Phoebe Bridgers se rinde a Elliott Smith: “para mí, él es como The Beatles”

Situada justo en el eje del huracán promocional de su esperadísimo segundo disco de estudio (“Punisher“, 19 de junio), Phoebe Bridgers no deja pasar la oportunidad de aprovechar cualquier tipo de ocasión para reverenciar a algunos de sus ídolos musicales. A colación de una conversación mantenida con NPR (National Public Radio) por el 20 aniversario de “Figure 8”, la cantautora angelina ha confesado de donde procede su devoción por la música de Elliott Smith.

Para mí, él es como The Beatles” – expresa con admiración Phoebe justo antes de detallar cómo dio con el arte del creador de “Figure 8”. “Me encontraba en octavo curso. Mi amiga Carla Azar me mostró ‘Kiwi Mad Dog 20/20’ de “Roman Candle”. Es una pieza super rara para adentrarte en su música porque es instrumental. Poco después, otro amigo me descubrió ‘Waltz #2″, canción que aún a día de hoy continúa siendo mi favorita de su repertorio. Creo que ejemplifica bien su forma de componer. A partir de entonces profundicé”.

Fui a la tienda Amoeba de Los Ángeles y me hice con “New Moon” [recopilatorio de rarezas editado en 2007]” – aclara. “Pese a estar publicado póstumamente, adoro ese trabajo. En esa obra existen un montón de mierdas que aún nadie ha escuchado. Como eran fans del artista cuando estaba vivo, fueron y revisaron su legado tras su muerte. Recuerdo que me encontraba en un club de Los Ángeles cuando conocí a Conor Oberst. Toqué ‘Whatever (Folk Song In C)’, y a continuación mi tema ‘Motion Sickness’. Él se quedó como: “Guay, adoro esas dos últimas canciones”. Le contesté que había tocado una mía y una de Elliott Smith. Él me dijo “No es verdad. Esa no era una canción de Elliott Smith”. Por lo que, sí, mucha gente no ha follado con ese disco. Pero ese fue mi primero“.

Garden Song‘, ‘Killer’ o ‘Would You Rather’ son solo unas escasas muestras de que, aún bien asentados en este fatídico 2020, el halo fantasmagórico de Smith continúa envolviendo a la cautivadora voz de Bridgers. Ecos de nostalgia, y también de reverencia, tensan músculos en numerosos de sus aullidos nocturnos. Pura magia intergeneracional.

Fotografía: Lindsay Ellary (GQ)

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