haciendo de almohada, los de Glasgow inundaron la Sala Apolo de sonidos oníricos y a la vez muy serenos. Fue una puesta en escena muy seria, y sin duda lo digo como punto a destacar, ya que ni pensé en bajar a ver a PAUW. Me contaron que pude arrepentirme. (Màrius Riba)

PAUW se presentaban como una de las apuestas fuertes del sábado. El lleno absoluto de la sala (La [2]) a los 5 minutos de concierto fue un presagio de que allí iba a suceder algo interesante. Los holandeses no defraudaron. Les bastaron esos primeros 5 minutos para demostrarn que son un grupo sólido, compacto, de festival grande. Con un rock psicodélico apabullante – aunque sí, reconozcámoslo, no demasiado innovador- hicieron temblar los cimientos de una sala que aguantó bien su sonido arrollador. Los temas se iban sucediendo uno tras otro guiados por una base rítmica de diez que, junto a una línea melódica ensoñadora protagonizada por Brian, líder carismático del grupo a la voz y a la guitarra, nos dejó con la sensación de que PAUW no están tan lejos de los grandes estandartes del género (Tame Impala, Temples, Kasabian…). Canciones como ‘Shambhala’ y ‘Bubblegum’ pusieron el broche de oro a una actuación sin medias tintas que seguro dejó satisfechos a todos los asistentes. Más que una promesa, PAUW son ya una realidad en lo suyo. (Genís Pena)

Sí, la jornada podía acabar aún mejor. El plato fuerte de esta edición se concentraba ni más ni menos que en la madrugada del sábado. Minor Victories debían continuar con el guión y, a poder ser, mejorarlo. Por delante tenían (sólo) 50 minutos para materializar un concierto a la altura de las expectativas. El supergrupo propuso un directo contundente que, no en vano, brindó momentos de distensión; de degustar con atención. La diferencia entre muchas de las bandas que ya habían actuado fue evidente (más allá de su trayectoria, en conjunto sonaban rematadamente imponentes). Y lo dicho, casi una hora de concierto supo a poco, aunque eso no impidió que los británicos nos sumergieran casi al completo en su debut homónimo.

En la última jornada del Primavera Club se acontecía un gran cierre. Nadie sabía muy bien cómo iba a acabar: grupos como Hoops, Whitney o Porches nunca habían tocado en Barcelona. Y es que el Primavera Club 2016 ha estado marcado por bandas norteamericanas muy jóvenes que apenas habían girado por Europa. Los descubrimientos musicales durante la jornada del viernes y del sábado habían sido de un nivel muy alto. Pero el domingo fue la coronación del festival, con un cierre difícil de superar.

Por la mañana, en el Centro Cultural Albareda, nos deslumbraba Pavvla con sus melodías folk, cálidas, con toques electrónicos encajados con la concepto más intrínseca de la acústica. El progreso musical de Paula Jornet va casi más rápido que la luz, y lo demostró con una impresionante versión del ‘Do I Wanna Know” de Arctic Monkeys.

Ya por la tarde, Yumi Yumi Hip Hop abrían con el primer concierto en la Sala Apolo. Los ánimos venían con ganas de encontrar un punto y final memorable del festival. Tras el grupo barcelonés, Gúdar irrumpían en el escenario con ganas de hacerse sentir entre el público que quizás no les conociera demasiado. Y lo hicieron: los aplausos brillaron al final del concierto. Una mezcla entre Los Campesinos! y Manos de Topo con pinceladas originales de acústica poética y nociones de pop ecléctico. (Karen Montero)

gudar
Gúdar
hizo hueco a Mild High Club, que pusieron su toque de relajación y entremezclaron canciones de sus dos discos, ‘Skiptracing’ (2016) y ‘Timeline’  (2015), para crear un solo sonido, un solo discurso a partir de diferentes melodías. Entremedias, empezaba el concierto de Whitney. Las emociones estaban a flor de piel: eran los más esperados de todo el día. Sus pasos precoces los han llevado por festivales como el Pitchfork Music Festival este año. El listón estaba muy alto, pero la banda norteamericana dio una clase magistral de la compenetración entre instrumentos, de la composición y del saber hacer música. Del oficio de músico.

witney

Julien Ehrlich, el batería y cantante de Whitney, se preparaba en medio del escenario con una camisa de cuadros a modo de toalla, capucha para esconderse entre la multitud y parte del atrezzo del concierto. Desde la primera nota que entonaron, desde los primeros sonidos de percusión, la sensación de piel de gallina del público no dejó de aumentar. Sus sonidos entrañables folk mezclados con las guitarras y la trompeta recordaban brevemente a los inicios de Girls con Christopher Owens.

A partir de la tercera canción, el público se dejó llevar totalmente por Whitney con ‘Polly’, en la que trompeta tenía un papel especial. La banda eligió a Bob Dylan para versionar ‘Tonight I’ll Be Staying Here With You’ con toques más redondos y potenciando la percusión. El tiempo volaba, el público cada vez quería más de aquellos chicos tranquilos pero apasionados de la música. Canciones como ‘The Falls’ o ‘Golden Days’ demostraron la calidad superior de Whitney en el escenario. ‘No Woman’ fue la perla que todos esperaban: la elegancia de los músicos para interpretar esa canción, el respeto y la calidez con la que tocaban sus instrumentos o cantaban fascinó a todos los asistentes del concierto. Nos hemos quedado con tantas ganas de más que los posicionamos ante el número uno de posibles bandas para el Primavera Sound 2017. (Karen Montero)

Los encargados de cerrar el Primavera Club 2016, Porches, afrontaron su cometido con nota. El cambio de registro de ellos respecto a Whitney era importante, y saber conllevarlo con profesionalidad no es fácil. Porches empezó con prudencia con ‘Glow’, una canción que define su estilo synthpop sin tapujos. Siguieron cogiendo fuerza con ‘Forgive’ y ‘Mood’, con registros más melódicos. Las poses de Aaron Maine fascinaban casi tanto como su voz, y los sintentizadores ayudaban a crear una sensación futurista, cerca de la luz. Canciones como ‘Be Apart’ resumieron el estilo de Porches: el sintentizador unido a una gran técnica y con un toque de melodía pasional. (Karen Montero)

Textos: Màrius Riba, Karen Montero
Fotos: Karen Montero

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