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Vuelvo a casa por Navidad

Llega la Navidad y todos los medios y fans de la música publican y comparten las listas con lo que para ellos ha sido lo mejor del 2012. Una batalla encarnizada se abre entonces sobre si tal disco merece estar en el puesto 3, ó 13, o cómo han ensalzado las revistas de turno un disco mediocre…Eso sí son batallas de puyas y comentarios agudos, y no lo que se vive en las sobremesas el 25 de diciembre. Por mi parte, vuelvo a casa, como el turrón en Navidad. Dejo Barcelona para volar a mi pequeña isla, Mallorca, el lugar al que uno siempre termina por regresar. Y la música se convierte en compañera fundamental de un viaje que esta vez tiene un aroma más amargo de lo habitual. Por primera vez, desde que oyéramos hablar de la crisis en 2008, las calles están más tristes de lo habitual. Si la Navidad es ya para muchos una época complicada, no quiero ni pensar en la que se nos avecina. Los ánimos están crispados, los ganas de muchos restan tiradas por el suelo. Las salas están medio vacías, las tiendas cuelgan carteles de 50% de descuento a dos semanas de las rebajas y la sensación de pesadumbrez e incertidumbre se vuelve incómodamente densa. Como si esta vez creyéramos que las cosas están mal de verdad. Y no hay para menos: este 2012 ha sido un año complicado, todos lo sabemos y no voy a hacer balance político ni resúmenes frívolos.

No sé si a estas alturas podemos creer en milagros navideños, aunque la música sí se convierte en bálsamo, una vía de escape cronometrada que nos permite aislarnos por unos minutos. No obra milagros, no, ya lo sabemos, pero las discusiones sobre si Tame Impala deberían ser los primeros o deberían serlo Chromatics, alegran los encuentros a media tarde. O escuchar Alabama Shakes mientras paseas por la calle con las manos semi congeladas, imaginándote tu propia película, banda sonora incluída. Y si os pasa como a mi, los mejores discos y canciones del año sirven para tomar aire, y enfrentarse a los bares de siempre, donde lo más cercano al rock es pinchar Duncan Dhu. ¡Lo que se hace por los amigos!

Lo mejor de las listas del año, no son las listas del año, si no la frenética actividad que se genera a su alrededor, que nos hace partícipes de algo más grande, llamadlo comunidad si queréis, o puñado de nerds enganchados al ordenador y Pitchfork-adictos. Detractores, amantes, ignorantes, apasionados, sabelotodos, siempre hay alguien que tiene algo que decir, aunque sólo sea: “tú y tus grupos raros, no conozco ninguno de esos nombres que dices. Te has vuelto una moderna de ciudad”. Modernos o no, sólo quería desearos unas Felices Fiestas y esperar que ya sea la música, la família, los amigos o las campanadas de Ramón García, os animen estas vacaciones. ¡Que el espíritu sea lo último que nos puedan machacar!