2016

Los mejores discos internacionales del 2016

mejores discos 2016

05 – Radiohead – A Moon Shaped Pool

radiohead a moon shaped pool
«Esta vez, en vez de seguir hacia adelante, se han parado a contemplar la carretera. No ven nadie detrás. Han ganado. ¿Para qué correr? ¿Por qué no disfrutar el camino? Quizá por eso retoman ideas que dejaron esparcidas como semillas (‘Burn the Witch‘ nació en 2002), dan forma a un gran tema de Thom Yorke en solitario (‘Present Tense’), graban otras que ya desvelaron en la gira de 2012 (‘Identikit’, ‘Ful Stop’) y finalizan el disco con una joya para fans acérrimos largamente esperada: ‘True Love Waits’. Suena sospechosamente a atar cabos sueltos…«. Carlos Forjanes. Crítica del disco.

04 – PJ Harvey – The Hope Six Demolition Project

«Con «The Hope Six Demolition Project» Pj Harvey parece brindarnos la secuela más lógica del robusto «Let England Shake» editado en 2011. Aunque en esta ocasión la británica ha rebajado, y prácticamente eliminado, el tono «upbeat» mostrado en ‘The Last Living Rose’ y ‘The Words That Maketh Murder’ para reflejar la cara más áspera, sombría y madura de aquella propuesta que evolucionó de forma patente cinco años atrás. Los inquietantes coros cobran mayor protagonismo en una obra de ambientación tétrica, y textura carnosa, que brilla especialmente en una composición, ‘River Anacostia’, que describe con formas sonoras un grisáceo celaje crepuscular. Uno de los grandes discos del año, y sin duda uno de los mejores de la dilatada trayectoria de la de Yeovil». – Pablo Porcar.

03 – Nick Cave & The Bad Seeds – Skeleton Tree

nick cave skeleton tree
«A lo largo del álbum se nos pone en el lugar de diversos personajes -o desdoblamientos imaginados pero sentidos del propio Cave- y sus relaciones consigo mismos, con otros y con el mundo, pero no se nos cuentan historias particulares, sino que se da rienda suelta a un impactante torrente de imágenes concretas y sentimientos abstractos. Por poner un ejemplo, si ‘Jubilee Street’ o ‘The Ballad of Robert Moore and Betty Coltrane’ eran prácticamente novelas negras hechas canción, ‘Magneto’ bien podría representar las visiones que se le pasarían por la cabeza a uno de sus protagonistas en una noche de insomnio. Lo que más destacable resulta es que, pese a lo poco narrativo de las letras, sus reflexiones sobre el amor, el desencanto de lo divino, la pérdida y su aceptación quedan impactantemente retratadas, y, con el duelo como filtro a través del cual se reinterpretaron en estudio, contribuyen a ilustrar una lectura de la experiencia de vivir tan descorazonadora como bella«. – Pau Ortiz. Crítica del disco.

02 – King Gizzard & The Lizard Wizard – Nonagon Infinity


«Las composiciones de este trabajo valen la pena y más. ‘Robot Stop‘ y ‘Mr. Beat‘ parecen experimentos de música y sexo al aire libre, te empujan hacia un universo profundo con elementos de los sesenta sencillamente alucinantes. Las guitarras como bisturíes en ‘Gamma Knife‘ erigen una oda al headbanging que te deja sin aliento y te saca el corazón por la boca. ‘People-Vultures‘, primer single del disco, posee un groove tan lleno de capas tectónicas que de vez en cuando te dejan ver la lava que habita en el fondo.

Por su parte ‘Evil Death Roll‘ y ‘Invisible Face‘ cuentan con la alegoría espacial de un viaje de ayahuasca al centro del desierto australiano. Cierra la obra la rocanrolesca ‘Road Train‘, con una base de percusión magistral, de galera y bastón a tope de potencial y un bucle infinito tan poderoso como adictivo.[…] Nonagon Infinity está al borde de lo extraterrestre, amenazándonos a los mortales con su descarga eléctrica, metiéndose en nuestros sentidos y tomando el control completo de nuestra mente para flotar durante 41 minutos«. Sebastián Rosas. Crítica del disco.

01 – David Bowie – Blackstar

«Lo que en ‘The Next Day’ eran canciones mayormente musculosas que asumían y propulsaban un legado atemporal, aquí Bowie nos presenta parajes más oscuros, texturas más extrañas y mensajes más crípticos cuando la inspiración acompaña, marcados por la crónica, la muerte, y algún concepto sexual que aparece de súbito, casi como un fallido acto freudiano. A la vez, Bowie se dirige a algún lugar que todavía no conocemos, nos sitúa por primera vez en muchos años en la tesitura del punto de incomprensión, que hastía el disco en algunos picos, cuyos ingredientes no terminan de romper los moldes.

Vuelve al laberinto al que tantas veces se ha adentrado, esta vez con la compañía de un cuarteto de jazz-rock neoyorquino, Donny McCaslin Quartet, que funde sus dinámicas y sonidos en el magma creativo de nuestro protagonista. Solos de saxo virtuosos y palpitantes bajos. Un sentido de abandono e improvisación recorre el álbum, que en algunos momentos confía demasiado en arreglos que distraen de la portentosa materia prima. James Murphy también aparece, sin un rol muy definido, alrededor de percusiones y sintetizadores, que deben mucho al dúo Bowie-Visconti en sus tiempos de Berlín» – Nil Rubió. Crítica del disco.

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