[Crónica] Sónar 2023

cronica sonar 2023

Tras un 2022 de sobreacumulación en el que los espectadores pagamos algunas malas praxis y excesos por parte de los organizadores de grandes eventos, parece que encaramos una temporada de festivales más relajada. En el caso del Sónar, se han observado mejoras operativas (mayor fluidez en los accesos y gestión de barras) y la reversión de prácticas abusivas como el cobro de gastos de gestión por retirar el dinero sobrante del contactless. Aún queda algo de trabajo por hacer: la nueva cúpula del escenario SonarVillage no acaba de ofrecer una buena solución contra el calor, y sigue siendo ilegal impedir el acceso a un festival con comida del exterior (hasta chicles fueron tirados), por mencionar un par de ejemplos. Con todo, la sensación al cierre fue la de una mejora sustancial en cuanto a comodidad y disfrute que nos dejó con ganas de volver.

En cuanto a lo musical, este no ha sido un año fácil para los equipos de programación, pero nuestro festival de música avanzada ha planteado un cartel bastante amplio de miras entre lo experimental, lo comercial y lo innovador, con un buen foco en lo local e interesantes propuestas de b2b y cambios de registro (véanse el combo de Tiga y Cora Novoa o el divertidísimo set ‘Club 2000’ de Alizzz). También se ha postulado al SonarCar, que últimamente ha venido luciendo sesiones de 6h, como un muy buen espacio para enmarcar una programación de variedades bajo un espíritu común (en esta ocasión, Samantha Hudson, La Zowi, Rusowsky, Mareo y compañía), ampliando así las posibilidades de uno de los rincones más especiales del recinto. No hemos andado cortos de grandes directos, así que a continuación os dejamos con algunos de los más destacados.

Crónica complementaria del directo de Aphex Twin, en esta otra entrada.

Max Cooper

Las cortinas rojas del SonarHall, que con su aterciopelado erotismo arropan cuerpo y alma, ofrecieron el envoltorio perfecto para el live con audiovisuales 3D de Max Cooper. Un bombo elegante y expansivo, de los que llenan el pecho y alimentan el espíritu, cabalgaba entre el lirismo y el breakbeat ilustrado por una doble pantalla (una delantera translúcida y otra detrás) con fantasías múltiples: de organismos unicelulares (como nosotros al cierre) a animales varios, arquitectura infinita, fractales y hasta citas de Wittgenstein. Aun cuando se acercaba a territorios más áridos, la música del productor norirlandés venía sostenida por una base estable y amorosa, sobre la cual se erigió una rica superposición de capas que rara vez perdió el norte o la emoción. De su mano participamos de una cálida y contemplativa danza cósmica.

Fever Ray

Qué bien funcionó ‘What They Call Us’, primer corte del reciente ‘Radical Romantics’, como punto de partida del concierto de Fever Ray. Karin Dreijer, enfundada en su anchísimo traje blanco e iluminada por una elegante farola como único elemento escenográfico, enunciaba misteriosa sus primeras líneas acompañada por los sinuosos movimientos de sus dos coristas y una base reducida a la mínima expresión, irradiando una intensidad reverencial.

A partir de aquí, y con el apoyo de siempre crecientes percusiones, sintes y armonías vocales, la artista sueca repasó sus tres álbumes propios metidísima en ese papel que bascula entre lo teatral y una sensualidad sui generis, ya fuera repartiendo rosas entre el público en ‘To the Moon and Back’ o meciéndose gustosamente con sus compañeras al son de un aerófono digital en ‘Shiver’. La llegada de ‘Even It Out’ marcó el inicio de un tramo final de jolgorio colectivo azuzado por los latigazos de ‘Carbon Dioxide’, y, como no podía ser de una manera, ‘If I Had a Heart’ fue la encargada de cerrar con solemnidad este estupendo encuentro.

