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[Entrevista] Rodrigo Cuevas: «Cuando algo queda demasiado artificioso deja de gustarme»

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Hay propuestas que de entrada, tras un primer impacto, pueden llegar a asustar; no siempre es fácil adaptar el oído a según qué tipo de sonido, sobre todo si va acompañado de una puesta en escena cuanto menos arriesgada. Es el caso de Rodrigo Cuevas, quien con su nuevo álbum, «Manual de Cortejo» ha hallado ese hueco que merece en la escena actual, una fortuna de imaginario tradicional llevado a la actualidad de un modo virtuoso. Lo antiguo y lo nuevo, lo símbolos de esa identidad que los pueblos van invocando con su folklore, así como los elementos que conforman nuestro día a día se dan la mano en quince cortes que conforman un disco conceptual, complejo, profundo y cargado de matices e influencias.

Muy pocas veces tenemos el lujo de toparnos con algo que no suene a nada, y Rodrigo Cuevas suena nada más que a Rodrigo Cuevas:

El folklore es común a todos los pueblos, cada uno desarrolla el suyo propio y esta identidad trasciende a las distintas épocas, ¿crees que fusionar el folklore con el mainstream puede ser la clave para evitar perder esta conexión con nuestra identidad?

Sí, supongo que sí: sobre todo es la clave para que siga vivo. Cuando las lenguas están vivas se producen vulgarismos, surgen dialectos, jergas… Cuantas más variantes haya más cambios, y esto en el folklore se da del mismo modo que en otros estilos musicales; cuanto más lo usas, ya sea para hacerlo más puro, más transgresor, darle media vuelta, lo que sea, cantándolo en tu día a día, en una fiesta, más vivo va a estar. Es la forma de que llegue al futuro, creo yo.

Esa mezcla de humor, cabaret, toda tu puesta en escena, ¿en qué momento de tu vida surge la idea de llevar este tipo de música al espectáculo? Supongo que el folklore siempre estuvo ahí, pero ¿en qué momento lo llevas a las tablas?

No te creas, no es que tuviera el folklore entre mis músicas más prioritarias, yo estudié piano clásico, luego me metí en el mundo del cabaret, y en ese punto fue en el que descubrí el folklore. Empecé a tocar la pandereta y a cantar como con veintidós años, y me fascinó muchísimo, y como venía haciendo otras cosas, como el cabaret o la copla, de hecho tenía un dúo que se llamaba La Dolorosa Compañía, en Galicia, hacíamos un rollo más cabaretero, algo así como copla punky, y continuando con esto que se inició con Dolorosa Compañía fui tirando hacia el folklore, supongo que ese fue el origen de la mezcla. Ahora el cabaret lo tengo un poco más en segundo plano, sobre todo en el espectáculo nuevo; ya no es tan cabaretero, ahora es mucho más folklórico.

«Manual de Cortejo» da un buen repaso al folklore norteño, por temas como ‘Muiñeira para a Filla Bruxa’ podemos intuir que tu estancia en Galicia fue productiva.

Estuve ocho años viviendo en Galicia, allí fue donde descubrí el folklore más real. Sí que había escuchado discos y alguna cosa, pero de repente me vi viviendo en un pueblo en Pontevedra, y tenía unas vecinas pandereteiras, así que empecé a tocar con ellas y descubrir de verdad lo que era el folklore; por decirlo de algún modo, empecé a empaparme de la cosmovisión tradicional y de la música tradicional, tanto en lo referido al canto como a la percusión. Está claro, a Galicia le debo moitísimo, siempre estará en mí.

Hoy que los ánimos andan caldeados, y todo el mundo se ofende a la mínima, ¿en alguna ocasión se ha pretendido tachar tu propuesta de irrespetuosa?

Sí, en algún momento tuve algún hater de este tipo, pero la verdad es que no fue durante demasiado tiempo y claro, como tampoco les hago mucho caso yo creo que se cansan pronto (risas). En general me siento muy querido.

¿Te consideras un investigador de la música?

Sí, a ver, no soy un folklorista al uso, no me dedico a grabar, eso ya lo hace otra gente de un modo mucho más exhaustivo que yo, pero sí que intento profundizar mucho en los cancioneros tradicionales, buscar grabaciones antiguas, tengo muchos amigos que sí que se dedican a recoger material de campo, grabar, buscar nuevos bailes, canciones… La verdad es que investigo mucho para lo que hago.

