La semana pasada señalamos las bandas emergentes de la temporada. Hoy, como cada año, nos lanzamos a seleccionar los que para nosotrxs han sido los 50 mejores discos de 2025. Obras tanto internacionales como nacionales copan un amplio artículo bordado por propuestas de todo tipo de estilos. Entre la representación de nuestra patria ubicamos a Boneflower, Merina Gris, Dharmacide, Rosalía o Medalla.
Textos redactados por Màrius Riba, Sebas Rosas, Pau Ortiz, Sergi Cuxart, Dan J. Marquess, Fátima Conde, Nil Rubió y Pablo Porcar.
50 – The Armed – The Future is Here and Everything Needs to Be Destroyed
The Armed suenan como una explosión contenida que estalla justo en el momento en que dejas de respirar: este nuevo álbum retuerce el hardcore hasta deformarlo, lo convierte en furia, caos calculado y, sobre todo, violencia sonora con propósito. Desde la brutal apertura de Well Made Play, con un saxo desquiciado y gritos apocalípticos, hasta Kingbreaker, un torbellino visceral que mezcla adrenalina y desesperación, cada tema empuja hacia adelante sin piedad. Sharp Teeth muestra la cara más retorcida del álbum: una violencia que coquetea con melodías rotas y tensas. Todo ello revela la capacidad de The Armed para envolver el caos en estructuras densas.. En ese estruendo constante, el disco se siente como un espejo agrietado del mundo moderno: alienación, decadencia, psicosis colectiva.
The Future Is Here and Everything Needs to Be Destroyed busca, y consigue, lo que promete: sacudirte y confrontarte. No es un disco para escucharse de fondo: es un disparo en la sien. [Sebas Rosas]
49 – Swami John Reis – Time To Let You Down
Tras el durísimo golpe que supuso la muerte repentina de su gran amigo Rick Froberg, John Reis decidió seguir adelante a base de guitarrazos, entrando en una espiral prolífica reactivando el proyecto al que da su nombre y PLOSIVS, otro gran supergrupo al que pertenece. Si ya ‘All Of This Awaits You’ era un magnífico álbum, Reis nos da una continuación explosiva solo unos meses después, en la que el predicador del rock ‘n roll nos vuelve a someter a sus delirios musicales. Rock Made in Reis, implacable, urgente, divertido, sobre el que surfea encima de oleadas electrizantes, con un toque de obsesión sobre la mortalidad que la experiencia te da, que suena a lamento y celebración a la vez. Temas como ‘Time to Let You Down’, ‘Basement Envy’, ‘Boomer Rang’ o ‘Fed to The Dogs’ insuflan una vitalidad irresistible, incommensurable. [Nil Rubió]
48 – Pigs x7 – Death Hilarious
La banda de Newcastle que ha patentado su stoner de cerveza de barril y bate de béisbol con chorros gordos de sludge y krautrock, siempre fieles a Sabbath, opta en su quinto álbum por llevar la agresividad de sus directos a nuestros altavoces, sin mucho ánimo de irse por las ramas y sí de arremeter con un martillo percutor, riffs mastodónticos marca de la casa y la voz bigotuda de un Matt Baty seguramente enfundado en fluorescentes calzoncillos mientras grita por encima de la tormenta. ‘Death Hilarious’, título que resume perfectamente la filosofía detrás del disco, y la banda en general, incluye además una incursión en el hip-hop -o su versión de él- con el mismo El-P en la amenazante ‘Glib Tongued’. Un disco cáustico, ácido, nihilista, atronador, que les sigue propulsando hacia adelante. [Nil Rubió]
47 – TURQUOISEDEATH – Guardian
Una de las cosas que trajo la pandemia ha sido un revival del Atmospheric Drum And Bass, y uno de los nombres principales que encabeza esta ola ha sacado en 2025 su tercer largo (o quinto, si contamos sus trabajos con vmrrobotic): tras un celebradísimo “Sé bueno” y una confirmación en “Kaleidoscope”, TURQUOISEDEATH consigue enmendar ciertos fallos que ha ido teniendo en sus esfuerzos previos para dotar de grandiosidad y longitud a sus canciones sin que estas dos características tengan un impacto negativo en su calidad como piezas sonoras. Bailando entre el space ambient y el progressive trance, nos transportamos a unos paisajes acuáticos en los que todos los elementos sonoros gozan del suficiente espacio para brillar, sintiéndose un balance adecuado entre el descaro y la elegancia. Las canciones conectan muy bien entre sí, y en el caso de la canción de treinta minutos que ocupa toda la cara B se puede decir lo mismo de sus cinco movimientos o partes. Hay una intención de construir momentos y cénits a fuego lento, por lo que la inmersión en este “líquido acústico” está garantizada de principio a fin. [Dan J. Marquess]
46 – Samia – Bloodless
Samia, que ya nos regaló hace dos años un «Honey» que nos fascinó, vuelve a la carga con «Bloodless«, disco en el que la artista explota aún más si cabe. ‘Bovine Excision’ como punta de lanza para un trabajo, que pese a contar con piel de cordero, suena bien mordaz en su contenido. Como en anteriores ocasiones, Samia transita entre el folk semi emo y el pop en un trabajo que vuelve a brillar cuando tira de repertorio cercano al indie rock, como en la magnética ‘Spine Oil’. [Pablo Porcar]
45 – Nation Of Language – Dance Called Memory
Nation Of Language regresan con otro disco que vuelve a quemar zapatillas desde las pistas de baile más ochenteras. A diferencia de su predecesor, «Dance Called Memory» encarrila un enfoque más luminoso en un álbum más abiertamente accesible y pop. Sin perder las reminiscencias New Wave en ningún momento, el trío destila el feeling de su excelso directo en adictivos cortes como ‘Silhoutte’ o ‘Inept Apollo’. Algo nos dice que cuando opten por experimentar más llegarán a aquel 9/10 que rozan con la punta de sus dedos. [Pablo Porcar]
44 – Wednesday – Bleeds
