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[Entrevista] Maria Arnal i Marcel Bagés: «Estamos siendo muy perezosos con nuestra forma de imaginar el apocalipsis»

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Maria Arnal i Marcel Bagés se postularon con su álbum debut como una voz a seguir en nuestro panorama musical, pero con «Clamor» dan el salto de lo local a lo cósmico, y firman el que sin duda será uno de los mejores discos del año. Hablamos con ellos de su nuevo trabajo, mística medieval, voces animales y astronómicas, inteligencia artificial y el fin del mundo.

¿Cuál fue la génesis de «Clamor»?

Maria: En 2017 presentamos «45 cerebros y un corazón», pero el disco recogía el trabajo de dos EP anteriores y temas que ya tocábamos en directo. Sentimos que acababa una etapa creativa muy intensa, y pensamos que si habíamos tardado tres años en tener un repertorio así y queríamos sacar otro álbum que fuera distinto teníamos que empezar ya. En aquel momento yo estaba en un limbo al final de una relación, y me pregunté cuántas veces vuelves a empezar de cero en esta vida. Pensé que esta era una emoción interesante como punto de partida, porque te pone en un lugar de mucha sensatez. Al cabo de unos días vi que se estrenaba una exposición titulada “Después del fin del mundo”, y que esto casaba perfectamente con la intuición que había tenido: un día se acaba el mundo, y al día siguiente te despiertas y ¿qué haces?

Conocía al comisario de la exposición, José Luís de Vicente, y le propuse a Marcel que fuésemos a verla con él. Nos interesó su planteamiento sobre finales en clave de crisis climática, y cómo esto se había expresado desde una vertiente artística y filosófica. Antes de empezar a cantar hice un máster de artes escénicas, y yo había hecho un trabajo sobre Rimini Protocol, que es un colectivo que justamente participaba en la expo, y vi muchas cosas que resonaban en común. Empecé a quedar con José Luís, al principio una vez al mes o así, para hacer un ping-pong de ideas, y porque me interesaba mucho tener para este disco a alguien con quien trabajar una base de conceptos e historias, imaginando juntos, y a partir de ahí ir escribiendo letras.

Pero luego llegó 2018 y lo paró todo. Tuvimos muchos conciertos, y cuando no los teníamos había que descansar. Cuando acabó la gira me tomé un par de meses, y luego nos reencontramos y nos preguntamos en qué nos apetecía trabajar. Nos situamos sónicamente sobre todo en ir por la parte rítmica, que era un aspecto que en el primer disco no habíamos trabajado mucho, solo en ‘Tú que vienes’, que abría una puerta que nos apetecía continuar explorando. Por otra parte, queríamos que la voz solista se convertiese en una voz hipercoral. Estas fueron las dos intuiciones, yo empecé a aprender a usar Ableton, luego pasé mucho tiempo en Atenas, y fuimos trabajando de maneras diferentes hasta la última etapa, en la que ya hemos estado trabajando muy en serio con David [Soler]. Ha habido muchas etapas.

Marcel: Dos años dan para mucho.

Maria: Ya, pero en realidad es lo que se tarda en hacer un disco, ¿no?

Marcel: También creo que a nivel sónico… no es que no nos interese, pero seguramente hemos abandonado un poco la práctica de coger una guitarra y empezar a cantar por circunstancias varias. Nos hemos centrado mucho más el trabajo de ordenador, de edición de los sonidos. Es algo que no había pensado hasta ahora, pero por ejemplo a nivel de guitarras, cada vez me ha ido intersando más el trabajo de grabarlas en el local y manipularlas. María por su parte ha hecho lo mismo con las voces, y entonces el método de trabajo ha cambiado drásticamente.

A la hora de crear una canción, este es un trabajo mucho menos inmediato.

Marcel: Mucho menos.

Maria: Mucho menos, pero esto permite que la canción pase por lugares que son también mucho menos previsibles, y creo que más singulares. Cada una de las canciones tiene su historia y su parto…

Marcel: Hemos tenido oncillizos.

[Risas]

Es un disco que es muy adecuado para el momento en el que ha salido, aunque venga de mucho antes.

