Entrevista

[Entrevista] Bart Layton: “Las canciones de los setenta tienen cierto sentido de permanencia”

Conversamos con el director de "American Animals" en el Festival de Sitges

entrevista bart layton

En Binaural no sólo nos ceñimos estrictamente a lo comprendido dentro del circo musical. También hay puntos muy concretos de nuestro “timeline” vital en los que la ocasión merece abrir un paréntesis temático, con el único fin de explorar otros mundos artísticos, otras fronteras contextuales. Sitges Festival fue aquel “kit kat” que nos permitió respirar temporalmente fuera del territorio delimitado dentro de los límites del cuarto arte.

Es en ese continente cinematográfico, y concretamente en dicha localidad catalana, donde dimos con nuestro protagonista del día. Él es Bart Layton, realizador cinematográfico encargado de dirigir dos de los híbridos entre thriller y documental más cautivadores de los últimos años. “El Impostor”, su impecable carta de presentación, nos sumergía en la surrealista historia vivida entre España y Estados Unidos por Frederic Bourdin, un hombre entregado al embuste de los pies a la cabeza. Por otro lado identificamos “American Animals”, notable film de suspense centrado en el torpe atraco perpetrado por cuatro ilusos teenagers en una biblioteca de la Universidad de Transilvania (Kentucky).

A principios del pasado mes de octubre nos citamos con Bart en el acogedor patio del hotel Melià Sitges. Con el británico desgranamos el origen de la historia expuesta en “American Animals”, y a su vez comentamos la fabulosa banda sonora que acompaña su lanzamiento. Bonus track: el cineasta, de forma aparentemente exclusiva, nos confesó que ha rechazado el cargo de director en la próxima entrega de la saga de James Bond (“el proyecto no estaba hecho para mí”). 

Tu primer gran film (“El Impostor”) era un documental con estética de thriller. Ahora con “American Animals” nos encontramos con un thriller aliñado con formalismos de documental. Vamos, el caso opuesto ¿Tenías en mente la idea de utilizar este formato en tu segundo gran largometraje incluso antes de dar con la historia en la que se basó?

No, la historia siempre es lo que llega primero. La historia siempre ha de ser el punto de partida. La gramática, o las formas, se gestan a partir de eso. Esta es una trama sobre unos chicos perdidos en la vida que buscan hacer algo para crear su propia identidad. Casi como si quisiesen vivir dentro de una película. Mi idea pasaba por intentar encontrar una forma de hilar el film en la que se mostrase su descenso hacia una fantasía. Empezando desde un paraje natural y real, y a medida que ellos van sumergiéndose en la fantasía, nosotros nos vamos perdiendo en la película.

No es un documental. No es una película. Es una mezcla. Pero tiene ese elemento propio de un documental. Aquel telón de fondo en el que sabes que esa historia es cierta de una manera u otra. Pase lo que pase lo sabes. Por eso decidí introducir las voces de los protagonistas reales de la historia. Porque si las introducía, la experiencia iba a ser similar a la experimentada al ver un documental. Todo vino a partir del punto en el que escribí a los tíos “reales” cuando estaban en prisión…

¿Aún estaban en prisión cuando empezaste a trabajar en el proyecto?

Sí.

¿En qué año te empezaste a cruzar cartas con ellos?

Probablemente era 2012 o 2013. Pero no empecé a escribir el guión hasta que supimos a ciencia cierta que teníamos los derechos y la habilidad para llevarlo a cabo. Se publicó en su momento un gran artículo en Vanity Fair sobre el tema, y alguien en Hollywood pagó una gran suma de dinero para tener la opción de hacer un film. No fue hasta unos años después que ya estaba seguro de que podía explicar la historia. Basé el guión en el contenido de esas cartas.

¿Sin la aportación ante una cámara de las figuras reales hubieses desestimado la posibilidad de hacer esta producción?

Sin eso no lo hubiese hecho. Porque la historia hubiese sido más ordinaria. La audiencia me hubiese dicho de todo. “Ah, los has hecho simpáticos, inteligentes…”. Cuando ves a los tipos de verdad creo que esa pequeña historia se convierte en algo más relevante.