No he podido evitar toparme con ciertas conexiones con otros artistas al escuchar este último álbum; lo mismo me ha ocurrido al ver otros contenidos relacionados, como por ejemplo videoclip o portada. Estas conexiones oscilan entre Rosalía y Arca, ¿se me está pirando?

Bueno, sí que citas a artistas a los que tengo muy trillados, les escucho mucho, Arca sobre todo. Podría ser que exista cierta influencia, al fin y al cabo son artistas que me gustan mucho. Concretamente la portada del disco se inspira en Los Diablos de Luzon, un festejo propio de Luzon, un pueblo de Guadalajara, en el que se tiñen así los cuerpos de negro y salen como si fueran choqueiros. La inspiración viene de ahí.

Con respecto al videoclip de ‘Muiñeira para a Filla Da Bruxa’, con esa puesta en escena tuya tan de antes y a la vez tan de ahora, me llama la atención, yo que también soy de pueblo, que se mantienen los elementos propios de sus gentes, tales como la forma de vestir, costumbres, presencia; ese aura tan natural y maravillosa que al ser evocada en otras propuestas suelen maquillarse con elementos mainstream o vulgares referencias a la moda.

Yo creo que la diferencia aquí es que para un videoclip de Rosalía, por ejemplo, se invierten igual cien mil euros (risas), entonces es como todo mucho más producido y más artificioso. Además la gente que aparece en este tipo de videoclips son bailarines profesionales, gente que ha pasado por un casting; yo llamé a amigos míos: la parte de la rula y la lonja son gente de la lonja de verdad; la parte del principio, la del baile tradicional, son personas del baile tradicional; las personas que aparecen como veraneantes, también son gente del pueblo, muchos amigos míos, igualmente. Es todo muy de verdad (risas).

Podría decirse que la naturalidad es la que trae consigo esa frescura que desprende el videoclip.

Claro, te lo crees porque no te queda más remedio, ya que es de verdad (risas).

¿Ha sido algo premeditado? Me refiero a que si en algún momento buscaste esta naturalidad, no artificializar, por así decirlo, a toda esta gente que compone tu entorno inmediato.

Bueno, sí, a mí me encanta que la naturalidad sea real, cuando algo queda demasiado artificioso deja de gustarme. Me gusta buscar esa autenticidad, la de verdad, no la impostada. Vivimos en un sitio tan auténtico que pretender impostar esa realidad supondría perder mucho.

Siempre reivindicas lo rural frente a lo urbano; con respecto a esto, ¿consideras que ese pensamiento tan típico de que para ser moderno y transgresor, y lograr innovar, hay que vivir en una gran ciudad, entre clubs y fiestas chic, es lo verdaderamente obsoleto?

Vivo en un pueblo y siento que esto es mucho más inspirador. Me siento más libre en la aldea en la que vivo, en la que somos ocho habitantes y estoy en medio del bosque, con la naturaleza, la montaña… Creo que eso es lo que me inspira y lo defiendo a muerte. También creo que se da una pérdida de muchas cosas con la despoblación, no es solo un problema económico, también cultural y de patrimonio. Intento defender esto porque creo que es lo más valioso que tenemos.

Con respecto a los temas de «Manual de Cortejo», ¿sueles buscar la inspiración en las temáticas tradicionales del folklore de cada región, o surgen en base a tus propias vivencias, experiencias, aquellos momentos que te han llevado a sentir ciertas cosas?

Voy un poco por los dos caminos. Siempre busco temas tradicionales que me parezcan interesantes en cuanto a melodía y ritmos; también busco letras, pero muchas de ellas son mías, y muchas veces las mezclo con letras tradicionales de modo que no se sabe qué parte es tradicional y cuál no… La inspiración viene un poco dada por cosas que me han pasado y que me pasan, y también por canciones tradicionales que me emocionan, que consiguen conmoverme, o de historias que escucho, como por ejemplo la de Rambalín… Muchas veces son cosas que leo y a las que me apetece dar voz.

¿Nos podrías hablar un poco más de Rambalín?