Maria: Las emociones en las que se centra el disco resuenan mucho con este momento, y esto sí que era totalmente imprevisible, pero también es verdad que estamos aún en una crisis climática, y que muchas de las emociones que se despiertan con ella se pueden recuperar de nuestra vida cotidiana emocional: pérdidas, principios, crisis. En este sentido sí que era una intención que el disco resonara con esto, no con la pandemia pero sí como: «eh, estamos siendo muy perezosos con nuestra forma de imaginar el apocalipsis». Necesitamos nuevas metáforas, nuevos mitos, más empatía y otras emociones que nos hagan comportar de forma distinta.

Necesitamos nuevos mitos, pero también partís de referencias muy antiguas. Vi en tu instagram que hablabas de Hildegard von Bingem.

Maria: Estoy enamorada de esta mujer, es muy fuerte. Cuando empiezas a hacer cosas en las que realmente crees, al final hablas de las cosas que te emocionan. Es que esta mujer era muy heavy. La llamaban la Sibila del Rin. Me gusta la figura de la sibila porque es muy poderosa, y sostiene en sus manos algo que es la revelación. Hice la adaptación de la letra del Cant de la Sibil·la con Eduard Escoffet, que es poeta y performer y también es el revitalizador de la Sibil·la en la misa del gallo en Santa Maria del Pi, y lo que queríamos hacer es quitar todas las trazas humanas. La versión que hay traducida, como por ejemplo la de María del Mar [Bonet], es muy moralista y eclesiástica, y lo que queríamos eran paisajes que se transformaran muy violentamente, pero prácticamente tratarlo desde el punto de la metáfora, de determinados órdenes establecidos que caen y hay esta revelación. Aquí sí que hay algo de la pandemia, ¿no? Que nos ha puesto a todos en un lugar de derribar muros.

¿Cómo fue trabajar con Holly Herndon en esto?

María: Genial, muy divertido. Holly es muy lista, trabajadora y perfeccionista. Ella tenía claro que su visión era una sibila rodeada de cabras, entonces fuimos a Ripoll y a Badalona a buscar un rebaño, y me pasé dos días cantando en medio de todos estos ruidos. Esto está todo grabado, lo tendremos que compartir algún día. Además lo grabamos en cine, porque sabíamos que era importante. Hicimos un grupo de sibilistas con Eduard, con José Luís, Nora Haddad, Alba Cros que lo filmó. Y nada, pues cantando por el bosque, mientras caminaba por el barro me ponían el micro en los pies para que en la mezcla ese sonido estuviera mucho más presente. O también en medio de un río, y la presión del agua era tan fuerte que solo se me oía un hilillo de voz y daba un efecto muy interesante. Estuvimos experimentando con los exteriores, y luego había las cabras, que estaban todo el rato comiendo hinojo, y olía muchísimo a hinojo. Además, muchas estaban embarazadas, y se ve que luego la leche que dan sabe a hinojo.

Marcel: Hubiéramos podido poner una gota.

Maria: Estaban ahí mordiendo hinojo como locas, y a ver, no se oye tanto, se oyen más los cencerros, pero ese rumiar era muy divertido, y yo por ahí cantando… fue muy guay.

A nivel musical, ¿qué otras herramientas han sido fundamentales?

Marcel: Hay bastante de todo, somos muy curiosos y hemos invertido en mucho material. Lo primero fue hacer acopio de cajas de ritmos y sintetizadores. A nivel guitarras, hay mucha cosa grabada en el local. El estudio principal en el que hemos hecho la mayoría de voces es Aclam, pero mucho del material es de un local que alquilamos y que durante la pandemia se perdió… Ha sido duro. Ha habido mucho trabajo de puzzle y de orfebrería, y estamos muy contentos porque siempre pensábamos que lo que íbamos generando en el local acabaría siendo sustituido por algo que grabaríamos mejor, pero nos dimos cuenta de que cuando haces un proceso de estos tan largos, y grabas aunque sea en condiciones no tan perfectas pero dedicándole tiempo, al final prevalece.

Ahora que habéis pasado de ser un dúo a incorporar a más gente en el escenario y en colaboraciones, os planteáis seguir trabajando en esta línea?