El arte del cómic. La música no se dibuja, pero en cambio puede apelar a estilos que se desenvuelven como viñetas animadas. ¿Por qué un músico haría eso? Uno: para divertirse. Dos: para llegar a lo más hondo del oyente y llamar a una puertecilla interior que ni él sabía que existía. Lo de Karly Hartzman, frontgirl de Wednesday, va por ahí. En su nuevo disco, que ha titulado «Bleeds» (Dead Ocean, 2025), y que ya es el sexto de su carrera, hay un relato tan sentido que ni hablando en serio se llega a explicar con precisión. Para empezar, ha tenido que luchar contra algunos fantasmas, como el alto listón marcado por su anterior disco,»Rat Saw God», o, sobre todo, su separación con el cantante MJ Lenderman (miembro de la banda y sensación de 2024) mientras hacía el disco. Lejos de caricaturizar la nostalgia, la violencia y el desamor (que es básicamente de lo que trata) ha construido con ellos un diario íntimo y musicado, consiguiendo un poco el efecto John Kenn Mortensen: que lo siniestro se perciba como algo romántico e incluso entrañable. [Crítica del disco por Màrius Riba]
43 – YHWH Nailgun – 45 Pounds
Nuestros promesas del año, YHWH Nailgun, demuestran que son un grupo sin apenas parangón con «45 Pounds». La rudeza noise abraza lo industrial e incluso también el hyperpop (la cadencia, sobre todo) en un álbum que bien podría equipararse en rotundidad (sin tanta frontalidad, eso sí) de The Armed. Maravilla para degustar si eres un buen amante de toparte con mezclums sonoros que hagan arquear la ceja. [Pablo Porcar]
42 – Water From Your Eyes – It’s A Beautiful Place
El dúo neoyorquino sigue haciendo del pop su conejillo de indias y la buena noticia es que en «It’s a Beautiful Place» no lo han transformado en una rata salvaje. A esta nueva entrega le inyectan una dosis reactiva de guitarras que se abren a lo que sea: al indie (‘Nights in Amor’), a los noventa (‘Life Signs’), al shoegaze (‘Born 2’) o al dance (‘Playing Classics’). Sacuden así su música con mayor energía y olas de creatividad, impactando con una mayor consistencia. Tenemos un álbum que no pierde su imprevisibilidad (tanto en su línea como en la propia estructura de los temas), pero aquí todo queda bien ligado y comedido, con una clara intención al baile. Ideas experimentales que antes hubieran sido la zanahoria efectiva para engordar sus temas, ahora quedan más bien en los márgenes. ‘One Small Step’ y ‘For Mankind’, primer y último corte del disco, respectivamente, lo refleja. Es el mismo tema instrumental (sí, duplicado), que de alguna manera contextualiza este nuevo giro, elegante y más adulto, en los rigores de una banda que se encuentra en un constante imaginar, y que en la próxima ocasión nos pude salir por otro lado. Ya veníamos a eso. [Màrius Riba]
41 – Heartworms – Glutton For Punishment
La habíamos llegado a comparar con la PJ Harvey de «To Bring You My Love», ojo. Listón altísimo el que tenía que superar Jojo Orme con su debut, pero «Glutton For Punishment» ha dado en la diana. Había señales de que la cosa iba en serio, como por ejemplo un demoledor EP del que salieron algunos de los mejores temas de 2023, o el hecho de que alguien como Dan Carey -de los productores más cotizados de la industria- se quisiera meter de cabeza en este proyecto. Aquí está un primer disco que resalta todas las cualidades del rock gótico divisado desde la neblina de su EP, y más. Esquiva el sonido post-punk con el que se dieron a conocer, y en 37 minutos desbroza terrenos donde, no lo sabíamos, pero también había espacio para dark wave y electrónica. El parentesco de ‘Jacked’ con el greatest hit de 2023 ‘Consistent Dedication’ es grande, pero en cambio ‘Warplane’ (canción número 6) se presenta como un primo fantasma de Heartworms al que le gusta la electrónica y del que no sabíamos de su existencia. Es bienvenido, al igual que ‘Smugglers Adventure’, un tímido rayo de luz entre tanta oscuridad gótica, o el tema de cierre, una acústica que sí que pinta. Y eso es porque Jojo Orme no las libra de sonar espectrales, góticas si queréis. Vale decir que más allá de su intención de abrirse de miras, «Glutton For Punishment» tiene un sonido duro como el hormigón y llega como un bofetón. Nada que envidiar a las paredes de otras grandes basílicas. [Màrius Riba]
40 – Boneflower – Reveries
Boneflower ha tardado cinco años en editar el sucesor de Armour, y la espera ha valido la pena. En Reveries, el trío madrileño transita desde la melancolía quebrada de “Sal En Mis Pestañas” hasta la intensidad dramática de “Pomegranate” – con la colaboración de Jeremy Bolm (Touché Amoré) – , construyendo en cada tema un paisaje emocional donde el contraste entre ruido y calma se convierte en verdad cruda.
El álbum no busca confort, sino resonancia: un refugio para la melancolía y la memoria, un espacio donde los sueños se mezclan con la ruina, donde cada nota parece respirar nostalgia. Reveries invita a perderse, cerrar los ojos y dejar que el mundo gire fuera mientras la mente viaja hacia dentro. [Sebas Rosas]
39 – Snocaps – Snocaps
Es uno de los discos tapados del año: Waxahatchee se une a su hermana gemela Allison (P.S Eliot) para sacarse de la nada un «Snocaps» señalado como uno de los trabajos de indie DIY más deliciosos de este último tramo del año. MJ Lenderman colabora en una obra que sabe jugar con lo meloso a lo Best Coast (‘Heathcliff’) y también con melodías bien sureñas (‘Brand New City’). Huele a polvo, pero a la vez también a algodón de azúcar. Como un calipo en pleno verano, así es «Snocaps» al llegar en reproducción aleatoria. [Pablo Porcar]
38 – Paco Amoroso & Catriel – Papota
El Tiny Desk supuso para los argentinos su consagración internacional, y aprovecharon el impulso para publicar PAPOTA, donde recogen cinco de los temas del potente directo junto con cuatro canciones nuevas. En esta propuesta ingeniosa y creativa, los dos amigos de la infancia se burlan de su repentino ascenso a la fama a través de la comedia y experimentación. El disco es una combinación eclécticamente explosiva de diferentes géneros: desde el pop más noventero hasta el jazz, funk, rap, electropop, R&B y lo que les echen.
