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[Crónica] Jeniferever (Sala Apolo 2, 30 abril 2011)

Pasada la medianoche el trío Her Only Presence subió con prisas al escenario, sin apenas probar sus instrumentos. Pero sonó genial, muy potente. Los de Barcelona presentaban, una vez más, su nuevo largo, You’re Never Back, con un rácano pero intenso repertorio como ya es habitual. Corto, muy corto. Como me dijo el propio Luis Cifre en cierta ocasión sobre sus bolos, “si pestañeas, te pierdes medio concierto.”  Y la verdad es que te dejan con ganas de más. Porque su disco suena de lujo, pero el directo de Her Only Presence es otra cosa. Idéntico en esencia, con una sola guitarra pero con más sangre, sin trucos ni efectos pero con una ejecución honesta, visceral y directa.

Las baterías de Rafa Rodríguez retumbaron en el estómago como nunca, con un punto de mala leche especial. Las líneas de bajo de Víctor Jiménez, muy pegado a su compañero en la sección rítmica, sonaron de lujo y estremecieron casi tanto como los momentos gritones de Luis Cifre, un artista con algo especial, un nosequé que te desarma. En otras palabras: otro buen concierto de los Her Only Presence. Otro, sí, pero muy especial sobre todo para Cifre, alma mater del grupo, quien lleva a los suecos Jeniferever grabados en su piel, tatuados en su muñeca derecha.

Los de Uppsala formaron Jeniferever en 1996, cuando todavía eran unos auténticos púberes. Ahora no son mucho más viejos pero tocan de narices. Los creadores del recordado Choose A Bright Morning demostraron estar muy rodados y un total dominio de la situación, a pesar de ciertos problemas de sonido solucionados con diligencia por la técnico del grupo.

Su bella y dolorosa propuesta, con atmósferas envolventes y paisajes sombríos, hizo pensar en un cruce genético entre Last Days of April, Mogwai y The Cure, excepto en momentos más poperos y bailables, luminosos como ‘Waifs And Strays’ y ‘The Beat Of Our Own Blood’, extraídos de la primera parte de su nuevo álbum, Silesia, publicado por Monotreme el pasado 2010

Su puesta en escena es inexistente. Sus caras, sus gestos, movimientos, transmiten más bien poco. Puedes cerrar los ojos y el efecto de su música será incluso mayor. Y es que los introspectivos Jeniferever no se comunican con el público, ni están preocupados por las poses molonas, desmelenes y demás clichés propios del imaginario rock. Jeniferever, concentrados y contenidos, prefieren vivir la música en directo de otra manera y que sea la música la única catalizadora de las emociones.

FOTOS:  MARTA MORILLO y PEDRO ÁLVAREZ (@desaparezcaaquí)

Luis Benavides

2 comentarios

  • Supongo que si apuestan por la sobriedad será con sus razones pero tras escuchar el disco si me lo imagino en una sala un poco grande con una buena pantalla de apoyo me resulta facil creer que las emociones de su repertorio ganarian con proyecciones acordes.
    Quizá no lo hagan por cuestion de presupuesto…

    un saludo
    xabier
    desde la ganzua

  • Gracias Xabier por comentar!!
    Totalmente de acuerdo: un vj daría mucho mucho juego !!
    Pero como digo en la crónica, tocan tan bien que lo mejor es limitarse a escuchar … con los ojos cerrados si hace falta jajaja
    Abrazos

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