Maria: El disco ya tenía la ambición de abrirse a lo imprevisible y salir del espacio cómodo en el que estábamos, ponernos un poco en jaque. Con David hemos trabajado a tope, la estructura básica seríamos tres en el escenario, y para los estrenos estamos con Tarta Relena porque queríamos que en directo el elemento de las voces fuera realmente cantado y no lanzando una grabación. Ahora estamos también valorando más formatos posibles para cuando el bolo esté más madurado tener otras opciones, por ejemplo tener más elementos de voz.

Marcel: Es que el elemento vocal es muy clave en este disco. En el pasado habíamos ido más por la línea de que una guitarra puede hacer unos acordes y acompañar pero también está llena de reverses y pequeños recursos que van orquestando la canción, y ahora teníamos muy claro que queríamos que esto también pasara con las voces. Hemos grabado millones de voces.

María: No se han puesto todas, eh.

Marce: No, tendríamos que hacer un… no cabría el ancho de banda.

[risas]

Maria: Madre mía, había tramos con igual cien pistas de voz diferentes… En el directo hay toda una potencia que depende de los recursos que vayamos valorando, y con el covid y todo, pues vamos improvisando. Ahora tenemos este formato, funciona muy bien, está bien rodado. En un momento dado podremos trabajar trío, una cosa más pequeña pero también bonita, con las voces procesadas pero diferentes al disco… Seguir experimentando, porque el trabajo está hecho y ahora a nivel de equipo vamos con más agilidad. Antes de sacar el disco supongo que estábamos más inseguros, y con las Tarta estamos muy bien. Más que hacerlo más grande, se trata de la agilidad de ir haciéndolo diferente.

Imagino que para vosotros también es mejor tener opciones para no hacer siempre lo mismo.

María: Sí, es más divertido, y hace que las canciones estén vivas. Si tu les das vida cambian mucho y es bonito. Y en directo entramos justamente en esta energía fantasiosa e imaginativa que tiene el disco, ir a lo imprevisible.

¿Cómo estáis viviendo los directos? Os quiero confesar que en el Teatre Joventut fuimos dos y nos pegamos un hartón de llorar, en plan bien. En pandemia he visto conciertos de bandas que me encantan y me he quedado muy frío, pero algo de la temática de este disco, en combinación con la situación rarísima de la distancia física y la mascarilla, generó un aire de ritual muy intenso.

María: No es una situación nada fácil de entrada, y si piensas en cómo solía ser la manera de relacionarte con el público siempre tienes una sensación de frialdad. No puedes comparar con las cartas que había antes, sino jugar con las que tienes ahora. Este es el primer punto de partida, que ya es un reto. Pero dentro de este reto hay una cosa que hasta ahora ha pasado, que es que nadie conocía el repertorio del disco, y puede que en ese momento desde el público y entre nosotros, que vamos rodados pero tampoco estamos súper seguros en ciertos aspectos, también ha podido hacer que a veces tuviéramos la sensación de que las canciones no llegaban como queríamos. Yo a nivel de comunicar con el público aún estoy experimentando, viendo qué cosas funcionan y cuáles no. Al principio por ejemplo me forzaba a no hacer intervenciones ni explicar nada, ahora he vuelto a explicar algunas cosas y voy encontrando cositas, hay que ir puliendo, pero eso sí, es ensayo error hasta encontrar el tono. A partir de ahora será más fácil creo, porque la gente conocerá el disco y sabrá qué historias hay detrás.

Marcel: Me sorprende mucho tu respuesta. Quizá lo vivimos diferente cada uno, yo realmente he alucinado bastante de conciertos en los que el público no conocía el 70-80% del repertorio, arranques un tema y la gente se ponga a aplaudir. Es muy sorprendente.

Tocáis mucho la emoción.

Marcel: Es un concierto intenso.

