2019Destacados

Los 50 mejores discos de 2019

mejores discos 2019

10 – Kate Tempest – The Books Of Traps And Lessons

En ‘Thirsty’, tema introductorio de «The Book Of Traps And Lessons», detalla que, con el corazón bien fracturado, Kate Tempest se encontraba «vomitando memorias» en una lóbrega calle. Sin perder un estilizado norte, ese es el modus operandi que impera en su espléndida nueva referencia discográfica. Alardeando de una madurez envidiable, la de Westminster invita al oyente a sentarse en su regazo, y susurrándole al oído, esta alquimista emocional consigue sumergirle en un mundo de desengaños, de rebelión y, especialmente, de (recién asumida) libertad. Uno en el que se identifican patrones cuál Matrix «millennial version» y en el que el relato consigue anclarse de una milagrosa manera en el receptor mediante un refinadísimo (y algo renacentista) envoltorio musical digno de Champions League. En resumidas cuentas: un spoken word para gobernarlos, y engancharlos a todos» – Pablo Porcar.

9 – Lana Del Rey – Norman Fuckin’ Rockwell

«Lana del Rey lleva casi diez años construyendo un imaginario personal y artístico sin duda sólido y muy reconocible que bebe de todos los grandes tópicos americanos y en el que ella misma ha tenido problemas en encajar, por ser a veces demasiado limitativo, por frívolo, porque no se puede contentar a todo el mundo. Pero encontrándose disco a disco más a sí misma, dejando ver en cada uno y a través de una tímida ascensión una nueva faceta de la auténtica Lizzy y plantándole cara al propio personaje que se le fue de las manos tras el infravalorado «Born To Die» que supuso seguramente el principio y el fin de todo lo que Lana tenía planteado. La propia cultura de la que es deudora la había devorado. Pero “The culture is lit and I had a ball”, canta en ‘The Greatest’. Precisamente ahora, cuando todo se ha venido patas arriba, o abajo, el caos sirve para reconducir el mensaje de Lana del Rey y lo que antes era una frívola melancolía ahora es verdadera nostalgia. América ya no es lo que era, y merece la pena soñar con la idealización del sol en California, con las colinas de Hollywood y con la nostalgia de la metamórfica urbanidad de Nueva York. Pero también reflexionar sobre su propia personalidad y carrera en unas letras sinceras y certeras que la exponen más vulnerable que nunca, pero también más poderosa y relevante, reconociéndose víctima de un sistema patriarcal y de una forma naturalmente aceptada de juzgar y sexualizar a las mujeres, pero sobre todo víctima de sí misma por aceptar quizá entrar en ese juego.

You took my kindness for wickness / I fucked up, I know that but Jesus / Can a girl just do the best she can?”, canta en la concreta y descomunal “Mariners Apartment Complex”, que viene sucedida en la narrativa del LP por una ‘Venice Bitch’ que representa muy bien todo lo que supone este disco, para nosotros y para la misma Lana. Un single de diez minutos que desparrama una hipnóticamente monótona psicodelia entre melodías perfectas, ácidos pero sutiles guitarrazos y un sintetizador que parece simular un theremin. La composición mano a mano con Jack Antonoff, mejor productor de pop del planeta y responsable de discazos como Melodrama, Masseduction o Lover, ha sido fundamental para permitir a Lana Del Rey encontrarse consigo misma, sin limitaciones ni complejos. Ni esa vieja obsesión que la ha perseguido tantos años y que ahora termina resultando una pequeña ridiculez. “We were so obsessed with writting the next best American record”. No es algo que se plantee uno escribir una mañana, es algo que sale solo cuando se interioriza una cultura. Y al final aquí lo tenemos, the next best American record, un disco que bebe tanto de como continúa esa historia que antes escribieron Steinbeck, Dos Passos, Billy Joel, Tom Petty, Elton John, Fleetwood Mac, Cindy Lauper, Leonard Cohen, Neil Young, Crosby, Still y Nash, la Creedence, los Beach Boys y en concreto Dennis Wilson, Joni Mitchell, Sublime (a los que versiona en “Doin’ Time”, la única canción que se sale de la linealidad clásica del disco y que no está producida por Antonoff), Jeff Buckley, Janis Joplin, Ritchie Valens, Otis Redding, Dusty Springfield, Spiritualized, Matt Berninger y The National, todos representados explícita o implícitamente en «Norman Fucking Rockwell». Una historia que demuestra que esta América no es una patria ni una bandera, sino más bien una idea, una cultura. Que se tambalea. Que obliga a perder la esperanza entre regresión de los derechos, ascenso de la ultraderecha, persistencia del patriarcado, discriminación, racismo y desigualdad. “Hope is a dangerous thing for a woman like me to have…”, canta Lana para terminar el disco “… But I have it”. Es hora de tenerla» – Diego Rubio.

