[Crónica] Sónar 2022

cronica sonar 2022

De la gran seca a la gran remojá, ¿eh? Tras tres larguísimos años sin festivales de gran tamaño, en Barcelona hemos vuelto al ruedo por todo lo alto con tres findes consecutivos de Primavera Sound y Sónar. Esto ha supuesto, claro está, un chute de felicidad en forma de vuelta a la normalidad, pero también ha suscitado sentimientos negativos acerca del modelo de los eventos y su organización.

En el caso del Sónar de noche, la sensación no era de estar en un evento que fluyera de forma agradable, sino más bien en un entorno hostil contra el que había que luchar para lograr alcanzar el disfrute. La etiqueta #Saunar ya ha dejado de ser una coñita: la situación de la temperatura en el escenario principal no era para reírse, sino para sufrir por la integridad propia. Es evidente que la cultura ha sufrido estos años de parón, y que las empresas que organizan este tipo de eventos necesitan recuperar dinero, pero cuando los aforos no pueden ser gestionados de forma adecuada y el bienestar del público se trata como una cuestión claramente no prioritaria, quizá sea hora de replantearse cosas.

Es una lástima que una programación excelente, un buen sonido y un espacio funcional queden empañados por una operativa que constantemente juega a la contra de los asistentes (problemas en barras, no permitir entrar comida cuando la oferta interior no da abasto, o el hecho de no poder retirar in situ el dinero sobrante de tu pulsera gratuitamente -como hasta ahora- y tener que hacerlo por internet pagando un recargo, por mencionar algunos más allá de la cuestión del calor que, insistimos, alcanzó cotas insalubres). Dicho esto, que había que decirlo, procedemos a hacer un repaso por algunos de los conciertos más destacados de la edición, porque, pese a las notas negativas, hubo mucha y muy buena música.

Tarta Relena

Es casi una norma extraoficial que la primera jornada del Sónar se inicia en SonarComplex. La programación del auditorio es siempre exquisita, y ofrece un agradabilísimo baño sónico sin riesgo de corte de digestión al espectador que inicia sus andanzas en una nueva edición de nuestro emblemático festival de música avanzada. En esta ocasión tuvimos, además, la suerte de experimentar de primeras uno de los conciertos más redondos del certamen.

La propuesta de las catalanas Tarta Relena expande sus raíces a lo largo de siglos de tradición mediterránea, pero sabe a futuro; en sus melodías resuena una fuerza atávica, y los efectos sonoros que incorporan exploran y expanden todos los matices de su voz. El círculo de luz en constante cambio que presidía el escenario no hacía más que recordarnos lo que es la Historia, y Marta Torrella y Helena Ros nos conectaban a esa concepción del todo tanto por vía de lo bello como de lo sublime: las armonías desnudas de ‘Esta montanya d’enfrente’ nos hacían tocar el cielo nada más empezar, y el bajo profundo y vibrante que iniciaba poco después ‘El suïcidi i el cant’ imponía el poder de una pasión que, espoleada a golpes de percusión, nos dejaba a merced de un crescendo arrollador. Y eso sin contar que el concierto sumó en dos tramos un plus de magia en forma de coro, que resultó especialmente lucido en su aportación a piezas como ‘Stabat mater’. Para cuando llegamos al apoteósico final con ‘Las Alamedas’, el público no pudo hacer más que ponerse en pie y mostrar su absoluto agradecimiento.

Jayda G

El slot de cierre del jueves en el escenario principal tiene que ser uno de los más codiciados del festival, dado que genera una suma de factores (el público goza del ímpetu de la jornada inaugural, no hay solape con el sónar de noche, el exterior se pilla con muchas ganas tras la caída del sol…) óptima para el disfrute de una buena sesión de danza.

Jayda G se nos antojaba como un match perfecto para tal cometido, y estuvimos encantados de comprobar que no nos equivocábamos en absoluto. Durante el primer tercio, la dj canadiense dirigió a golpe de cadera una orquesta que conjuraba saxos juguetones, guitarras afunkadas, bajos sinuosos y voces masculinas rasgadas que, poco a poco, dejaron paso a tremendas líneas vocales femeninas de mayor intensidad. Ejércitos de vientos nos escoltaban mientras timbales y cencerros marcaban el paso, y Jayda, como nosotros, no para de bailar. El hit de la casa ‘Both Of Us’ trajo una pura explosión de felicidad (véase documento gráfico adjunto número 2, en el que servidor se podría quedar a vivir), y, tras un bloque de espíritu más housero, llegó un guiño a Dua Lipa (‘Cool’) y un cierre sin margen de fallo con dos iconos del calibre de ‘Ain’t No Mountain High Enough’ y ‘You Get the Best from Me’.