Maria: Creo que es muy bonito que en un momento en el que ya no sabemos lo que significa estar juntos, en el que mucha gente lo ha pasado muy mal, o igual otros no lo han pasado mal pero les están pasando cosas muy fuertes, o les han pasado, o uno tiene una resaca emocional que no sabe identificar, esta cosa removida que tenemos dentro, más la incertidumbre de todo, haya un bolo que es un espacio sagrado donde no recordar esto sino inventárnoslo de nuevo. Lo que te decía de las cartas que son ahora… También estamos encantados de que se estén agotando las entradas allá donde vamos, cuando la situación és más bien de hostilidad, porque a nadie le gusta ser público con mascarilla, y después porque también hay mucha desconfianza, aunque injustificada, hacia este tipo de actividades. Nos sentimos muy afortunados porque el público se lo está currando.

Pura curiosidad: sé que vosotros sois fans de Arca, y no sé si os habéis planteado abordar el directo alguna vez como lo hace ella.

Marcel: Es una super performer. Creo que jugamos con otro tipo de cartas. Somos muy fans, pero…

María: Es otro discurso, ella juega mucho con la improvisación con distintos elementos, y se pone en un espacio de mucha tensión. En nuestro caso sí que hay una dirección escénica que se va de la estética del concierto de música a un planteamiento más escénico, hay unas luces que ayudan a explicar las historias del disco, hay unos movimientos y un vestuario, pero no se improvisa demasiado y las canciones ya son lo que son.

Marcel: Ella es un genio de la música, pero sobre el escenario se centra más en la performance.

María: Es artista. Son discursos diferentes, pero es super inspiradora. Ahí hay una libertad…

Tras hacer una investigación temática y trabajarla, las tesis que se plantean en «Clamor» son ahora vuestra bandera o se quedan en el contexto del disco?

María: No no, eso es imposible. Tienen que ser cosas que te transformen, si no no tiene sentido. Tu piensa que llevamos dos años pensando todos los días en cada ruidito que hay en cada milímetro de este dibujo o de este paisaje. Te lo tienes que creer a muerte, porque si no no lo explicas. No es como un disfraz de ahora haremos esto y luego nos lo quitaremos: entras totalmente y es algo que te transforma. No sé, yo no lo podría defender si no lo creyese a tope.

Sin ir mas lejos, el primer tema del disco se llama ‘Milagro’. ¿Entramos en el terreno de la fe?

María: La fe, la imaginación, la confianza…

De la fe, quiero decir, en esas tesis.

María: Exacto, de creer totalmente.

¿Cómo se puede hacer si no una revolución?

María: Es esto, pensar incluso si tiene sentido una revolución. Abrir los límites y expandir los conceptos y las palabras. Es un disco que también habla sobre las historias que nos explicamos y de la necesidad de construir otras nuevas. Y en este sentido, por ejemplo, a nivel de referencias hay mucho de Laurie Anderson, de Donna Haraway, con todo su mundo de las metáforas y cómo se explica la creación de nuevos mitos, como su mito del cyborg. Hay mucho esta cosa del cuento, de la historia fantasiosa.

¿Es un disco, aunque parezca contraintuitivo, más político que el anterior?

María: No diría que mucho más, pero sí lo es de manera diferente. Aquí se habla de una política de las curas, es un disco muy feminista. La pregunta es qué es cuidar, cómo nos cuidamos entre nosotras, cómo lo hacemos en un momento de cambio en que las cosas que nos sostenían ya no nos sostienen. Las curas nos sostienen. Cuando nos sentimos vulnerables necesitamos que nos cuiden, y cómo cuidamos nosotros todo aquello que es vulnerable.

En el disco también hacéis referencias a Timothy Morton. Estuve leyendo sobre los hiperobjetos y me pareció muy interesante. ¿De ahí a la hiperutopía?

María: ¿Y sabes de dónde vienen los hiperobjetos? ¡De la Hyperballad de Björk! El disco está lleno de ideas, y habrá quien las pillará y habrá quién no, pero es divertido. Es una persona muy carismática, con un pensamiento original y muy inspirador, y me hace gracia entrar en la metareferencia. Yo me he estudiado todos los discos de Björk, es una gran referencia para clamor.

Es de agradecer que no escondáis vuestras referencias. Hay un perfil opuesto de artistas recelosos que ocultan las cosas en sus obras, y me ha gustado como espectador poderme acercar a vuestro disco de una manera tan transparente. Que digáis mira, hay esta expo del CCCB, hemos leído esto, nos ha interesado lo otro… Habéis puesto hasta a Tarkovski en los créditos del disco, ¿de donde sale eso?

