[Crónica] Jambinai en Barcelona (julio de 2014)

Resulta difícil relatar el concierto de Jambinai en Barcelona, pues fue cambiante. Comenzó con un trío de instrumentos acústicos que se alargó hasta bien entrado el concierto. De pronto salieron bajista y baterista y nos trajeron temas como ‘Time of Extinction’. ¿Cómo definirlos? Post rock con instrumentos folclóricos que a ratos invita a la reflexión, introspección y, a otras, explota e incita a desfogarse.

Lo cierto es que su música conduce e invita a perderse, pero es difícil desprenderse de la cargada maleta de pensamientos que llevamos y que van surgiendo. Escucharla es como un retiro de Vipassana, una lucha interna para no perder la atención. Se trata de no oponerse; su música invita a divagar, estimula, inspira.

A menudo cercana a una banda sonora por su carácter reiterativo, su música crea atmósferas cambiantes y poco clasificables. Podría tratarse de una lucha con nuestros demonios o bien de una película surcoreana de terror. Incluso Tyler Bates podría estar orgulloso puesto que a ratos poco le faltaba a Leónidas, rey de los espartanos, para salir y lanzarnos una estocada al son cuadrado del goliat. Y el bombo, una marcha acompañada por el misterioso son del komungo, un instrumento semejante a una cítara, y un haegeum (parecido al xiqin chino) con reverb.

Más tarde, la batalla entre lo tradicional y lo occidental daba paso a una parte calmada, dominada por los platos y un bajo que mantenía el son. Mientras se recreaban las cuerdas con sonidos poco habituales para nuestros oídos occidentales. Por último, el diálogo y la lucha ceden el protagonismo al “ruido”, componiendo una atmósfera surrealista.

El guitarrista, Ilwoo Lee, alternaba guitarra con piri, una flauta de bambú. A ratos cautivador como el canto de las sirenas o, mejor dicho, de las yubartas. Iba vestido con una camiseta de rayas blancas y azul marino, un atuendo muy acorde, que casaba muy bien con la temática marinera… y es que las sugerencias florecían en mi cabeza; algunas cómicas.

Lo cierto es que la propuesta no tiene nada de cómica, es seria y desbordante. Todos disfrutamos y quedamos expectantes de ver como se desarrollaría el tema al son del piri y de un bajo totalmente post punk; minimalista y protagonista. Todo un acierto. A ratos rompía para dejarnos a todos de pie, encantados, embrujados. Parecía que se iba a hacer largo, pero a medida que continuaba iba in crescendo.

Si no deslumbra la complejidad de la armonía , si que lo hacían las interpretaciones, sobre todo de Ki Bomi al cargo del haegeum. La introducción de su último tema “Connection” fue una dedicatoria a los que se habían quedado por el camino, pero también a aquellos presentes, un público al que premiaron de la mejor manera; con sus composiciones y su sonido.

¿Fallos? La pista de batería reverberizada y grandilocuente/trascendente en dos o tres de los temas, ‘Connection’ entre ellos. Teniendo un baterista y una batería no entendí el porqué. Dicen que no esperaban que pidiéramos una canción más después de haberse ido. Pero el público no tenía intención de abandonar la sala Apolo 2. Y no abofetearon con un tema potente, ¡un puente hacia el metal folclórico! ¡Sí señores! Plato-goliat-bombo por un tubo combinado con erráticas (hubiese dicho cromáticas si lo hubiéramos podido escuchar bien) solos como protagonistas de fondo.

¿El protagonista? La emoción, la atmósfera….post rock, sin duda. “Very good seafood, playa, sangría…”. “He tenido una muy buena primera impresión”. Un inglés muy oriental, como la inocencia que se percibía cuando hablaba Ilwoo Lee de la banda.

¿Próximas paradas? Sines, Barcelos, y Vigo.

Foto | Rosario López
Texto | Alejandro Vilela

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