Son conocidos por cuidar los detalles, en esta ocasión muestran una parte visual ambientada en el propio Tiny Desk, que narra una historia ficticia justo después, donde refleja la presión de la discográfica y de la atención mediática recogida. Se burlan así de las exigencias comerciales de la industria, dudas y tensiones que plasman en letras como en “IMPOSTOR” “No hay nada que hacer, soy un impostor. No nos van a creer, que somos lo mejor”. En “TETAS” critican la hipermasculinidad y la obsesión por la estética preestablecida con una parodia pop tan satírica como pegadiza. También entran las burlas hacia ChatGPT y a los Latin Grammy en“ RE FORRO”, criticando con ironía y encapsulando la esencia del dúo. El disco cierra con “EL DÍA DEL AMIGO” donde se cuestionan su autenticidad y reafirman su amistad. El talento y la picardía desbordantes de Paco Amoroso y CA7RIEL quedan reflejados en esta pequeña cápsula que sirve como adelanto de lo que vendrá próximamente. [Fátima Conde]
37 – Medalla – Música Máquina
Hay grupos que son máquinas de hacer música, y no lo digo en el sentido de producir discos como churros de King Gizzard, sino por la capacidad de ir configurando sus propios códigos musicales. Quien conozca los orígenes del grupo barcelonés Medalla (y yendo más atrás, The Saurs, la banda en la que tocaba anteriormente su vocalista Eric Sueiro) estará de acuerdo en que el heavy metal siempre asomó en ellos como una bestia contenida, encadenada. Con el paso del tiempo, y de los discos, cada vez la fueron atando menos en corto. Primero, el rock garajero y de guitarras tripi dio paso a discos de estilo pesados y de lo más heterogéneos que le tiraban los tejos al diablo indisimuladamente. Y en esta casi década de trayectoria, donde han ido experimentando cambios sustanciales en sus filas (como la marcha de Benoît de Diamante Negro -su cara más pop- o la incorporación del bajo y trompetista Peris de Opatov), Medalla ha acabado llegando a las puertas del infierno, que son de metal y están abiertas de par en par. De alguna manera, es el lugar donde «Música Máquina«, su quinto álbum, encuentra a la mayoría de sus receptores. [Crítica de disco por Màrius Riba]
36 – Dharmacide – Tougher Than The Rest
Dharmacide viran hacia su propia (re)definición como banda con «Tougher Than The Rest», segundo álbum en el que René y su formación abogan por alejarse de etiquetas que les definan para cimentar un estilo en la más absoluta sobriedad. Ecos de PJ Harvey y Nick Cave, sin perder alguna reminiscencia a DIIV (‘Dove’) afloran en un trabajo construido con una nueva muda de piel más atemporal y mestiza que «Cult Band Member». [Pablo Porcar]
35 – The Mars Volta – Lucro Sucio; Los Ojos Del Vacío
La filtración y extraña campaña de lanzamiento no han hecho que este segundo disco “inesperado” de The Mars Volta tras su reunión pase como algo forzado para contentar a sus seguidores. Por mucho CD grabado entregado a un repartidor de comida que haya habido, ‘Lucro sucio; Los ojos del vacío’ es un disco muy superior a los trabajos previos a su disolución en 2012 de los de El Paso. Si bien a veces cuesta relacionar este disco con los The Mars Volta del ‘De-Loused in the Comatorium’ o del ‘Frances the Mute’, se trata de la evolución natural de dupla Cedric-Omar que se ha reencontrado de nuevo con lo que realmente les hacía crear música juntos en aquel entonces. [Sergi Cuxart]
34 – Squid – Cowards
He aquí Dr. Jekyll y Mr. Hyde encarnado en grupo. Uno escucha a Squid, en particular su nuevo disco, «Cowards«, y de entrada no puede dejar de ver a una banda guitarrera apuesta, de porte serio, accesible y afable al primer contacto. Sin embargo, hay indicios de que su fuero interno sigue descalabrado, y eso es bueno: no han dejado reprimir a la bestia que llevan dentro. Cuatro años después, los británicos entregan un trabajo inspirado en novelas de terror (no precisamente en la obra de Stevenson), canalizado mediante mentes criminales y estructurado en una suerte de relatos cortos de ficción, que se proyectan en ambientes sórdidos como callejuelas solitarias en las afueras de Brighton a altas horas de la noche. Pero también hay mucho día en «Cowards», mucho sol, que esta vez llega en forma de samples sintéticos (el patrón inicial de ‘Crispy Skin’ se repetirá al final en ‘Showtime!’), creatividad, desarrollos locos y melodías idas de madre. ‘Blood on the Boulders’ representa esa dualidad: es el bien y el mal, el día y la noche transitando en un mismo tema, la deformación en vivo de canciones compuestas desde la serenidad, un sorbo fatal (y genial) de una pócima musical letal como veneno de escorpión. Nueve temas, escucha efectiva y a estas alturas casi de culto. Nos quitamos el sombrero de copa. [Màrius Riba]
33 – Hetta – Acettate
Coge y mete en una batidora la agresividad del post-hardcore de At the Drive-in a los inicios, el caos del mathcore de Dillinger Escape Plan y la intensidad del screamo de Daïtro, y tendrás el increíble disco debut que se han marcado los portugueses Hetta. ‘Acettate’ es un golpe directo al pecho que te lleva de lleno al pogo nada más ponértelo. [Sergi Cuxart]
32 – Wet Leg – Moisturizer
Las británicas Wet Leg son una banda de extremos. ¿Están jugando o se preparan para atacar? ¿Cantan sobre el amor o el suicidio? ¿Van de cara o te dan la espalda? Todo es una duda al principio, que curiosamente también se resuelve al principio, en el momento en el que las empiezas a escuchar. Como ya demostraron con su debut en 2022 -trabajo homónimo avalado por la resurrección del post punk moderno y del indie más guitarrero- el dúo de la Isla de Wight es de esas bandas que irónicamente se mueve de un polo al otro sin parar. Díscolas, febriles, irreverentes, descaradas, a Teasdale y Chambers no les sale de otra manera. Es por eso que ahora sólo podían entregar un segundo disco como «moisturizer» que siguiera el mismo relato, directo y desacomplejado. La diferencia (muy poca) es que se acoge a un sonido que remarca sus venas con más nitidez, y que destila más amor propio si cabe. Porque se presenta como una expresión viva de lo que son y de lo que cuentan. Para más reválida, ahí está el «I Love Me» de sus calcetines largos. [Crítica del disco por Màrius Riba]
31 – Merina Gris – Zuloa
Con «ZULOA», Merina Gris añaden un capítulo más a una carta de presentación que todavía no está terminada, pero solidifican y cimentan su identidad sonora a la vez que coquetean con otros estilos que puedan casar hábilmente con su electropop. En cualquier caso, se nutren de un motor interno que funciona a base de trasladar al oyente con total fidelidad todo lo que sienten para que les llegue de vuelta en forma de conexión emocional y así poder seguir alimentando la máquina. En su conjunto, este segundo esfuerzo se siente entre un decente y sólido notable. [Crítica del disco por Dan J. Marquess]