Niño de Elche + Ylia + Banda “La Valenciana”: ‘Concert de músika festera’

Jamás en los años que hace que voy al Sonar se me hubiera podido ocurrir que me entregaría en una de sus pistas a la ancestral coreografía por todos conocida ante la interpretación en directo de ‘Paquito el chocolatero’. Pero no adelantemos acontecimientos.

La relación entre el Niño de Elche y el Sónar lleva años cuajándose, y raro es que el artista alicantino no aparezca por el festival con una propuesta totalmente nueva cada vez. En esta ocasión, la voluntad fue hacernos partícipes del “ritual de la tribu valenciana”, abriéndonos las puertas de un planeta que siempre está de fiesta. La idea era maravillosa: una banda de 40 músicos, con el apoyo de Ylia a los platos, fundirían el pasodoble y el bakalao en un solo espíritu, y Francisco Contreras alternaría el valenciano y el castellano para recorrer el imaginario de su tierra, entre jocoso y lúcido, con perlas como “me gusta tu traca, tu traca sonora, tu traca cañera” o “no hay nada más natural que la química”. Sin embargo, el concierto estuvo totalmente lastrado por insalvables problemas de sonido que silenciaban toda la amplificación en varias ocasiones por tema, convirtiéndolo en una experiencia muy frustrante tanto para el público como para los músicos pese a lo acertado del concepto, lo icónico de los referentes y la calidad combinada de los intérpretes. ¡Ojalá tengamos pronto la oportunidad de disfrutarlo en condiciones!

C Tangana

La organización había avisado: si queréis ver a C Tangana, acudid al recinto con tiempo. Era fácil de prever que el de El Madrileño iba a ser el concierto con mayor afluencia de todo el Sónar (qué cosas…), y efectivamente las hordas de gente que aún se agolpaban a las puertas de la Fira Gran Via poco antes del inicio del concierto confirmaban lo esperado. La gira ‘Sin cantar y afinar’ venía de agotar todas las localidades en el Palau Sant Jordi (y en todas partes) solo unos meses atrás, y a todos los que se habían quedado sin ellas nos sumábamos los que, visto lo visto, teníamos ganas de vivir de primera mano esa famosa sobremesa.

Resultaría excesivo y también bastante baratillo enarbolar ese “yo era ateo, pero ahora creo”, pero sí es cierto que el show que ofrece ahora mismo Antón Álvarez es, con toda seguridad, de lo más completo que se haya planteado nunca en España. Imaginad un concierto de Gorillaz en que, en vez de salir por fascículos, toda la tropa de invitados estuviera de jarana en el escenario tomando copas, con una sucesión narrativa de los temas por diferentes espacios, y todo aderezado con decenas de músicos (ya se dieron cuenta en el Tiny Desk de que esas cuerdas hacían mucho bien) y una realización portentosa con bien de steadicam que, gracias a una gigantesca pantalla panorámica, no permitía que el público perdiera detalle.

Desde que cayó la cortina mostrando el alcance de la producción hasta que ésta terminó entre abrazos y champán, Tangana rodó de mesa en mesa (subiéndose a ellas si hacía falta) derrochando carisma tanto en su interpretación como en sus interacciones. Hubo mucho cachondeíto (“esta música es una mierda, va, ponme el bluetooth del Sónar”), pero también explosiones de talento coreográfico, musical y colectivo en lo que fue un no parar de hits, con espacio tanto para la fiesta del bombo y los graves (‘Demasiadas mujeres’, ‘Llorando en la limo’) como para la más exquisita de las guitarras flamencas. Por supuesto estaban todos los que tenían que estar (El niño de Elche, la Húngara, Carmona y, faltaría más, Nathy Peluso), y al frente un puchito pletórico que se acordaba, desde la cima, de su primer concierto en aquél primer Sónar de día al que no fue nadie a verle.

