Weinf: alma y cuerpo de la música

Igual he reescrito este texto siete veces. Sin salvar una mísera frase. Nada. Qué pasa, Màrius, se franco, carai. Igual de todo esto acabo sacando algo en claro: el disco de Weinf me conmueve. Quizá no sea para tanto (o sí), pero cuando leáis la biblia de su debut igual os pasa lo mismo. “Requiem for Myself” no anda en lo punzante, va en serio. Es el debut de Dani Ruiz en solitario, el que le ha devuelto el sentido por las cosas.

Hace unos años, Dani ya tocaba en una banda de tímidos universitarios (from Mataró) que respiraba rock naif, canalla, visceral y despreocupado como él en su adolescencia. En cambio, Weinf, su proyecto en solitario de ahora, es otra historia. Su sonido es envolvente, su voz, lejana, como si estuviera a punto de desvanecerse, sus melodías, algunas deprimentes, sus intenciones, inquietantes. Este disco “es como una despedida algo precipitada“, contaba, así que podéis intuir por donde va la cosa. Dani estuvo en jaque por la enfermedad del siglo XXI, un capítulo que afrontó con este álbum, vertebrado en el período más turbio y desalentador que podáis imaginar. Y no fue en vano. Su futuro como artista vislumbra horizontes.

Os hablaría de ‘Farewell‘ o ‘Memories‘ (esta con unas guitarras muy DeMarco) como temas destacados, pero la escucha entera del disco la merece. El álbum bebe de John Frusciante, The Doors o Julian Casablancas, algo que se nota mucho en temas como ‘The Claws of Death‘, gema donde las haya. Y quería ser breve y conciso, así que no voy a alargarme más. Ahí queda este brutal trabajo de música. Y más allá de eso, ahí queda un vivo ejemplo de la fuerza que tiene la música. Doy fe de ello.

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Similar a: Mac DeMarco

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