30 – caroline – caroline 2
Los londinenses caroline empezaron a llamar la atención en algunos círculos con su debut en 2022, pero sin duda ha sido este caroline 2 el que les ha brindado un merecidísimo lugar de atención entre los fans del guitarreo elaborado y sensible. Si sacamos la coctelera de etiquetas, podríamos aventurar quizá un patillero post-folk para definir este rock roto pero harto emocional en el que conviven violines con autotune, sutilezas con ruido, y ante todo siempre belleza, venga de donde venga. Hay lugar hasta para el pop, en una elegante nota de color aportada por otra Caroline, la Polachek, que este año ha tenido buenísima puntería a la hora de elegir colaboraciones (véase Blood Orange). En conjunto, un impresionante despliegue de detallismo multiinstrumental que brilla mientras los sentimientos se desangran. [Pau Ortiz]
29 – Hayden Pedigo – I’ll Be Waving As You Drive Away
Sin duda 2025 ha sido el año de Hayden Pedigo. Nunca una mudanza había dado tanto de sí para un músico. Irse a vivir a Oklahoma no solo le ha permitido a Hayden Pedigo conocer a Chat Pile, despedirse de su Amarillo (Texas) natal también le ha servido para darle cierre a la trilogía de Mexican Summer que empezó en 2021 con ‘Letting Go’. Poesía sin voz a base de licks acústicos y brillantes que te hacen olvidar la falta de letra. [Sergi Cuxart]
28 – Ok Lou – Choke Enough
Oklou nos regala una fusión de pop electrónico con tintes Y2K en un soplo de aire fresco. La francesa plasma con precisión la delicadeza de los sonidos más clásicos en un mapa de experiencias enigmáticas, donde nos habla sobre rupturas y nuevos comienzos, sobre veranos de vainilla y bailarines de fresa. Choke enough cuenta además con la presencia de los productores A.G.Cook y Danny L Harle, artistas influyentes de la escena electrónica y experimental, además del ya veterano Casey MQ, como coproductor. En este disco las texturas robóticas e instrumentales se entrelazan en trece piezas donde las baladas nos transportan a un mundo onírico y nos devuelven a la pista de baile. Es un retrato íntimo en el que Oklou se muestra con soltura y habilidad en temas como ”obvious” y “take me by the hand”, pistas aparentemente simples pero con cargas emocionales. En la versión Deluxe del álbum, encontramos nuevas texturas más acústicas, donde los acordes delicados de guitarra se mezclan con su suave voz y algunos toques de autotune pero sin abusar, como apreciamos en “what’s good” o “the fishsong unplugged”, y en el delicado hit con FKA Twigs “viscus”. Hace unos meses la vimos en un directo cautivador en una pista de hielo rodeada de patinadores, una preciosa puesta en escena que termima de consolidar a Oklou como una de las artistas más destacadas del año. [Fátima Conde]
27 – Delivery – Force Majeure
El segundo álbum de los de Melbourne hace honor a su título y eleva su garage punk pulsante a una categoría de fuerza mayor. Tan implacable como infeccioso, tremendamente acertado a la hora de usar un repertorio inacabable de riffs, solos y cambios que se suceden con voracidad, con el don de la oportunidad y gusto suficiente para elevar cada canción a algo más que un simple ejercicio de música desenfrenada. Ácido en su crítica sociopolítica, crujiente en su música, en la que guitarras y base rítmica se entremezclan constantemente amenazando con irse de madre, como nuestra frecuencia cardíaca. Cuarenta minutos de gestión perfecta de los tempos, incorporando el sonido new wave y post-punk primigenio de gente como Television en los momentos en los que el motor deja de engullir revoluciones. [Nil Rubió]
26 – Cloakroom – Last Leg Of The Human Table
Cloakroom, proyecto liderado por Doyle Martin de Nothing, parece haber encontrado el cenit de su sonido este año con «Last Leg Of The Human Table«, demoledor álbum que consolida aquel sonido entre el shoegaze contemporáneo y el enfoque country que tanto ha definido a la banda. Ampliando su espectro estilístico, el trío (ahora cuarteto) es capaz de abrazar el «core» folk country en temas como ‘Bad Larry’, o incluso un enfoque melódico en la senda de Jimmy Eat World, como en ‘Unbelonging’. Joya de la corona: el tema de apertura, presentado en primicia en la sala VOL de Barcelona hará casi 2 años. [Pablo Porcar]
25 – Daniel Caesar – Son Of Spergy
El cuarto disco del canadiense emana del gospel, un género del que bebió desde muy pequeño, fusionándolo con el R&B, como signo distintivo de su sonido. Son of Spergy es una balsa de emociones, un viaje celestial, donde Daniel intenta reconciliar su espíritu a través de temas como la familia, las relaciones personales, la fe o la incertidumbre que acompaña a la toma de decisiones correctas, ‘Is it a crime to be unsure?’ (¿es un crimen estar inseguro?) proclama en “Who knows”. El álbum combina momentos más rítmicos con guitarras en “Call on Me”, y un sonido más acústico e íntimo en “Root of All Evil” o “Emily’s Son”. Escuchamos sonidos ambientales de su ciudad natal Toronto en “Have a baby with me”, con voces predicando mezcladas con notas suaves al piano, y donde recita ‘There is no time to believe in what we could be’ (no hay tiempo para creer en lo que podríamos ser). Esta vez también cuenta con colaboradores de lujo como Sampha, Blood Orange o Bon Iver, que dotan de armonías elegantes en un proyecto introspectivo donde reflexiona sobre su propia madurez. El resultado es un álbum honesto, cuidado y compacto sonoramente, que confirma su lugar como uno de los artistas más importantes del R&B contemporáneo. [Fátima Conde]
24 – FKA Twigs – EUSEXUA
Decir que un disco de música fluye para resaltar sus cualidades es quedarse en una idea un tanto vaga, pero con FKA twigs en «EUSEXUA» se puede ser más específico. Empezando por el nombre de este tercer disco, que mezcla dos emociones densas en su nueva probeta experimental: euforia y sexo. Juntas constituyen el estado emocional del disco, algo así como «el momento previo al orgasmo«, según ella. Se vale nuevamente de su poder creativo y femenino para llegar a ese estadio, siendo crítica (no olvidemos que la cantante viene de un contexto afectivo delicado) y persuadiendo con su belleza natural. ’24h dog’, por ejemplo, alude a la sumisión erótica y emocional, y ‘Perfect Stranger’ es un verso al cruising. Eso sí, en ningún caso llegamos a una cima emocional evidente, al éxtasis, vaya. Porque todos los temas, a su manera, se desarrollan en una línea de pop vanguardista contenida, que a ratos mira sin disimulo a Björk y Madonna sin que, por otra parte, éstas la evaporen. La forma de este «EUSEXUA» es difícil de determinar, cierto. En cuestión de pocos segundos saltamos del dance al techno de un club de Praga, sin acabar de entrar en él. Aunque la propia Tahliah ya es una buena metáfora de lo que representa FKA Twigs en este trabajo. Una sensual metamorfosis artística, vital y escurridiza como el agua. [Màrius Riba]