Puede ser una imagen de una persona y concierto

Bicep

Durante esos ratitos de espera que se dan entre artista y artista en el SonarClub, la principal plaza del festival, primó una ambientación musical de línea ambient que, a unos minutos de la aparición de Bicep, nos sumió en una paz celestial y abrió nuestros corazones a lo que iba a ser uno de los grandes triunfos de esta edición.

Con una ambientación inicialmente sobria que iría cogiendo fastuosidad lumínica con el paso del tiempo, el dúo formado por Andrew Ferguson y Matthew McBriar desgranó clásicos de su icónico álbum debut y de su posterior ‘Isles’ en una clase magistral de electrónica de baile emocional. Se podría argumentar que las dinámicas con las que abordaron cada tema en directo siguen patrones bastante similares en cuanto a exposición, desarrollo y clímax, pero eso poco importa cuando estás en una pista de baile dando brincos con los ojos cerrados y repartiendo abrazos con una sonrisa a oreja a oreja. El cierre con ‘Glue’, ‘Apricots’ y ‘Water’, tremendo pepino, amiguis.

Puede ser una imagen de una persona, multitud y concierto

Eric Prydz

Aphex Twin era la estrella que le aportaba clase y categoría al cartel, pero el premio al mayor reclamo (contrastado in situ: sin duda el llenazo más bestia del certamen) ha acabado siendo para Eryc Prydz. Amplia rumorología y mucha curiosidad ante el que, se comentaba, iba a ser el show más tecnológicamente complejo que había pasado por el Sónar en sus 30 años.

La movida iba de hologramas, y la verdad es que la tridimensionalidad lograda sobre el escenario era francamente impresionante. Desde la mano robótica que apareció al inicio, teléfono en mano, grabando a todos los asistentes en un efecto espejo graciosamente vacilón, hasta los múltiples elementos de temática mecánica, submarina o espacial que fueron poblando el paisaje, lucieron todos una definición y una profundidad espectaculares. En lo musical, la sesión recordó bastante a la que escuchamos al año pasado, tech-house grandilocuente pero con sustancia que se maneja cómodo y sin complejos ante audiencias pobladas. Prydz no es un productor que se suela andar con sutilezas, y siendo este su gran espectáculo echó toda la carne en el asador desde el principio, con bombo a fuego y constantes subidas trabajando referencias como ‘Pjanoo’ o su remix de ‘Conciousness’.

A la contra se puede decir que dio más palmas que tocó mesa (pocas quejas en ese sentido: todo estaba muy medido y el trabajo tenía que venir hecho de casa), y que, puestos a pedir la excelencia, un mayor curro en lo narrativo hubiera estado de lujo (una línea musical bastante homogénea y una excesiva repetición de recursos visuales -como el rollo system error, evacuate y danger para preparar los drops- contribuyeron a generar una sensación de monotonía). Eso sí, por fin se hizo justicia con ‘Opus’, que es un temazo como un campanario y que por fin sonó en su integridad (cuánto daño ha hecho el remix de Four Tet…) concediéndonos uno de los mayores momentos de éxtasis del festival.

Little Simz

Un par de instrumentos esperaban a Little Simz en el escenario, y mucho tardaron en jugar, pero parecía que poca falta hacían. La capacidad de conexión que la rapera británica podía generar con el púbico quedó clara desde los primeros compases de ‘Silhouette’, en los que captó completamente nuestra atención con un fraseo sobrio y convencido. No quedó duda de su seguridad en sí misma: “Understand that you are witnessing greatness, and I don’t say that with arrogance, I say that with confidence”.

Así, más chula que un ocho -como corresponde en su gremio-, repasó su galardonado ‘Sometimes I Might Be Introvert’, su aún más reciente ‘NO THANK YOU’ y hasta un tema aún no publicado desde su solitaria tribuna con un saber hacer incuestionable. Y si ya iba todo bien, la entrada de guitarra y bajo para interpretar cortes como ‘Introvert’ o ‘Gorilla’ aportó, si cabía, un plus de gozo, elaboración y embellecimiento al asunto.

Fotos: Sónar 2023
Texto: Pau Ortiz

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