María: En ‘Ventura’ hay una frase de ‘El espejo’, que no es mi peli favorita de él, pero tiene un momento en que una voz en off dice “até mi destino a la silla de montar”, y mientras la veía pensé jolín qué imagen más increíble, y al final me la copié, básicamente, cambiando destino por camino.

¿Qué hay de los samples?

Maria: Los archivos siempre han estado muy presentes en nuestra música. He aprendido mucho de las voces grabadas por Alan Lomax, me fascinan. En este disco no queríamos dejar esto atrás sino abrir los archivos a otras voces: dentro de la ficción, todo sonido puede ser una voz, ¿no? Así que buscamos quiénes son estos Alan Lomax que en lugar de enamorarse de voces humanas se han enamorado de las voces de otras formas de vida. ¡Y hay muchísimos! Por ejemplo en Hiperutopía hay voces de ballenas del archivo de la BBC.

Marcel: También hay un jilguero.

Maria: Hay el loro Alex. Esto no sé si lo sabrás…

Justo os quería preguntar por él.

Maria: ¡Es el de verdad! Es el loro Alex. Mira, ‘El gran silencio’ es una letra super críptica que está pensada para que puedas acompañarla con un relato de ficción de Ted Chiang que también se llama “El gran silencio”. Léete la historia, que es preciosa, y le encontrarás el sentido a la canción. Al final, sale una voz que dice: “you be good, I love you, brrrrr”, y es un loro quien lo dice. La canción está escrita desde el punto de vista de ese loro, igual que la historia. A estas cosas no se llega en una primera escucha [risas]. Hay muchas otras voces.

Marcel: Las cabras, el río…

Maria: Spawn, que es la inteligencia artificial de Holly. Y el meteorito, que es una lágrima de San Lorenzo recogida por un señor llamado Thomas Ashcraft, que plantaba unas antenas enormes. Hay una foto preciosa… [coge su teléfono, la busca y nos la enseña] Creo que me voy a hacer un poster de esto. Él captaba con ondas de radio el sonido de cuerpos celestes, y la que usamos en el disco es una lágrima de San Lorenzo, que la tenemos y si algún día hacemos un vídeo la pondremos. Me encanta porque la volví a escuchar hace poco, y automáticamente oía ya la canción. Tal como está hecho a nivel de dramaturgia, tu tienes este sonido, que se transforma en una voz procesada que poco a poco vas entendiendo, como cuando estás aprendiendo un idioma y al principio no entiendes nada, luego distingues la separación de las palabras… Así, vamos entrando gradualmente dentro del meteorito, lo podemos entender y nos sentimos vulnerables con él.

La foto de Thomas Ashcraft

Este diálogo que hacéis con todos los entes del disco es una maravilla.

Maria: También hay mucho de “Canto jo i la muntanya balla”. Hice una cosa con Irene Solà en octubre, y pensé hostia que heavy que estemos en un lugar tan similar en este sentido. Hay una misma línea de energía en como entramos en diferentes elementos de un paisaje a través de su punto de vista, y entendemos cómo todo se relaciona con todo.

Ya que mencionabas a Spawn, no querría terminar sin hablar de inteligencia artificial.

Maria: Lo guay es que está en contacto con la Sibil·la, que es la canción más antigua y queríamos que la contribución al tema tradicional fuese muy visionario también en la forma.

Hildegard von Bingen creó la Lingua Ignota para hablar la lengua de los ángeles, y ahora se trabaja en los códigos de la inteligencia artificial, todo lenguajes que tenemos que inventar para materializar lo desconocido. Es esa la clave para el cambio de paradigma que propone Clamor, o éste pasa por volver a nuestros orígenes?

María: Yo creo que son las dos, ¿no? El cyborg de Donna Haraway explica un poco este lugar, mira de hecho la imagen mítica. Es la Sibil·la, fiera de mí… Me encanta.

El cyborg de Donna Haraway

Fotografías: Alex Rademakers

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