23 – Huremic [Parannoul] – Seeking Darkness
En un capítulo más de su sobre-productividad, 파란노을 (a.k.a. Parannoul) toma forma bajo un nuevo alias con el que adentrarse con mayor profundidad en las aguas del post-rock, con una mayor motivación experimental. Cualquier traza de su lenguaje pop no hace acto de presencia a lo largo de este tema de una hora de duración (segmentado en cinco partes) en el que cocina una amalgama de drone, distorsión y emoción: se exprime toda la energía que puede dar de sí un motivo musical. La percusión asume un papel fundamental a la par que “ceremonial”, un aspecto que casa con el uso de samples de música tradicional coreana; precisamente, la forma inusual con la que estos son empleados, sumiéndolos en bucles y texturas distorsionadas, dota a las canciones de un carácter sónico único y distintivo que no deja posibilidad a una nostalgia diferente a la que nos resulta paradójicamente contemporánea. No es una escucha fácil, es densa y requiere poner mucha atención. Pero si consigues conectar, va a ser muy difícil que puedas salir de esta inmensa y aterradora realidad paralela. [Dan J. Marquess]
22 – Greet Death – Die In Love
Greet Death, primos hermanos de Cloakroom, se desquitan con su mejor obra hasta la fecha con «Die In Love». Ese shoegaze con ramalazos slowcore muestra su cara más invertebrada en un trabajo redondo que define al grupo como un rara avis en su sector. ‘Motherfucker’, con esos giritos estructurales tan moldeados como golpes de efecto, sobrevuela por encima de un LP también bien enfilado por otras gemas como ‘Red Rocket’. Uno de los discos «undercover» del 2025 [Pablo Porcar]
21 – Dijon – Baby
Considerado artista del año por la revista Pitchfork, Dijon se lo ha ganado a base de persistencia y estrechas colaboraciones, participando como productor en los dos últimos discos de Justin Bieber Swag I y II y con su cómplice y mano derecha, el también artista y productor de moda Mk Gee. En este segundo álbum fusiona soul, pop y R&B, con unas letras enigmáticas y difíciles de descifrar, pero con esa sensibilidad característica de él. Las bases rítmicas encajan perfectamente en un collage sonoro de guitarras acústicas y distorsiones que construyen Baby en 12 temas perfectamente desordenados imprevisibles. Podemos atisbar la influencia de D’Angelo en su soul más profundo, y el pop de Prince en su lado más personal, especialmente en las distorsiones vocales de canciones como “FIRE!” o “HIGHER!”. Su hit “Yamaha”, el tema más comercial del disco, Dijon nos lleva hacia un lugar más luminoso y esperanzador con melodías más accesibles, mientras que en “Automatic” experimenta con un bipolarismo sonoro con altibajos inesperados. El de estadounidense cierra el álbum con «Kindalove” de manera expansiva, dejando claro su proceso de creación: un recorrido onírico muy particular, experimental y auténtico. [Fátima Conde]
20 – Ethel Cain – Perverts
Pocos discos te hacen decir a principios de enero que van a ser disco del año, y menos aún si se trata de un disco completamente experimental, lleno de drones y de ambient ruidista, de un artista con un fandom predominantemente pop. Pero Ethel Cain lo consiguió nada más empezar 2025 con este Perverts, una maravilla incómoda que dejó picuetos a quienes esperaban una obra continuista al ‘Preacher’s Daughter’ de 2022. [Sergi Cuxart]
19 – Lambrini Girls – Who Let The Dogs Out
Acción reacción. ¿El mundo arde en llamas? Lambrini Girls no vendrán a salvarlo, pero la tomarán con los pirómanos. Entiéndase este disco de Phoebe Lunny y Lilly Macieira como una entrega combativa, de punk inflamable, que castiga con guitarras duras la brutalidad policial, la masculinidad tóxica, la injusticia social y otras vivencias personales. Debutan así con un trabajo que entrega un mensaje con la delicadeza que lo haría Joe Talbot de IDLES: ninguna. Por ejemplo, en ‘Company Culture’, que trata sobre el acoso laboral (y la discriminación femenina), es fácil imaginar a las británicas firmando su carta de renuncia mientras tiran el ordenador por la ventana delante del jefe. Directas y punzantes, su actitud punk tiene humor y en parte es celebratoria, como vemos también en ‘Cuntology 101′, una canción de orgullo queer. Así que imaginamos que entre tanto cabreo, también disfrutan repartiendo. Ni bajan la guarda ni bajan de marcha. «Who Let The Dogs Out’ es una apisonadora con velocidad turbo. Un disco irreverente, de actitud punk, que trata de enjaular a todos esos perros que nadie desea encontrarse por la calle. [Màrius Riba]
18 – Jane Remover – Revengeseekerz
Tras nadar en las aguas del shoegaze y del post-rock de su anterior trabajo (e incluso de su LP de debut de este mismo año con el alias venturing), la artista de New Jersey da un giro de ciento ochenta grados con su tercer largo con el que retorna a las aguas digicore e hyperpop de su debut “Frailty”, sumando a la fórmula hip-hop experimental y diversas formas de música electrónica. Por dar nombre a esta amalgama, se podría considerar el término glitch-rage, porque este álbum es pura furia enérgica, sin margen para el respiro. En este caos experimental se percibe un método que ordena esta avalancha de bits sonoros de un trabajo totalmente DIY con una producción y colección de samples que son magníficas, bien reflejado en cortes como ‘Experimental Skin’ o una ‘Psychoboost’ que cuenta con el featuring de Danny Brown. Y entre tanto glitch, Jane narra con el lenguaje de su generación cuestiones como la evolución de su identidad, el conflicto interior, lidiar con la fama que le está llegando… Y así entendemos otro viaje recorriendo su mente con esta nueva muda en esta continua metamorfosis que es su corta pero prolífica trayectoria musical, y con la que se ha vuelto a adelantar a su tiempo. [Dan J. Marquess]
17 – La Dispute – No One Was Driving The Car
No One Was Driving the Car suena como un dedo hurgando en tu corazón, al mejor estilo Caravaggio: La Dispute mantienen su visceralidad, pero la elevan a un plano casi teatral. Dividido en cinco actos, el disco despliega un mosaico de personajes y voces atrapadas en un mundo gobernado por fuerzas inabarcables: capitalismo, tecnología, religión, crisis climática…Y, en el centro, Jordan Dreyer asume todo el protagonismo, narrando cada historia con una cercanía que duele.