8 – Big Thief – Two Hands

«En “Two Hands” se pierde algo de ese hipnotismo ocultista de “U.F.O.F”. Ello no se ve recuperado por el apasionado desgarro con el que canta Adrianne Lenker, ya que la vocalista se muestra “más humana” que nunca. Y aunque esa humanidad si podría transmitir esa pasión y esa fogosidad que completase el telos del disco, Lenker se expone especialmente vulnerable y natural, con una pequeñez muy bella pero no siempre tan palpitante como antes de 2019. Mientras, sus letras, que se obsesionan con las manos, con el cuerpo de sus interlocutores, con unas descripciones cargadas de alegorías, rondan de forma elusiva temas de profundo calado. ‘The Toy’ y ‘Two Hands’ de Big Thief resultan otras dos de las canciones más destacadas del LP, que logra un conjunto más cohesivo (y más breve) que su predecesor, sin un impacto tan grande en momentos individuales; con la salvedad de la apisonadora ‘Not’, una canción de indie-rock de las que ya parece improbable firmar, y que Big Thief utilizan como perfecto conector entre los dos trabajos» – Miguel Pardo. Crítica de Two Hands.

7 – FKA Twigs – MAGDALENE

«“MAGDALENE” es una obra que fácilmente podrá recordar al “Vulnicura” de Björk. Su aire desazonado, su dramatismo vocal y su envoltura oscura y experimental emparejan una vez más a Barnett con la islandesa, con algunas reservas. El disco de FKA Twigs no es tanto un lamento hacia el amor perdido, como una narración desangelada de una sucesión de ‘catastróficas desdichas’ que le produjeron a su intérprete un absoluto bloqueo creativo. Desgraciadamente ese bloqueo no está presente exclusivamente como un recurso narrativo, sino que se hace notar en la casi total ausencia de melodías o momentos destacables en el disco; no hay demasiados instantes a los que uno le apetezca volver. Aunque esto podría ser también una señal de lo bien que Barnett ha plasmado la angustia y el sufrimiento que ha atravesado, nos sobran los ejemplos de artistas que han sido capaces de expresar su padecimiento con mayor contundencia (Angel Olsen, Mount Eerie, Sufjan Stevens, Antlers, incluso tal vez la propia Björk)» – Miguel Pardo. Crítica de MAGDALENE.

6 – Fontaines D.C – Dogrel

«Grian Chatten imprime el estilo con el hastío y dejadez de una voz identitaria. La reconoces de lejos con la facilidad con la que ves a Ian Curtis en sus manierismos. Fontaines DC no es una banda de punk al uso, como no lo fue IDLES, Shame o Eagulls. Ellos, además, pueden zanjar la discusión con una de esas baladas que marca la tradición: una tabernaria ‘Dublin City Sky‘ para acabar derramando jarras y abrazándonos todos con todos.Aunque no la toquen con el arpa, contiene casi la misma nostalgia que la clásica balada irish titulada The Foggy Dew (la citan en una estrofa de la canción). Hasta el último trago de la canción, Fontaines D.C. eructan orgullosos de haber compuesto un disco crítico y local, que no patriota. «Dogrel» es un trébol irlandés. Y de cuatro hojas» – Màrius Riba. Crítica de Dogrel.

5 – Tyler The Creator – IGOR

«De principio a fin, «IGOR» es un relato amoroso espontáneo, fogoso, es decir, real. Y para que nos llegue como él lo ha sentido, Tyler The Creator ya hace su propia propuesta en la introducción del álbum: «Ridin’ ‘round town, they gon’ feel this one«. En otras palabras, escucha este disco mientras conduzcas, o hagas lo que te venga en gana, pero hazlo de una forma subconsciente para notar el mismo impacto emocional (así lo sugería el rapero). Yo he hecho justo lo contrario, pero da igual. En realidad, ‘IGOR’S THEME‘, en la que por cierto Symere Woods (aka Lil Uzi Vert, otro rapero) y Solange participan sin ser acreditados, ya muestra fielmente un estilo de canciones cuya línea será adivinable, pero intensa e imprevisible desde el minuto 0. Compartirán su fondo impactante, a ratos dulce, a ratos, agrio, a ratos agridulce. «IGOR» es eso, una bomba latente. Un cubo de Rubik en constante rotación que en todo momento Tyler quiere ordenar, alinear» – Màrius Riba. Crítica de IGOR.

4 – Billie Eilish – WHEN WE ALL SLEEP, WHERE DO WE GO?

«Recapitulemos: con 14 años Billie Eilish y su hermano Finneas O’Connell graban “Ocean Eyes”, una balada melancólica y ensoñadora, que cala entre miles de adolescentes. La historia no es nueva. Nos recuerda al fenómeno que supuso “Pure Heroine” el debut de una Lorde de 16 años que tanteaba melodías más intimistas con un punto oscuro, e incluso a la primera era de Lana del Rey y su melancolía por bandera. Pero Billie Eilish va más allá y hace evidentes las diferencias, buscando atmósferas más oscuras, llegando a  un nuevo público que ya no conecta las dos primeras.

Tres años después Billie Eilish nos presenta su debut “When We All Fall Asleep Where Do We Go?’” un disco que se recrea en los sonidos y estética oscura, de monstruos bajo la cama y miedos latentes. Eilish encuentra sus señas de identidad en este particular universo, lúgubre y lleno de arañas, en el que canta a sus demonios y también a su propia generación» – Montse Galeano. Crítica de WHEN WE ALL FALL ASLEEP, WHERE DO WE GO?.

2 comentarios

  • Falta Cry de Cigarettes after Sex, grandísimo álbum.
    Y También Black Pumas y su álbum de Debut, homónimo.
    Un saludo

  • www︆︆.mrihani︆︆.︆︆c︆om – gran proyećto parra adultos que quieerren enćontrar parreja ppara tener seexxo

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