Moderat

Tras lo que, quizá en un exceso de dramatismo, denominaron un parón indefinido (y que más bien era el tiempo que les ha costado descansar un poco y hacer otro disco), volvían Moderat a pisar las tablas del escenario Sonarclub – y qué ganas teníamos. El concierto arrancó referenciando al último y más introspectivo trabajo de los berlineses, More D4ta, y muy al principio daba la sensación de que la voz de Sasha Ring iba ligeramente desvinculada de la música, pero fue solo una impresión tonta; en ‘Rusty Nails’ empezaron a encontrarse, y para cuando llegamos a ‘Running’ aquello ya era la unión celestial a la que nos tiene acostumbrados la reinvención de Apparat y Modeselektor.

Durante ‘NEON RATS’, que quizá sea el mejor corte de su nuevo álbum, jugaron la de lanzar en pantalla un ‘BARC LONA’ del mismo modo que han estilizado todas sus nuevas piezas, y pegaron un viaje al subwoofer digno de llamar a la Guardia Civil que hizo las delicias del público. La actitud de la banda siempre ha sido decididamente más crowd-pleaser que la de sus respectivos integrantes (hasta radio friendly los llamaron una vez en Pitchfork), y eso no es un problema en absoluto cuando nos permite gozar de maravillosos excursos clubbers como el que nos regalaron alargando ‘Reminder’. En general, los visuales referentes al nuevo material dejaban algo que desear en comparación con lo que habían hecho hasta ahora (lo de los iconos sociales, geográficos y políticos con numeritos a lo Matrix, pues a día de hoy qué quieres que te diga), pero luego en ‘Bad Kingdom’ te ponen el maravilloso imaginario del II y se te pasa. Del final con ‘A New Error’ no hace falta ni que digamos nada.

Maria Arnal i Marcel Bagés

Muchos hemos perdido la cuenta de cuántas veces hemos visto a Maria Arnal i Marcel Bagés (en compañía de David Soler) desde que hicieron la primera presentación en vivo de cuatro temas en aquel Sónar pandémico, pero todas y cada una de las ocasiones han sido especiales. Clamor es uno de los mejores discos que se han editado recientemente por estos lares, un deleitoso manifiesto musical de fuerza renovadora, y el show ‘Hiperutopía’, de estreno en esta edición del festival, lo dispara si cabe a mayores cotas de potencia emocional.

Las canciones de segundo álbum de los catalanes se nos presentaron, en esta ocasión, elevadas por un coro de 32 mujeres que expandían las múltiples líneas vocales de Maria Arnal, materializando la fuerza de la colectividad de forma bella y poderosa. Temas como ‘El gran silencio’ o ‘Meteorit Ferit’ resonaron así con más carga emocional que nunca, y desde la pista no podíamos hacer más que unir nuestro espíritu al ritual abrumador que acontecía. Tuvimos, además, la grata sorpresa de contar con la colaboración de Holly Herndon via Holly+, su inteligencia artificial (presentada con un “ara flipareu”), en una versión de ‘Jaque’ en la que se incorporó una suerte de pequeño órgano -nos encantaría poder conocer más detalles sobre todo el proceso-. Para cerrar, y muy en línea con el ya mencionado mood ritualístico, Arnal nos exhortó al baile, y nos regalaron un auténtico momentazo en forma de deliciosa micro sesión de techno coral. Si el año que viene las programan 6 horas en el SonarCar no salgo de ahí. 

The Chemical Brothers

Los Chemical Brothers son una santísima institución de la electrónica, y su paso por el Sónar siempre es motivo de jolgorio (7 años hacía ya de su última visita, un tiempo óptimo de barbecho). Sus sets en directo son una amalgama de precisión de reinterpretaciones de su amplio catálogo casi en total continuidad, y eso aquí se tradujo en hora y media ininterrumpida de baile y diversión. Parte esencial del espectáculo es, por supuesto, el mítico imaginario visual de la banda, cargado de figuras humanas geométricas danzantes, tamborileros psicodélicos, robots, movidas giallo y láseres y haces de luz que salían de la pantalla con un efectismo muy resultón y nos acompañaban mientras disfrutábamos de hits del calibre de ‘Go’, ‘Hey Boy Hey Girl’, ‘Do It Again’ o ‘Galvanize’. Sello de calidad incontestable.

Fotos: Kevin Zammit (Binaural.es)
Texto: Pau Ortiz

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