Con guitarras que se levantan en oleadas nerviosas, voces que se quiebran con honestidad brutal y una dramaturgia que va de la furia post-hardcore a la intimidad más frágil, el álbum funciona como un espejo agrietado de la ansiedad colectiva, con canciones como Environmental Catastrophe Film, Self-Portrait Backwards o Sibling Fistfight… No One Was Driving the Car no solo retrata el caos del mundo moderno: lo siente, lo respira. Más que un disco, un recordatorio de que sentir demasiado sigue siendo un acto de resistencia. [Sebas Rosas]
16 – Ciśnienie – [angry noises]
En el Bandcamp / YouTube / redes de esta banda polaca se puede leer la siguiente nota: «Este álbum está diseñado para ser reproducido a alto volumen. Escúcha(d)lo al volumen más alto que puedas o te sea permitido». Y no mienten, pues este viaje catártico de prácticamente una hora mejora aún más en esas condiciones si cabe. Grabado en directo en su Katowice natal, esta conjunción de violín (a veces sonando a guitarra), saxofón barítono, bajo, batería y teclados reúne la faceta más atrevida de bandas como Maruja, Swans o Godspeed You! Black Emperor. Y de nuevo, hay que recalcar que estas cuatro canciones de noise/post-rock y jazz contemporáneo experimental son ruidosas, feroces y “estrangulantes”. Una sinfonía moderna de cuatro movimientos (de hecho, el primero de los cortes contiene motivos musicales pertenecientes a obras de I. Stravinsky y G. Holst) que aspira a expandir los límites establecidos del ruido en un arrebato violento, a la par que busca generar oscilaciones dinámicas en el sonido llevándolo hasta el absurdo… En otras palabras, “ruidos de enfado”. [Dan J. Marquess]
15 – Black Country, New Road – Forever Howlong
Por mucho que la partida de Isaac parezca lejana, no ha sido hasta este 2025 que Black Country, New Road se han decidido a lanzar un álbum de estudio como tal. Habíamos abrazado, no sin cierto pesar, esta versión 2.0 de la banda que ya lleva años rodando en vivo, pero la verdad es que los primeros dos singles dejaron un pelín de margen para la duda. ¿Y si esto se nos iba a quedar descafeinado? Por suerte, el tercero, el disco en conjunto y su posterior gira pusieron las cosas en su sitio: Forever Howlong es la perfecta destilación del renacer de la banda en su reverso luminoso, focalizando el protagonismo vocal en sus tres integrantes femeninas (excelentes Tyler, Georgia y May, teniendo claro que la técnica de ésta última está en otra liga), abrazando el barroquismo en el sentido más literal del término (poco clavecín se suele escuchar en el rock contemporáneo), y regalándonos auténticas maravillas como ‘For the Cold Country’ o ‘Nancy Tries to Take the Night’. El futuro está lleno de esperanza. No volveremos a dudar. [Pau Ortiz]
14 – Car Seat Headrest – The Scholars
Cuánto echábamos de menos a Car Seat Headrest. Tras cinco años de espera desde su anterior trabajo -uno que tampoco se prodigó particularmente en aquello que hace tan especial a la banda-, Will Toledo y compañía han vuelto con el que probablemente sea su álbum más ambicioso hasta la fecha: una ópera rock que liga la monumentalidad del imaginario cristiano a la intimidad de las relaciones paternofiliales; en esencia, dos expresiones de un mismo sentimiento. The Scholars nos presenta a un buen puñado de personajes en busca de la iluminación (“you can love again if you try again”), y desarrolla con el exceso por bandera un universo riquísimo, desde la sencillez devastadora de ‘Lady Gay Approximately’ a la complejidad catedralicia de ‘Getsemanehe’ o ‘Planet Desperation’. Lo más sorprendente es que, pese a lo intrincado del asunto, Car Seat Headrest hayan logrado volver a impresionarnos con su capacidad para aterrizar una y otra vez en estribillos redondos, catárticos y de enganche automático. Como los de los mejores himnos. [Pau Ortiz]
13 – Turnstile – Never Enough
La banda hardcore del momento regresa con un nuevo trabajo que bien podría entenderse como la continuación natural de Glow On, donde mezclan las guitarras propias del hardcore con sintetizadores y rozan el pop con un gusto exquisito. La evolución del grupo culmina en Never Enough, 14 canciones que actúan como un auténtico catalizador creativo, donde el tema homónimo se proclama como un poderoso himno de masas. Turnstile juega con la nostalgia y fusiona fuertes estribillos con estrofas luminosas, como en temas como “I Care” y “Seein’ Stars”, donde las guitarras se sienten ligeras y resaltan un brillo pop refinado. Los sonidos más contundentes se entrelazan con la voz potente de Brendan Yates, que nos guía desde el rock más visceral en “Sunshower”, “Sole” o en el ya icónico “Birds”, hasta su faceta más suave en “Light Design” o “Magic Man”. Los de Baltimore exploran otros géneros sin perder su esencia, verlos en directo es sumergirse en un caos maravilloso y dejarse llevar entre pogos interminables. Never Enough es también, una delicia visual, donde en cada videoclip plasman elementos oníricos con tonos suaves que construyen una coherencia estética elegante y misteriosa. [Fátima Conde]
12 – Maruja – Pain To Power
Parecía que no llegaría el día en el que habláramos del largo de debut de los ingleses Maruja. Los de Manchester han ido “posponiendo” este lanzamiento desde que en marzo del 2023 vivieran su breakthrough con la publicación de su EP “Knocknarea”, y así yendo a uno por año, han culminado en febrero de este mismo año una trilogía de EPs con “Tír na nÓg”, una magnífica grabación de una de sus sesiones de improvisación en su vertiente más post-rock. Esta sucesión de trabajos fue generando un crecimiento exponencial en las expectativas depositadas sobre el grupo, y quedaba por tanto ver si estaban a la altura de las mismas. Pues bien, se puede afirmar que Maruja han cumplido con su altísimo suelo, si bien han sido víctimas del vértigo de haber elevado dicho suelo a un nivel tan alto tal que les ha impedido llegar al techo que algunxs hemos imaginado que podían alcanzar con este primer LP: «Pain To Power». [Crítica de disco por Dan J. Marquess]
11 – Deftones – private music
private music suena como un recuerdo difuso que se hace carne: Deftones siguen siendo reconocibles, pero algo ha cambiado. La potencia de temas como my mind is a mountain o locked club trae de vuelta riffs densos y baterías que martillan, mientras que otros como infinite source, souvenir o departing the body expanden su paleta hacia atmósferas etéreas, shoegaze y viajes emocionales que hurgan en la mente de los de Sacramento. Resaltamos i think about you all the time – la mejor balada del año sin duda – Esa tensión entre lo brutal y lo delicado recuerda tanto al Deftones clásico como al lado más experimental que Chino ha explorado en proyectos paralelos como Team Sleep o Crosses.