Los testimonios de los chicos difieren tanto entre sí que es imposible evitar pensar en lo difícil que debió ser para ti el rodar la película. ¿Existió alguna escena que se te hizo especialmente difícil de grabar por este conflicto de versiones de una misma historia?

En muchas me pasó esto de que recordasen el mismo suceso de formas bien diferentes. Como dramaturgo tienes que elegir bien qué versión es la que escogida a la hora de narrar la historia. ¿Cómo se dice “unreliable” en español”?

Mm… ¿Testigo poco fiable?

(me contesta en español) Sí. Como que los testigos no son fiables. Y además…

No me esperaba que hablases tan bien español, la verdad. ¿Has vivido aquí?

(risas) No, he estado de vacaciones por Almería. Por ahí. Sobre lo que decíamos: tenemos testigos que no son fiables. Pero además la memoria tampoco lo es. Así que he elegido dramatizar las dos versiones diferentes. Porque aunque la historia es real, las personas que la cuentan no acaban de saber del todo lo que llegó a pasar. Y lo más interesante es que ahora, cuando vean la película, la historia dramatizada empezará a reemplazar sus propias memorias.

En gran medida creo que en la dramatización a la hora de conseguir ese efecto asunto ayuda, y mucho, la gran banda sonora de Anne Nikitin. Ella ya había trabajado contigo en “El Impostor”. ¿Qué te motivó a volver a trabajar con Anne?

Cuando tienes grandes oportunidades creo que es importante intentar mantener un equipo. Al tener mucho dinero es fácil intentar trabajar con “nosequién” pero ella tiene un talento increíble. Y además tiene un repertorio grandísimo. Sabe componer con orquestas, música electrónicas, con guitarras… Tiene un rango muy amplio de recursos. Yo quería que la banda sonora de “American Animals” reflejara las etapas diferentes de la planificación del atraco. Anne supo imprimir esa textura orquestal necesaria cuando empiezan a plantearse las bases del robo. Y también representó óptimamente los momentos que se sienten más incómodos en la película.

Aparte de esto cada uno de los personajes del film requerían de un tema propio. Uno es un personaje que suele estar enfadado, otro es un artista, otro es algo así como el chico popular del instituto… Ella compuso estas piezas con la London Contemporary Orchestra, la misma con la que trabaja Jonny Greenwood en sus scores para los films de Paul Thomas Anderson.

¿Ella también trabajó con esa famosa orquesta en “El Impostor”?

No, en esa ocasión colaboró con la London Symphony Orchestra.

Interesante. Al margen del score instrumental también identificamos una potente banda sonora compuesta por bandas y artistas de todo tipo. Me llamó la atención la inclusión de ‘Hurdy Gurdy Man’, clásico corte de Donovan que adquirió vida propia en “Zodiac” de David Fincher. ¿Qué fue lo que te llevó a escoger este tema para la BSO?

La verdad es que siempre tratas de evitar utilizar canciones que se han utilizado en otros largometrajes. Pero al mismo tiempo quieres presentar temas que estén vinculados a la emoción representada en una escena. Para mí ‘Hurdy Gurdy Man’ tiene ese punto extraño requerido en la escena en la que el personaje viaja a Amsterdam. De hecho “American Animals” es una película de gente queriendo vivir dentro de películas. Utilizamos el tema de “Ocean’s Eleven” pero fue de forma muy consciente. Hacemos referencias directas a otras producciones.

Siempre suelo gravitar alrededor de la música de los setenta. Porque sus temas tienen cierto sentido de permanencia.

De hecho recuerdo que recuperaste algún tema de David Bowie en “El Impostor”.

Sí. Tienen una calidad que no va a encontrar fecha de caducidad. Son totalmente atemporales.

Pablo Porcar
el autorPablo Porcar
Fundador y editor de Binaural.es. Llevo ocho años escribiendo sobre música alternativa para esta web, y también colaboro puntualmente en la revista nacional Rockzone . Amante del folk, rock alternativo y el indie en general. Twitter | @pabloporcar

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