Rambal fue un personaje que vivía en Gijón, en Cimadevilla, el barrio más popular de la ciudad, un barrio de pescadores que sufrió múltiples centrificaciones en los ochenta, con la droga y la prostitución, luego se convirtió en un barrio de fiesta, ahora es más bien un barrio hípster, con casas carísimas… Rambal vivió allí en la época de Franco, de hecho nació en el veintinueve y murió asesinado en el setenta y seis, y llegó a convertirse en un emblema del barrio; se travestía, hacía shows en la calle y en la plaza, se los preparaba mucho, además solía ir todo el barrio a verle; un ejercicio de la libertad tremendo en una época en la que no era nada fácil ser libre. Consiguió vivir como él quería, y lo mejor es que todo el mundo le adoraba, era un personaje súper querido en el barrio.

¿Quién se ha encargado de la portada del disco? La imagen es desgarradora, la primera vez que la vi me llamó mucho la atención: no sabía si estaba ante un disco de metal, rap, electrónica… Lo último que imaginé es que sería de folklore.

Corre a cargo de Ricardo Villoria. Todo fue obra de él: la idea, la fotografía, el maquillaje.

Le va muy bien al disco, es una gran portada.

Sí sí, me quedé encantado.

Portada de «Manual De Cortejo»

Me gusta preguntar en todas las entrevistas por las referencias del momento de cada artista; en esta línea, ¿me podrías decir algún nombre de músico, banda o lo que sea del ahora en España que te guste?

Pues mira, a mí me gusta muchísimo Mercedes Peón, de toda la vida…, vaya, desde que la conozco, quiero decir. También me encanta Maria Arnal i Marcel Bagés… Me gusta mucho Califato 3/4, Niño de Elche… también me gustan M.I.A, FKA Twigs, Arca. Escucho mucho cancionero tradicional; todos los discos que tengo en el coche son de señoras cantando y tocando la pandereta.

Esto que acabas de decir, como que ahora se empieza a escuchar con mucha naturalidad, pero no hace tanto la gente se mostraba un poco reticente a expresar este gusto por lo tradicional con la seguridad y pasión que merece.

Pues a mí me gusta mucho, es así.

Ya para finalizar, cuando se viralizó tu propuesta, ¿en qué momento dio el salto del mainstream al arte? Me refiero al hecho de que se te considera un artista como la copa de un pino, nada que ver con típicas propuestas que destacan por descabelladas y estrambóticas pero que finalmente se ofrecen vacías y meramente… eso: mainstream.

Pues esto ocurrió muy poco a poco, creo que hasta que no lancé este disco realmente no se me empezó a tener en consideración. Creo que en los espectáculos sí que era capaz de hacer llegar a la gente la profundidad de mi trabajo, la historia que había detrás, pero solamente alcanzaba a esta gente que asistía a mis shows; por internet, por medio de los videoclips y las imágenes, había mucha gente que creía que todo esto era simplemente un chiste. Tenía muchas ganas de expresar esto en el disco, el hecho de que en realidad esto es muy serio, aunque yo haga bromas por el medio; creo que el humor es la mejor forma de hacer llegar las cosas serias, pero hay gente que no lo entiende así. Gracias a este disco se me considera lo que yo debo ser.

En sintonía con esto, me encantaría saber tu opinión acerca de esto de la apariencia y las formas en el cabaret y el transformismo, dado que tras este tipo de shows hay un trabajo y un talento innato, pero mucha gente opina que simplemente es mamarracheo y absurdez.

A ver, sí que es cierto que hay mucho mamarracheo, además ahora hay como un boom del transformismo, del petardeo en general, y cansa porque muchas veces realmente no hay nada detrás de ciertas propuestas artísticas; no obstante, en otras muchas ocasiones el mamarracheo y la petardada lo que esconden es mucha inteligencia y doble sentido; esto, lo del doble sentido, es muy propio de la música tradicional. Se me ocurre por ejemplo Hidrogenesse, un grupo que parece que canta sobre tonterías pero que en realidad esconde muchas cosas detrás. Creo que hay mamarracheo que esconde una gran profundidad, y otro que no puede ofrecer más de lo que ves, y que también está bien (risas).

Fotografías: Marcos Hangar

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