El resultado es un disco que no busca nostalgia, sino resonancia. private music no reinventa la rueda, pero reconfigura su sonido: quizá la versión más madura y equilibrada del alma de Deftones. [Sebas Rosas]
10 – Anna Von Hausswolff – ICONOCLASTS
El neoclassical darkwave, una vez más, cuenta con un nuevo álbum de calidad intachable. Este sexto largo de la artista sueca muestra su faceta más accesible y luminosa, desde una perspectiva de art-rock. El órgano de tubos pasa a un segundo plano (si bien sigue conformando la columna vertebral de estas canciones, de una manera más sutil), en beneficio del saxofón, en ese estilo reminiscente de Colin Stetson (entre otros). Esta nueva visión en clave pop se nos presenta desde el principio, bien sea en su manifestación más sencilla y directa (‘Facing Atlas’) o en una larga montaña rusa de emociones (‘The Iconoclast’). Una vez da con la tecla, se permite ir y venir con respecto a su habitual refugio de oscuridad gótica a lo largo del tracklist restante, aprovechando en el camino para abordar las texturas y la creación de ambiente desde distintas perspectivas, a la par que golpea al oyente con varios ganchos adictivos. No lo hace sola, contando con algunas colaboraciones cuyo aporte resulta más decepcionante de manera proporcional a la fama de la persona en cuestión (imposible no fijarse en otra cosa distinta al vibrato cochambroso de Iggy Pop en ‘The Whole Woman’). En cualquier caso, es de admirar la capacidad de la de Gotemburgo de crear hits de (tan) larga duración como ‘Stardust’, ‘Struggle With The Beast’ (con su leitmotiv que también da arranque al álbum) o una intensamente emotiva ‘Unconditional Love’ (en la que participa su hermana, Maria Von Hausswolff). Si bien puede ser una iconoclasta con respecto al carácter sagrado de su sonido previo a este álbum, Anna von Hausswolff no se traiciona así misma a la hora de combatir el dogma del acortamiento de las canciones en esta era del streaming, siendo capaz de generar cortes de extensa duración que sean pegadizos, y además desde un enfoque más honesto. [Dan J. Marquess]
9 – Blood Orange – Essex Honey
Hay tanto que decir de este disco en tan poco. Blood Orange, es decir, Dev Hynes, nos trae otra obra maestra a la que vuelve a inyectar una nostalgia desbordante con una mano mágica. Lo hace desde todas las facetas posibles. En la instrumental, se vale de un sonido pulcro (como productor de primer nivel que es), un canto suave, alicaído, sentido, y una reformulación propia de géneros musicales (la lista es larga y el punto de partida nunca es concreto). En la lírica, le acompañan letras que escribe desde el dolor y la pena (alimentado por el reciente fallecimiento de su madre), y que anhelan volver al pasado. En la artística, no sólo se asocia con músicos como Lorde, Brendan Yates (Turnstile) o Tirzah para elevar todo ese semiento, sino que también está lleno de homenajes (más o menos explícitos) a iconos de la música, algunos de ellos pasados, como el gran Elliott Smith. Sirva el californiano de gancho para hablar del mejor tema del disco, ‘Mind Loaded (en colaboración con Caroline Polachek, Lorde y Mustafa), en la que resuena el eco de ‘Everything Means Nothing To Me’. El piano de ese tema se lo guarda en cambio para ‘The Last of England’, status quo de Hynes en la composición de Essex Honey: «No queda más remedio que irse«. Acabar este quinto disco sin haberse sentido tocado es casi imposible. Como el anterior, y el anterior. [Màrius Riba]
8 – TAGABOW – LOTTO
Lejos de ser un disco «friendly for all», TAGABOW se erige como un disco más que notable que marca nuevos horizontes rupturistas para los adeptos al shoegaze contemporáneo. Sin buscar un asedio de recursos electrónicos, el trabajo de los de Philly demuestra que se puede cautivar, y se puede sonar de forma bien fresca, recurriendo a distorsiones que generen auténticas tormentas eléctricas. La clave de su buen juego: el saber que aún a día de hoy TAGABOW continúan siendo reyes al sacudir a los oyentes con sus inquietantes cambios de tercio. En el girito está la salsa de «LOTTO». [Crítica de disco por Pablo Porcar]
7 – DJRum – Under Tangled Silence
Un caso rotundo de cómo hacer orgánica la complejidad por medio de una colección de muestras antropomórficas de electrónica y breakbeats. Así se podría resumir el tercer largo del DJ londinense Felix Manuel. Su formación como pianista, y la consecuente influencia de la música clásica académica, se perciben en este trabajo de identidad IDM que transita desde una mitad en clave ambient (oscilando entre IDM y el modern classical) a otra con factura de UK bass y hard drums, de espíritu techno. A lo largo de algo más de una hora conviven una compleja programación de baterías y percusiones (con un excelente uso de samples obtenidos de percusiones no-occidentales) con un conjunto de cuerdas integrado por piano, violines, arpa, o incluso kalimba, y ambos bloques se entremezclan en un mar de glitches. Ese toque “humano” en sus beats funciona a la hora de hacer imprescindible cualquiera de los elementos que componen este todo tan denso, detallado y cerebral, funcionando igual en cada uno de sus cortes de manera individual. En definitiva, obra de las que encabezan las vanguardias. [Dan J. Marquess]
6 – Agriculture – The Spiritual Sound
Siempre que unx se acerca al catálogo del sello independiente estadounidense The Flenser sabe que va a encontrar propuestas con intención, con un espíritu único. Sin duda este también es el caso de Agriculture. La banda angelina de black metal extático (término con el que definen su mezcolanza de post-black metal y blackgaze, entre otros estilos…) presenta su segundo álbum, “The Spiritual Sound”, con el que amplían en cierto grado su paleta estilística hacia otros sonidos dentro del metal mientras que reflejan la intensidad inherente en lo cotidiano, reivindicando la idea del propósito en las cosas que aparentemente carecen de él según convenciones socio-culturales. Solidifican en este nuevo LP su idea de anti-black metal: sustituir la fantasía por los entresijos del realismo cotidiano con carácter actual. [Crítica del disco por Dan J. Marquess]
5 – Ethel Cain – Willoughby Tucker, I’ll Always Love You
Tal vez la continuación natural que se esperaba de aquel ‘Preacher’s Daughter’ de 2022 pero con toda la influencia llena de oscuridad y matices góticos de su experimental ‘Perverts’ de principios de año. La unión perfecta de southern gothic, folk experimental y pop que se avanzaba al otoño eterno que la música de Ethel Cain genera a quien lo escucha. [Sergi Cuxart]
4 – Rosalía – Lux
La pregunta clave: ¿cómo se encaja la escucha de este álbum sucesor de «MOTOMAMI»? De entrada, de una forma excepcional en el sentido de que ninguna canción parece estar cortada por el patrón de la radiofórmula (lo mismo se dijo en su momento de la ópera rock de ‘Bohemian Rapsody’, así que ya veremos). Hay pocas conexiones musicales evidentes con sus anteriores obras: una base de flamenco a ratos imperceptible y una voz y una sensibilidad que, como diría Refree, se pueden catalogar de ‘Palabras Mayores’. Pero lo curioso de esta obra (y de nuevo excepcional) es que todo el contexto artístico predispone al oyente a una escucha activa y abierta, que poco a poco lo aleja de una expectativa concreta, y lo va acomodando en una butaca aterciopelada. Asistimos pues a una obra que propone liberar a una Rosalía atrapada por sus temores como por una camisa de fuerza. Y más allá de si consigue o no desquitarse de ella (es evidente que sí) está la cuestión de si «LUX» será una obra trascendental.
Independientemente de las creencias de cada uno hay un hecho que lo respalda y que se pronuncia en comunión: Rosalía se ha atrevido a desafiar y traspasar los rigores musicales que que hasta ahora conocíamos. Y por eso, desde luego, será recordada. [Crítica del disco por Màrius Riba]
3 – Geese – Getting Killed
Tendemos a usar el término «nuevo» con la mano muy suelta, pero en realidad no es tan fácil dar con la novedad, ni para el artista, ni para el oyente. En este sentido, que una mayoría escuche el cuarto disco de Geese y no se sienta del todo cómodo es la mejor de las noticias para el rock contemporáneo: estamos ante algo realmente diferencial. Quien haya escuchado cantar a Cameron Winter tendrá el mejor punto de partida para «Getting Killed». Un canto desacomplejado, una voz que conecta con muchas referencias iconoclásticas, pero que la escuchas y no hay fallo: es Cameron Winter. Suena clásico y moderno, sereno y pirado a la vez. Celebra a toque de trompeta y al mismo tiempo amenaza (y cumple) a punta de pistola cargándose todos los esquemas. [Màrius Riba]
2 – Chat Pile, Hayden Pedigo – In The Earth Again
Oklahoma repite juntando lo mejor de dos universos, primero fue la hamburguesa con cebolla a la plancha y ahora la impredecible unión del ruidismo de Chat Pile con la calma acústica de Hayden Pedigo. Un disco que une dos extremos que sobre el papel no deberían funcionar pero que en esta unión de poder encajan a la perfección. La delicadeza del fingerpicking de Pedigo con la estridencia sonora de Chat Pile, paisajes ambientales y sentidos, machacados por la presión sonora barítona y la distorsión. Una conversación constante y en tensión entre dos mundos que al final resulta que hablan el mismo idioma. [Sergi Cuxart]
1 – Deafheaven – Lonely People With Power
Debe ser difícil probarse continuamente como banda cuando se alcanzan cotas de reconocimiento que pueden llegar a redefinir el panorama de las escenas a través de las cuales un grupo o conjunto de artistas discurre. Especialmente cuando se traduce en una presión externa por rememorar los ecos de dichos éxitos pasados. Los californianos Deafheaven sufrieron con su álbum anterior «Infinite Grain», debido a su práctica deriva estilística hacia sonidos shoegaze y post-rock, el desprecio no solo de aquellos simpatizantes fieles a la pureza en el black metal que rechazaron la concepción del blackgaze, sino también de aquella gente que aupó a la banda en su exitoso segundo álbum «Sunbather», considerada hasta la fecha por consenso la obra cumbre del subgénero. No siempre es fácil volver a contentar al público presente en los mejores momentos. Pues bien, George Clarke y compañía han decidido sacar de dudas a fieles y escépticos con su nuevo y sexto álbum «Lonely People With Power«. Además de volver a alinear en mayor medida los canales de overdrive de sus amplificadores, los blast-beats y el fry-screaming, la banda consigue captar los mejores aspectos de cada uno de sus discos previos y unificarlos de una manera genuina y revitalizada, sin salirse del camino de la continua reinvención.[…]
Deafheaven dan un golpe sobre la mesa con «Lonely People With Power». Vuelven a demostrar que es posible canalizar el dolor de una manera artísticamente original, y han dado con la clave para aunar los highlights de su discografía en un solo proyecto que le mira de tú a tú a su obra cumbre. En una reflexión sobre identidad, impotencia y memoria, han conseguido de paso dar con las claves de sus propias ideas y así añadir una nueva capa de solidez a su identidad. Sin lugar a dudas, el mejor disco del 2026. [Crítica del disco por Dan J. Marquess]





